Primera cita con TDAH: hablar demasiado o no hablar nada
O hablas 2 horas sin parar o te bloqueas y pareces frío. La primera cita con TDAH no tiene modo intermedio. Ansiedad previa, hiperfoco social y el ghosteo involuntario.
Cambiaste de outfit siete veces. Llegaste veinte minutos antes. Y te quedaste dando vueltas a la manzana porque entrar tres minutos antes de tiempo te parecía demasiado ansioso pero llegar tarde era impensable.
Al final entraste. Y o hablaste sin parar durante dos horas o no abriste la boca en diez minutos y pareciste un armario.
No hay modo intermedio. Nunca lo hay.
¿Por qué las primeras citas son tan intensas con TDAH?
Porque una primera cita ya es intensa de por sí para cualquier persona. Ahora añade un cerebro que no regula bien la atención, que oscila entre el hiperfoco total y el bloqueo absoluto, y que procesa los silencios de dos segundos como si fueran señales de catástrofe inminente.
El resultado es que una primera cita con TDAH no es una cita. Es un examen oral con nota a tiempo real.
Tu cerebro no puede dejarlo fluir. Tiene que gestionarlo. Monitorizarlo. Evaluarlo mientras sucede. ¿Estoy hablando demasiado? ¿He hecho suficientes preguntas? ¿Por qué ha hecho esa pausa? ¿Le aburro? ¿He dicho algo raro antes y no me he dado cuenta?
Todo eso pasa mientras intentas parecer alguien relajado y encantador que está disfrutando una copa.
Es agotador. Y eso que todavía ni has pedido la bebida.
El modo hablar sin parar
Cuando la otra persona te interesa, puede activarse el hiperfoco social. Y entonces pasan cosas.
De repente eres la persona más encantadora del planeta. Estás completamente presente, conectado, con energía ilimitada. Haces preguntas, escuchas de verdad, sueltas anécdotas que en otro contexto nunca contarías. La conversación fluye a una velocidad que sorprende a los dos.
Y tu acompañante piensa: qué persona más interesante.
Lo que no sabe es que estás canalizando el cien por cien de tu energía mental en esa interacción. Que el hiperfoco ha decidido que esa persona es el objetivo y todo lo demás ha dejado de existir: el ruido del bar, el camarero que lleva diez minutos esperando, el tiempo que ha pasado.
El problema llega cuando sales. Porque en algún momento de esas dos horas tu boca fue más rápida que tu cerebro, como suele pasar con el TDAH y la impulsividad verbal, y al llegar a casa te das cuenta de que has hablado de ti durante noventa minutos, no le has preguntado a qué se dedica, y has contado la historia de tu examen de selectividad dos veces sin darte cuenta.
No porque no te importara. Sino porque el hiperfoco no viene con moderador incorporado.
El modo bloqueo total
El otro escenario. El que parece timidez pero no lo es.
Llegas a la cita con un nivel de ansiedad previa que ya ha consumido la mitad de tu energía. El outfit, las vueltas a la manzana, los escenarios imaginados en el metro, las conversaciones que ensayaste mentalmente y que ahora que estás ahí no sirven para nada porque la realidad nunca funciona como el ensayo.
Y entonces te bloqueas.
No es que no tengas nada que decir. Es que tienes demasiado y no puedes ordenarlo. Tu cabeza va a mil pero tu boca no arranca. Los silencios se alargan. Respondes con monosílabos. Desde fuera pareces frío, distante, poco interesado.
Por dentro estás calculando cuándo es el momento correcto de hablar, si lo que ibas a decir tiene sentido, si ya ha pasado demasiado silencio para decirlo, si sería raro mencionarlo ahora que la conversación ha cambiado de tema.
Y cuando salgas, pensarás que has causado fatal. Aunque quizá no haya sido para tanto.
El rebote post-cita
Aquí viene la parte que nadie cuenta.
Llegas a casa. La cita ha ido bien, o más o menos bien, o no has sabido leerlo. Da igual. Tu cerebro activa el modo autopsia.
Repasas cada frase que dijiste. Cada pausa que hubo. Cada momento en que notaste que cambiaba la expresión de su cara. Analizas si ese "ya te cuento" al despedirse era interés real o fórmula de cortesía. Reconstruyes la conversación entera buscando el momento exacto donde metiste la pata, aunque no estés seguro de haberla metido.
Esto no es paranoia. Es lo que hace un cerebro con TDAH después de una interacción social intensa: socializar agota porque tu cabeza lo procesa todo sin filtro, y el post-mortem mental es la consecuencia directa.
A las dos de la madrugada sigues dándole vueltas. A la mañana siguiente todavía. Una semana después recuerdas algo que dijiste y sientes el mismo bochorno que si acabaras de decirlo.
Las apps de citas: el ecosistema perfecto para el ghosteo involuntario
Esto merece su propio apartado.
Conoces a alguien en Tinder, Hinge, o lo que uses. Hay match. Empezáis a hablar. La conversación engancha: respuestas largas, humor, conexión real a través de la pantalla. Durante dos días sois los dos más interesantes del mundo el uno para el otro.
Y entonces tu cerebro encuentra algo nuevo que le llama la atención. Un proyecto. Un videojuego. Un hilo de Reddit sobre un tema que no tiene nada que ver. Y la conversación queda abierta.
No porque no te interese. No porque hayas decidido ignorar a esa persona. Sino porque tu cerebro pasó a otra cosa y literalmente se olvidó de que había una conversación esperando respuesta.
Cuatro días después la ves en notificaciones. Sientes culpa. Ya ha pasado tanto tiempo que responder parece raro. Así que no respondes. Y esa persona piensa que le has dejado en visto a propósito.
El ghosteo involuntario no es crueldad. Es un cerebro que no tiene un sistema fiable de gestión de atención. El mismo cerebro que puede hiperfocarse en alguien durante dos horas en una cita es el que puede olvidar que esa persona existe si no tiene un recordatorio visible.
Es contraproducente hasta niveles absurdos.
Lo que nadie te explica sobre citas y TDAH
Que el hiperfoco que muestras en la primera cita no es un truco. Es real. Pero no es sostenible al mismo nivel.
Cuando alguien con TDAH está en modo hiperfoco social, es genuinamente la persona más atenta y presente que puedes conocer. El problema es que ese modo no funciona siempre. Hay días que el cerebro simplemente no arranca. Hay conversaciones que cuestan el triple. Hay momentos en que la persona que parecía tan encantadora en la primera cita parece estar en otro planeta.
No es que te haya engañado. Es que ese nivel de concentración tiene un coste, y el cerebro no puede mantenerlo indefinidamente.
Y eso, explicarlo en una primera cita, es complicado. Porque no hay forma de decir "oye, hoy estoy en modo hiperfoco, pero hay días que soy bastante más difícil de seguir" sin que suene a advertencia dramática.
Así que la mayoría no lo dice. Y luego la segunda cita es rara. Y la tercera todavía más. Y al final la otra persona piensa que algo ha cambiado, cuando en realidad lo que ha cambiado es que el hiperfoco inicial ha dado paso al funcionamiento normal.
Que también es interesante. Solo que diferente.
No es falta de interés. Es un cerebro que va a todo o nada.
La primera cita con TDAH es intensa porque todo con TDAH es intenso o no es nada.
No hay modo crucero. O estás completamente dentro o estás completamente fuera. O hablas dos horas sin parar o te quedas en blanco. O repasas la noche entera durante tres días o se te olvida contestar al WhatsApp de seguimiento.
No es falta de interés. Es un cerebro que no tiene regulador de intensidad.
Y si alguna vez te han dicho que eres demasiado intenso en las primeras citas, o demasiado frío, o que no sabes mantener una conversación, o que desapareces sin avisar: quizá no es que seas malo en citas. Quizá es que tu cerebro funciona de una forma que las citas convencionales no están diseñadas para gestionar.
Si lo que has leído te suena más a tu vida que a un artículo de internet, puede que valga la pena entender cómo funciona tu cerebro. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No es un diagnóstico. Es diez minutos para empezar a entender por qué las citas se te dan de una forma tan particular.
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