Tu ego ha tomado más decisiones de negocio que tú. Y se nota en los resultados.

El ego del emprendedor no suena como arrogancia. Suena como intuición, como visión, como no necesito consejos. Pero cuesta lo mismo que la arrogancia.

Nadie cree que tiene ego de emprendedor.

El que tiene ego piensa que tiene visión. El que tiene ego cree que tiene confianza en su producto. El que tiene ego está convencido de que simplemente sabe más que los demás sobre su sector.

Puede ser. Pero también puede ser que lleves dos años negándote a escuchar feedback porque en el fondo tienes miedo de que el feedback tenga razón.

Yo tardé mucho en distinguir las dos cosas. Y la diferencia estaba en lo que hacía cuando alguien me decía que algo no funcionaba.

¿Cuándo tu intuición se convierte en ego?

La intuición es útil. El emprendedor con años de experiencia tiene patrones reconocibles que los datos tardan en mostrar. Eso es real.

Pero la intuición dice "esto me parece que no funciona, voy a comprobarlo". El ego dice "esto funciona porque yo lo he diseñado y si no te gusta es que no lo entiendes".

La diferencia no está en el tono. A veces el ego suena muy calmado. Suena a "mira, yo llevo mucho tiempo en esto y sé que el mercado no está preparado para esto todavía". Muy sereno. Muy seguro. Y completamente desconectado de lo que el mercado te está diciendo en la cara.

El ego tiene una función. Te protege del desánimo. Te da energía para seguir cuando todo va mal. Pero cuando empieza a filtrar la información que te llega, se convierte en el problema más caro que tienes.

¿Qué decisiones de negocio ha tomado tu ego sin que te dieras cuenta?

La que más duele reconocer: seguir con un producto que no vendía porque lo habías diseñado tú. No porque los datos dijeran que tenía futuro. Sino porque tirarlo a la basura significaba admitir que te habías equivocado.

Matar el producto que amas

También la de contratar. El ego no delega bien. Delega las partes que considera inferiores y retiene el control de las partes que considera estratégicas. El resultado es que no escalas porque tú eres el cuello de botella, pero te cuesta admitirlo porque eso significaría que no eres tan imprescindible como crees.

Y la del precio. Hay emprendedores que suben el precio porque los datos dicen que el mercado lo acepta. Y hay emprendedores que bajan el precio porque alguien importante no validó el precio alto y su ego no soportó esa fricción.

¿Cómo sabe tu ego más que tú sobre lo que te frena?

En cerebros con TDAH, el ego tiene una función extra. Compensa la narrativa interna de "eres un desastre". Si toda tu vida te han dicho que eres inconsistente, impulsivo y poco fiable, necesitas construir una narrativa contraria muy fuerte.

El problema es que esa narrativa se convierte en armadura. Y la armadura no distingue entre los golpes que te hacen daño y el feedback que te hace mejor.

El antídoto no es destruir la confianza en ti mismo. Es añadir un filtro. ¿Esta resistencia que siento viene de datos o viene de orgullo? ¿Estoy defendiendo una posición porque tengo evidencia o porque rendirme me parece una derrota?

Si emprender con TDAH ya implica gestionar un cerebro que no funciona de forma lineal, añadir el ego encima convierte cada decisión en un campo de minas emocional.

¿Qué pasa cuando decides dejar de ser el más listo de la sala?

Las cosas mejoran. No de forma inmediata, porque rendirse al ego tiene su propia curva de aprendizaje. Pero empiezas a escuchar cosas que antes bloqueabas. Empiezas a cambiar cosas que antes no podías tocar.

Y descubres que tu negocio es mejor cuando tú no eres el único árbitro de lo que funciona.

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