Confiar demasiado rápido en alguien y lo que te cuesta

El emprendedor con TDAH da confianza plena desde el primer día. Es una fortaleza y un desastre. Aprender dónde está el límite te evita los errores más.

Hay una velocidad a la que conozco a alguien y ya le estoy contando el plan entero.

La estrategia, los números, los proyectos futuros, los problemas actuales. Todo. En la primera reunión. Con alguien que lleva 45 minutos en mi vida. Y lo hago con la convicción genuina de que esto va a ser una relación larga y fructífera y que empezar con transparencia total es lo correcto.

A veces tengo razón. Muchas veces no.

¿Por qué los emprendedores con TDAH confían tan rápido?

Porque el TDAH viene, en muchos casos, con hipersensibilidad social y con una forma de conectar muy rápida e intensa.

Cuando conoces a alguien y hay química, el cerebro activa todo de golpe. La dopamina de la novedad, el entusiasmo por las posibilidades, la proyección de cómo podría ser esta relación en el futuro. Todo eso pasa en cuestión de minutos. Y la confianza llega como consecuencia de esa activación, no como resultado de un proceso de evaluación.

El problema es que la confianza no debería ser una emoción. Debería ser una conclusión. Y las conclusiones necesitan datos. Los datos necesitan tiempo.

Cuando confías basándote en la emoción del primer encuentro, estás apostando a que esa persona es exactamente como se presenta en su mejor momento, con toda la energía puesta en causar buena impresión. Y casi nadie es exactamente como se presenta en su mejor momento.

¿Qué pierdes cuando confías demasiado rápido en alguien?

Depende de a quién.

Con clientes, pierdes poder de negociación. Si abres todos los números desde el primer día, el cliente sabe exactamente hasta dónde puede apretarte. Sabe tu margen, sabe tu urgencia, sabe cuánto necesitas ese proyecto. Esa información tiene valor. Y tú la has dado gratis antes de firmar nada.

Con colaboradores, pierdes la posibilidad de detectar señales de alerta a tiempo. Cuando ya has dado confianza plena, es muy difícil dar marcha atrás aunque veas algo que no te gusta. El cerebro busca confirmar la confianza que ya otorgó, no cuestionarla. Eso se llama sesgo de confirmación, y el TDAH lo amplifica.

Con socios potenciales, pierdes perspectiva. Mezclas el entusiasmo de la novedad con una evaluación real de si esa persona tiene lo que necesitas para ese proyecto. Y cuando la novedad pasa, lo que queda puede ser muy diferente de lo que creías haber encontrado.

Los errores que más dinero te han costado

¿Cómo distingues la confianza real de la confianza del primer entusiasmo?

Tiempo y fricción.

El tiempo es el filtro más básico. No tienes que ser desconfiado ni tratar a todo el mundo como sospechoso. Solo necesitas no acelerar el proceso de confianza artificialmente. Dejar que las cosas se muestren solas. La persona que quiere que confíes en ella rápido, antes de que hayas tenido tiempo de verla en acción, suele tener algún motivo para que así sea.

La fricción es el segundo filtro. Cómo reacciona alguien cuando hay un problema pequeño dice más que cómo actúa cuando todo va bien. Si en las primeras semanas de trabajo hay un desacuerdo menor y la persona lo gestiona bien, tienes información real. Si lo gestiona mal, también.

Lo que no funciona es el instinto solo. El instinto con TDAH está sesgado hacia la emoción del momento. Es útil para detectar cosas grandes y obvias. Para los matices, necesitas datos.

¿Cómo proteges la información sensible sin parecer desconfiado?

No lo llamas proteger información. Lo llamas proceso.

Tienes un proceso para compartir información. Al principio de una relación, compartes esto. Cuando la relación lleva un mes, compartes esto otro. Cuando hay un acuerdo firmado, compartes lo demás.

No es desconfianza. Es profesionalidad. Y las personas que vale la pena tener cerca lo entienden sin problema. Las que se molestan porque no les cuentas todo desde el primer día tienen exactamente las razones que te estás imaginando.

Delegar sin perder el control

La confianza rápida es una de las cosas más bonitas del TDAH cuando funciona bien. Y uno de los agujeros más caros cuando no.

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