La mentira del éxito a los 30: por qué abrazar tu mediocridad cambia todo

A los 20 ibas a comerte el mundo. A los 30 descubres que lo que querías era tranquilidad. La diferencia entre expectativa y elección consciente.

Llevo unos días tragándome un trend en TikTok que me está dejando tocado.

Dice algo así: "no te enamoras de una ciudad, sino de la versión de ti que sientes que puedes ser en ese sitio."

Y cada vez que lo veo pienso lo mismo. Pues sí. Sí, es eso exactamente.

¿Por qué tus 20 te hicieron creer que ibas a comerte el mundo?

Cuando tienes TDAH y esta cabeza que vuela tanto, pasa una cosa rara. Tu imaginación va tan rápido que en cualquier momento te ves construyendo el próximo Google, siendo la referencia de tu sector, cambiándole la vida a un millón de personas.

Te lo crees.

No lo digo como crítica. Lo digo porque yo lo hice. Durante toda mi veintena me compré la película de que iba a llegar "muy bestia" en la vida. Delirios de grandeza en estado puro. Que si el gran proyecto. Que si la marca que lo petaría. Que si en tres años viviría en no sé qué sitio haciendo no sé qué cosa gigantesca.

Y oye, que está bien soñar. No voy a ser yo el que te diga que apuntes bajo. Pero hay un problema con vivir desde ahí: confundes la ambición con la obligación. Crees que tienes que ser "alguien" porque tu cerebro te ha vendido que eso es lo que toca. Y entonces cada paso que das no es una elección, es un peaje.

Lo que nadie te cuenta de los 30

A los 30 empiezan a pasar cosas.

Tus amigos se casan. Tienen hijos. Compran pisos. Tú miras alrededor y piensas "yo no sé ni qué narices quiero hacer con mi vida". Hace unos meses se casó uno de mis mejores amigos. Y me acuerdo de estar hablando con otro colega diciéndole: "tío, estamos en esa edad en la que todo el mundo te dice que se te pasa el arroz y yo sigo sin tener ni idea de nada."

La gente te empieza a preguntar. Con cariño, eh. Pero te pregunta. "Y tú, ¿qué? ¿Para cuándo?" Y tú por dentro: "pues cuando llegue, supongo." Pero no lo tienes claro. No lo tienes claro porque todo lo que creías que ibas a querer con 30 no lo quieres.

Y ahí llega el momento en el que dejas de acordarte de Leo DiCaprio conquistando el mundo y te acuerdas de Álvaro en la piscina de Teruel diciéndote que la tranquilidad es lo que más se busca.

Y piensas. Pues sí.

Pues sí que era eso.

¿Qué significa abrazar tu mediocridad (sin conformarte)?

Ojo con esto, que es importante.

Cuando digo abrazar tu mediocridad no estoy diciendo conformarte con cualquier cosa. No es "renuncia a tus sueños y resígnate a una vida gris". Es lo contrario. Es empezar a ser realista sobre dónde eres capaz de llegar Y sobre dónde quieres de verdad llegar. Que son dos cosas distintas.

Porque hay una diferencia brutal entre lo que tu cerebro TDAH te pinta con delirios de grandeza y lo que tú, tranquilito, en un día normal, te das cuenta de que te hace feliz.

A lo mejor no es facturar siete cifras.

A lo mejor es poder levantarte sin alarma, trabajar en algo que te importa, comer con tranquilidad, pasear al perro, construir una vida con alguien, tener una tarde sin tener que demostrar nada a nadie. Y si eso es "mediocre" según los estándares del LinkedIn medio, pues mira, soy mediocre. Lo firmo.

Es un tema que se cruza mucho con el timeline de éxito que te inventaste. Aquella fecha que te pusiste con 23 diciendo "a los 30 tendré X". La fecha llegó. X no llegó. Y ahora qué.

Pues ahora, igual, revisas la lista.

Elección vs expectativa: la palabra que me cambió todo

Mucha gente me pregunta por qué elegí Wrocław para vivir. En Polonia. De todos los sitios del mundo.

Y te soy sincero. Hasta hace poco no sabía contestar bien. Decía cosas como "pues por las oportunidades", "porque me gusta la ciudad", "porque hice amigos aquí". Todo verdad. Pero nada era la respuesta real.

La respuesta real cabe en una palabra.

Elección.

Toda mi vida había hecho lo que tocaba hacer. La carrera que tocaba. El trabajo que tocaba. Vivir en los sitios en los que tocaba vivir. Y no me arrepiento de nada. Pero mirando hacia atrás, casi todas esas decisiones eran reactivas. Estaba ahí más porque tenía que estar que porque hubiera elegido estar.

Sí, vale, técnicamente siempre elegía yo. Nadie me ponía una pistola. Pero hay una diferencia entre "elegir porque era lo que se esperaba de mí" y "elegir porque yo, consciente, quiero esto". Cuando lo piensas bien te das cuenta de que el 90% de tu vida la has construido en modo expectativa. No en modo elección.

Aquí, en Wrocław, por primera vez sentí que estaba eligiendo. Que construyo lo que construyo porque me da la gana. No porque tenga que llegar a ningún sitio concreto. No porque si no cumplo X en Y años soy un fracaso. Simplemente porque lo elijo.

Y la carga mental que te quita eso es una bestialidad.

Por qué esto le pega de lleno al emprendedor TDAH

Si estás emprendiendo con TDAH, esto es muy tuyo.

Porque tu cerebro es una máquina de fabricar expectativas imposibles. Ves a alguien triunfando y ya tu cabeza te dice "tú también, y en la mitad de tiempo". Abres LinkedIn y te comparas con todo el mundo y sales con la sensación de que estás quedándote atrás. Te montas una película del emprendedor que deberías ser y la realidad no encaja ni de lejos.

Y entonces aparece el vacío. Ese vacío raro después de un éxito que nadie te avisó que iba a llegar. O peor. Ese vacío constante de sentir que vas corriendo detrás de una versión de ti que no existe.

El truco, si es que hay truco, es parar.

Parar y preguntarte: ¿esto lo quiero yo o lo quiero porque toca? ¿Este producto lo lanzo porque lo elijo o porque todo el mundo me dice que debería lanzarlo? ¿Vivo donde vivo porque es mi sitio o porque es el sitio que encajaba con la foto que me imaginé con 24?

Las respuestas incomodan. Pero son liberadoras que te cagas.

Porque si prefieres el formato vídeo lo tienes aquí, que este tema lo cuento mejor hablando que escribiendo.

Te vas a equivocar y está bien

Elegir implica equivocarse.

Significa que a lo mejor lo que eliges no sale como pensabas. Que te mudas a una ciudad y te arrepientes. Que montas un negocio y no funciona. Que apuestas por una vida concreta y resulta que no era. Puede pasar.

Pero cuando eliges conscientemente, incluso cuando te equivocas, te equivocas tú. No te equivoca el destino. No te equivoca la expectativa de tus padres. No te equivoca la presión del entorno. Te equivocas tú. Y eso, aunque duela, se vive diferente.

Yo no sé si dentro de 10 años seguiré aquí. Si lo que estoy construyendo va a llegar a mucho o a poco. No lo sé. Pero sé que esté donde esté, habré estado porque lo elegí.

Y el día que llegue a viejo y me pregunte si he vivido bien, si he vivido según mis principios, si me he querido incluso a mí mismo, creo que la respuesta va a ser un sí rotundo. No porque todo saliera perfecto. Sino porque fui yo el que lo eligió.

Si llevas semanas dándole vueltas a si lo que haces lo haces porque toca o porque lo eliges de verdad, tengo un test que te puede ayudar a ver el tipo de emprendedor que eres por dentro.

Hacer el test del emprendedor

Relacionado

Sigue leyendo