Productizar tu servicio cuando tienes TDAH
Convertir un servicio en producto es la forma de dejar de intercambiar tiempo por dinero. Pero con TDAH el proceso tiene trampas específicas que nadie te.
Hay un momento en la vida de casi todo emprendedor de servicios en que alguien le dice "deberías productizar". Y ese alguien tiene razón. Y el emprendedor lo intenta. Y falla. Y no entiende por qué.
Productizar un servicio significa convertir algo que haces de forma personalizada para cada cliente en algo estandarizado que cualquier cliente puede comprar sin que tengas que estar tú ahí. En teoría es simple. En práctica, con TDAH, es un campo minado.
¿Por qué productizar parece fácil y no lo es?
Porque cuando ofreces un servicio personalizado, cada cliente es diferente. Y tu cerebro con TDAH ama esa variedad. Ama adaptarse, improvisar, resolver el problema específico de cada persona. Es estimulante. Es donde te sientes vivo.
Productizar significa eliminar esa variedad. Significa crear un proceso que sea siempre el mismo, con los mismos pasos, el mismo resultado esperable. Y eso, para un cerebro hecho para el caos y la novedad, suena a aburrimiento mortal.
Así que empiezas a productizar y a mitad de camino el proceso ya tiene doce excepciones, cuatro versiones distintas y básicamente has recreado el servicio personalizado con otro nombre.
He pasado por esto. Tienes un servicio que funciona bien. Lo intentas empaquetar. Pero como cada cliente es distinto, vas añadiendo variantes. "Si el cliente tiene X necesita la versión A. Si tiene Y necesita la versión B." Y cuando te quieres dar cuenta tienes un producto que en realidad no es un producto sino un árbol de decisión disfrazado.
¿Qué es realmente un producto?
Un producto es algo que existe aunque tú no estés. Que el cliente puede usar sin llamarte. Que tiene un principio y un fin claros. Que resuelve un problema concreto para un cliente concreto.
El test más directo: ¿puede un cliente comprarlo un sábado a las 11 de la noche y saber exactamente qué va a recibir? Si la respuesta es no, todavía no tienes un producto. Tienes una promesa.
Para productizar de verdad necesitas primero aceptar que el producto va a ser peor que tu servicio personalizado en al menos un sentido. Va a ser menos adaptado. Va a tener menos matices. Va a encajar perfectamente en el ochenta por ciento de los casos y regular en el veinte restante.
Y eso está bien. El producto no es para todos. Es para los que encajan en ese ochenta por ciento.
¿Cómo productizar sin morir en el intento con TDAH?
La clave es documentar mientras haces. No después de haber hecho. Porque si lo dejas para después, no lo haces nunca. Tu cerebro ya está en el siguiente proyecto.
Cada vez que realizas el servicio, tomas nota de los pasos. No de forma perfecta. Solo de los pasos. Después de cinco o seis clientes, buscas el patrón. Qué hiciste siempre igual. Qué cambiaste según el cliente. Las cosas que hiciste siempre igual son el producto. Las que cambiaste son las excepciones que, de momento, no incluyes.
Esto conecta directamente con el post sobre cómo el proceso te salva cuando estás mal. El proceso documentado no es burocracia. Es el esqueleto que te permite replicar sin tener que pensar desde cero cada vez.
El error más común es intentar documentar el proceso perfecto antes de tener un proceso real. Primero hazlo. Luego documéntalo. Nunca al revés.
¿Cuándo tiene sentido productizar y cuándo no?
Productizar tiene sentido cuando el problema que resuelves es suficientemente común y suficientemente parecido entre clientes. Si cada cliente tiene un problema genuinamente único, la productización solo produce frustración.
Tiene sentido también cuando ya no puedes escalar más horas. Cuando estás al límite de tu capacidad y la única forma de ganar más sin trabajar más es vender el mismo trabajo varias veces.
No tiene sentido cuando tu ventaja competitiva es exactamente la personalización. Cuando los clientes te pagan más porque tú haces cosas que una solución estándar no puede hacer. En ese caso, productizar es igualar tu precio con el mercado sin ninguna razón para que te elijan a ti.
Antes de productizar, vale la pena entender bien cuál es tu modelo real y hacia dónde te lleva. Como en el post sobre emprender con TDAH y el deporte de riesgo que supone, la decisión de productizar no es técnica. Es estratégica.
¿Tu TDAH está saboteando tu negocio? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y sabes dónde se te escapa el dinero.
Sigue leyendo
Monté una empresa a los 22 y no podía ni pagar un café
Monté mi primera empresa de software a los 22. Fracasé. No podía pagar ni un desayuno. Esta es la historia que no cuento en LinkedIn.
Confiar demasiado rápido en alguien y lo que te cuesta
El emprendedor con TDAH da confianza plena desde el primer día. Es una fortaleza y un desastre. Aprender dónde está el límite te evita los errores más.
Dices que sí a todo porque decir que no te genera más culpa que el burnout
Cada sí que das por culpa te aleja de lo que importa. El TDAH convierte el no en una tortura emocional que te cuesta dinero y salud.
Cómo vender si eres introvertido y tienes TDAH
Vender siendo introvertido con TDAH parece imposible. No lo es. Pero requiere un enfoque completamente diferente al que se enseña en los cursos de ventas.