Me cuesta empezar el día de trabajo aunque tenga cosas urgentes
La alarma suena, abres el portátil, y ahí empieza el bloqueo. Tienes cosas que hacer. Pero arrancar el día es lo más difícil.
Suena la alarma. Te levantas. Café. Te sientas. Abres el portátil. Miras la pantalla.
Y nada.
Tienes una lista de cosas que hacer. Algunas urgentes. Sabes cuáles son. Sabes por dónde empezar. Técnicamente lo tienes todo claro. Y sin embargo, entre el "abro el portátil" y el "empiezo a trabajar" pasan 45 minutos. A veces una hora. A veces dos.
Y no estás procrastinando activamente. No estás viendo YouTube ni scrolleando Instagram. Estás ahí. Sentado. Mirando el correo sin leerlo. Abriendo documentos sin escribir en ellos. Moviéndote en la silla. Yendo a por otro café. Volviendo. Sentándote. Y sigue sin pasar nada.
¿Por qué es tan difícil arrancar?
Porque arrancar el día de trabajo requiere algo que se llama "iniciación de tarea". Y eso suena técnico, pero es muy sencillo: es la capacidad de tu cerebro para pasar de "no estoy haciendo nada" a "estoy haciendo algo".
Para la mayoría de la gente, esto es automático. Se sientan, eligen una tarea, y empiezan. Punto. No necesitan un ritual. No necesitan motivación extra. No necesitan que la tarea sea emocionante. Simplemente arrancan.
Tu cerebro no hace eso. Tu cerebro necesita un empujón extra para cruzar la línea entre la inacción y la acción. Como un coche que necesita que le empujen para arrancar porque el motor de arranque está averiado. El motor funciona bien una vez que arranca. Pero arrancarlo es otra historia.
Y las mañanas son el peor momento. Porque tu cerebro todavía no ha acumulado presión. No hay urgencia todavía. No hay adrenalina. No hay nadie mirando. Solo tú, el portátil, y el silencio de una lista de tareas que no genera ninguna emoción.
La hora fantasma
Yo le llamo "la hora fantasma". Esa hora entre que me siento y empiezo a producir de verdad. Estoy en la silla. Parezco que trabajo. Pero no produzco nada. Es como estar en el escenario pero sin que suene la música. Estás ahí, pero el show no ha empezado.
Y lo peor es la culpa. Porque llevas una hora sin hacer nada y ahora tienes una hora menos para hacer todo lo que tenías que hacer. Y esa culpa no te activa. Te paraliza más. Porque ahora tienes la presión de haber perdido tiempo y la parálisis de no poder arrancar.
Ciclo perfecto. Culpa que paraliza. Parálisis que genera culpa. Y tú en medio preguntándote por qué no puedes hacer algo tan simple como empezar.
Si eso de no rendir en el trabajo aunque quieres te suena, piensa en cuántas de esas horas improductivas son realmente horas de bloqueo en la arrancada.
Lo que he probado (y qué funciona)
La tarea más pequeña posible. En serio. No "empezar el proyecto". No "escribir el informe". Abrir el documento. Solo abrirlo. A veces eso basta para que el cerebro diga: "Bueno, ya que estamos aquí, vamos a escribir algo."
Un ritual de arranque. Siempre el mismo. Café, sentarse, música concreta, abrir la misma app. No por ser organizado. Sino porque el ritual le dice a tu cerebro: "Esto significa que empezamos." Como el pistoletazo de salida de una carrera. Sin él, tu cerebro no sabe que la carrera ha empezado.
Empezar por lo más fácil. No por lo más importante. No por lo más urgente. Por lo más fácil. Porque necesitas un primer movimiento para romper la inercia. Y una vez que el motor arranca, ya puedes meterle más carga.
Body doubling. Trabajar con alguien al lado. No necesariamente en lo mismo. Solo que haya otra persona trabajando. Su energía de trabajo te contagia la activación que tu cerebro no genera solo. Suena raro. Funciona.
¿Por qué a los demás no les pasa?
Les pasa a algunos. Pero no a este nivel. No cada día. No con esta intensidad.
La diferencia es que tu cerebro tiene un sistema de activación que necesita más combustible para ponerse en marcha. Es como la diferencia entre un mechero y una hoguera. El mechero enciende con un click. La hoguera necesita yesca, papel, cerillas, y soplar un buen rato.
Y no es que tu fuego sea peor una vez que arde. De hecho, cuando arrancas muchas veces rindes más que los demás. Algunos días vuelas y otros te arrastras, pero los días que vuelas eres una máquina. El problema no es la potencia. Es el arranque.
Eso que sientes de que todo te cuesta más que a los demás empieza a primera hora de la mañana. Desde el minuto cero del día ya estás gastando más energía que los demás solo para hacer lo mismo.
Puede que haya una razón
Esa dificultad para iniciar tareas, esa hora fantasma de cada mañana, esa sensación de que tu motor no arranca sin un empujón externo...
En muchos adultos esto es un síntoma directo de TDAH. Los profesionales lo llaman "déficit en la iniciación de tarea", y es una de las manifestaciones más comunes del TDAH inatento en adultos. No es pereza. No es falta de disciplina. Es que el circuito que conecta "quiero hacer" con "estoy haciendo" tiene un cortocircuito.
No te estoy diagnosticando. Esto no sustituye a un psicólogo o psiquiatra. Pero si cada mañana es una batalla para arrancar aunque tengas deadlines y adrenalina esperándote, puede que haya algo más que "no soy persona de mañanas".
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