Ir al médico y olvidar todos tus síntomas con TDAH
Llevas semanas esperando la cita. Entras en consulta. Te preguntan qué te pasa. Blanco total. Así funciona el TDAH en el médico.
Llevas semanas esperando la cita. Entras en consulta. Te preguntan qué te pasa. Blanco total. Tu cerebro acaba de borrar el motivo de la visita.
No es un chiste. Es martes a las 10:15 de la mañana y estás sentado frente a tu médico con la boca abierta y la mente completamente vacía.
Hace tres semanas, cuando pediste cita, tenías una lista mental de síntomas. Clarísima. Sabías exactamente qué decir. "Llevo meses sin poder concentrarme. Se me olvida todo. No puedo terminar nada. Tengo ansiedad constante." Lo habías ensayado en la ducha, en el coche, en la cola del supermercado. Tenías el discurso.
Y ahora el médico te mira esperando, y tú dices: "Pues... es que... a ver, cómo te explico..."
Enhorabuena. Tu cerebro ha decidido que el momento más importante para recordar cosas no era lo suficientemente estimulante.
¿Por qué tu cerebro borra los síntomas justo cuando los necesitas?
Porque tu memoria de trabajo funciona con sus propias reglas. Y una de esas reglas es: la información que no tiene un estímulo inmediato asociado se evapora.
Cuando estabas en casa pensando en la cita, tus síntomas eran reales. Los sentías. Estaban ahí. Pero en consulta, el contexto cambia. Estás nervioso. Hay luces fluorescentes. El médico tiene prisa. Huele a desinfectante. Tu cerebro se pone en modo supervivencia social y toda la información que habías preparado se va al fondo de la cola. Como un archivo que Windows decide mover a una carpeta temporal sin avisarte.
Tu memoria a corto plazo con TDAH no es que sea mala. Es selectiva. Funciona de maravilla para recordar el nombre del personaje secundario de una serie que viste hace 6 años, pero se niega a retener la lista de síntomas que llevas un mes construyendo.
Y lo peor es que sales de la consulta, llegas al coche, y de repente lo recuerdas todo. Cada síntoma. Cada detalle. Con una claridad insultante. Porque ahora que ya no lo necesitas, tu cerebro decide que sí, que puede acceder a esa información.
Gracias, cerebro. Muy útil.
El efecto "estoy bien" que arruina consultas
Hay un fenómeno que no tiene nombre oficial pero que todo el mundo con TDAH conoce: entras en la consulta y, de repente, estás bien.
No te pasa nada. Estás tranquilo. Hasta te sientes un poco tonto por haber pedido cita. "¿Para qué he venido? Si estoy fenomenal."
Tu cerebro hace algo muy concreto en situaciones de presión social: se activa. La novedad de estar en consulta, la presencia del médico, la conversación cara a cara. Todo eso genera un pico de atención que, irónicamente, te hace parecer perfectamente funcional. Estás atento, respondes rápido, mantienes contacto visual.
Y el médico ve a una persona que parece estar bien. Porque en ese momento, estás funcionando. Lo que no ve es el desastre de las 23 horas restantes del día.
Es como llevar el coche al mecánico y que el ruido desaparezca justo al entrar en el taller. El problema existe. Pero tu cerebro decide que no es buen momento para demostrarlo.
La sala de espera ya te ha agotado antes de entrar
Esto nadie lo cuenta pero importa.
Antes de la consulta está la sala de espera. Media hora, cuarenta minutos, a veces una hora sentado en una silla incómoda bajo luces frías con un televisor puesto en un canal que nadie ha elegido. Sin nada que hacer. Sin estímulo.
Para un cerebro con TDAH, esa espera no es neutra. Es agotadora. Porque estás gastando energía en no levantarte, en no mirar el móvil cada 30 segundos, en no perder la noción del tiempo, en estar pendiente de que no se pasen tu turno.
Cuando por fin entras en consulta, ya has quemado una parte significativa de tu batería mental. La parte que necesitabas para recordar tus síntomas y explicarlos con claridad.
Tres cosas que puedes hacer para que la consulta no sea un desastre
Lleva una lista escrita. Papel. Físico. No en el móvil donde la perderás entre 47 notificaciones. Escribe tus síntomas cuando los sientas, no la noche de antes. Cada vez que durante la semana pienses "esto se lo tengo que decir al médico", apúntalo. Y cuando entres en consulta, saca el papel y léelo. Sin vergüenza. Si el médico te mira raro por leer de un papel, ese médico no entiende cómo funciona tu cerebro.
Di "tengo TDAH y se me olvidan las cosas" al empezar. Contexto. Dáselo al médico antes de que empiece a hacerte preguntas. "Mira, tengo TDAH, se me olvidan los síntomas en consulta, así que he traído esto apuntado." Dos frases que cambian toda la dinámica. Porque ahora el médico sabe que si te quedas en blanco no es que no te pase nada. Es que tu cerebro ha decidido hacer una pausa no solicitada.
Graba notas de voz antes de la cita. En el coche, en el bus, caminando hacia el centro de salud. Abre el móvil y cuéntate a ti mismo lo que le vas a decir al médico. Escúchalo en la sala de espera. Así cuando entres tienes la información fresca, no enterrada bajo una hora de espera y nervios.
El sistema no está diseñado para cerebros como el tuyo
Esto va más allá de la consulta. El sistema sanitario funciona con citas de 7 minutos, esperas largas, y la expectativa de que tú, el paciente, sepas explicar con precisión quirúrgica qué te pasa. Y si sobrevivir al sistema sanitario público con TDAH ya es una odisea, la consulta en sí es el nivel final del videojuego.
No es justo. Pero es lo que hay. Y mientras el sistema no cambie, tú tienes que adaptar tus herramientas. Llevar la lista. Dar contexto. No confiar en tu memoria, porque tu memoria no va a estar ahí cuando la necesites.
No porque seas tonto. No porque no te importe tu salud. Sino porque tu cerebro gestiona la información de una forma que no encaja con un sistema diseñado para cerebros que funcionan de otra manera.
Tus síntomas son reales aunque no los recuerdes en la consulta. Que no puedas verbalizarlos en el momento no significa que no existan. Significa que necesitas un sistema externo para trasladarlos. Un papel, una nota de voz, un mensaje que te mandaste a ti mismo a las 3 de la madrugada cuando por fin encontraste las palabras exactas.
Usa ese sistema. Tu cerebro no va a cambiar. Pero tu forma de trabajar con él, sí.
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Si te has quedado en blanco en más de una consulta médica y siempre pensaste que era nerviosismo, quizá hay algo más. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para ponerle nombre a lo que tu cerebro lleva haciendo toda la vida.
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