Dices que sí a todo porque decir que no te genera más culpa que el burnout

Cada sí que das por culpa te aleja de lo que importa. El TDAH convierte el no en una tortura emocional que te cuesta dinero y salud.

Alguien te pide un favor. Un cliente quiere un cambio fuera de presupuesto. Un colega te invita a un proyecto que no paga pero "será genial para tu marca personal". Un familiar necesita ayuda con algo que solo le va a llevar "cinco minutitos".

Y dices que sí.

No porque quieras. No porque puedas. Dices que sí porque la alternativa - decir que no - te genera una punzada en el pecho que no sabes gestionar.

Esa punzada tiene nombre. Se llama culpa. Y si tienes TDAH, es probable que la conozcas mejor que tu número de cuenta.

¿Por qué el TDAH convierte el "no" en una tortura?

El cerebro TDAH tiene un problema con la regulación emocional que nadie te cuenta cuando te diagnostican. No es solo que te cueste concentrarte. Es que las emociones te llegan sin filtro. Un "no" para otra persona es una frase. Para ti es un evento emocional.

Dices que no y tu cerebro interpreta: les has fallado, te van a odiar, eres mala persona, se van a enfadar, y además probablemente tenían razón y deberías haberlo hecho.

Todo eso en 0,3 segundos. Antes de que termines de pronunciar la frase.

Así que aprendes a evitar el dolor. Y la forma más rápida de evitarlo es decir que sí a todo. Sí al cliente que pide revisiones infinitas. Sí al proyecto que no paga. Sí a la reunión que podría haber sido un email. Sí al compromiso social que te va a dejar sin energía para trabajar mañana.

Y tu agenda se llena. Pero no de tus cosas. De las de otros.

Lo que te cuesta cada "sí" que no querías dar

Hice el ejercicio una vez. Cogí una semana cualquiera y apunté cada cosa a la que dije que sí sin querer de verdad. Fueron 11 compromisos. Once. En cinco días.

Tres reuniones que no aportaban nada. Dos favores que me llevaron más de cuatro horas. Un descuento a un cliente que lo pedía "por la relación". Dos llamadas largas. Y tres mensajes que contesté con un párrafo cuando bastaba con "no puedo, lo siento".

Once "síes" que me costaron unas 14 horas de la semana. Catorce horas que no dediqué a mi negocio. A mis productos. A las cosas que realmente generan dinero.

Y lo peor: al final de esa semana me sentía más culpable que si hubiera dicho que no. Porque no había avanzado en nada mío y encima estaba agotado.

La culpa del "no" dura 10 minutos. La culpa de no haber hecho lo importante dura meses.

El "sí" automático es un mecanismo de defensa, no generosidad

Aquí está la parte incómoda. Cuando dices que sí a todo, no estás siendo generoso. Estás protegiendo tu propia comodidad emocional. Estás eligiendo el dolor pequeño ahora - hacer algo que no quieres - para evitar el dolor grande ahora - sentir la culpa del no.

Pero el dolor grande no desaparece. Se muda al futuro. Se convierte en burnout, en resentimiento, en no poder levantarte de la cama un lunes con 47 emails sin contestar.

Cada vez que dices "sí" a algo que no quieres, le estás diciendo "no" a algo que sí importa. No hay magia. El tiempo es finito. Tu energía con TDAH es más finita todavía.

¿Cómo se aprende a decir que no cuando tu cerebro te castiga por ello?

No tengo una fórmula bonita. Lo que tengo es lo que me funciona a mí, que es feo pero efectivo.

Primero: el retraso. Nunca contesto en el momento. "Déjame mirarlo y te digo" es la frase que más dinero me ha generado en mi carrera. Porque en el momento, la emoción gana. Pero dos horas después, la lógica tiene algo que decir.

Segundo: el coste real. Antes de decir que sí, calculo cuánto me cuesta en horas. No en abstracto. En horas concretas que le quito a otra cosa concreta. "Si digo sí a esto, no puedo hacer X". Y entonces la decisión es más fácil.

Tercero: la plantilla. Tengo respuestas predefinidas para decir que no. No las improviso. Las copio y pego. Porque si tengo que improvisar un "no", mi cerebro encuentra 14 formas de convertirlo en un "bueno vale".

Y cuarto: aceptar la culpa. No intento que desaparezca. Digo que no, siento la punzada, y la dejo estar. Como la ansiedad de un lanzamiento. No desaparece. Pero pasa.

Tu negocio crece cuando dejas de pedir perdón por priorizarlo

El día que empecé a decir que no con regularidad, mi negocio cambió. No porque hiciera cosas distintas. Porque dejé de hacer las cosas que no tenía que estar haciendo.

Recuperé horas. Recuperé foco. Recuperé energía para los proyectos que de verdad movían la aguja.

No se trata de ser borde. Se trata de entender que emprender con TDAH ya es suficientemente difícil como para encima cargar con los compromisos de todo el mundo.

Di que no. Siente la culpa. Déjala pasar.

Y usa esas horas para construir algo tuyo.

¿Tu TDAH está saboteando tu negocio? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y sabes dónde se te escapa el dinero.

Relacionado

Sigue leyendo