Tu espalda sabe cuántas horas trabajas aunque tú no las cuentes

No llevas control de horas pero tu espalda sí. El dolor crónico del emprendedor que dice que trabaja lo justo pero su cuerpo dice otra cosa.

Tú no llevas un timetracker. Dices que trabajas "lo que haga falta" y que no cuentas horas porque "emprender no es un horario, es un estilo de vida".

Tu espalda sí cuenta.

Tu espalda lleva un registro perfecto de cada hora que has pasado sentado en esa silla que compraste barata en IKEA hace tres años pensando que era temporal. De cada noche que te quedaste hasta las 2AM con el cuello doblado mirando el portátil en el sofá. De cada sesión de "solo voy a revisar una cosa" que acabó siendo cuatro horas sin levantarte.

Y un día, sin aviso, te cobra todo junto.

No es un dolor puntual. Es un dolor que se instala. Que está ahí cuando te levantas, cuando te sientas, cuando intentas dormir. Un dolor que se convierte en parte del paisaje. Que normalizas. "Es que estoy contracturado." Como si eso fuera una condición meteorológica y no una consecuencia directa de cómo vives.

¿Por qué los emprendedores con TDAH son los peores cuidando su cuerpo?

Porque estamos demasiado ocupados viviendo dentro de nuestra cabeza como para prestar atención a lo que pasa del cuello para abajo.

No es broma. El TDAH afecta a la interocepción. Esa capacidad que tiene tu cuerpo de decirte "tengo hambre", "tengo sed", "necesito moverme", "llevo tres horas sin ir al baño". La señal se envía, pero tu cerebro está tan metido en lo que está haciendo que la ignora.

Es como tener las notificaciones en silencio. Tu cuerpo manda alertas. Tu cerebro las descarta.

Yo he pasado tardes enteras sin beber agua. No porque no tuviera sed. La tenía. Pero mi cerebro había decidido que el proyecto en el que estaba era más importante que hidratarme, y la señal de sed se fue al buzón de spam. A las ocho de la tarde me levantaba con dolor de cabeza, la boca seca, y la espalda como si hubiera cargado sacos de cemento.

La silla no es el problema. El problema eres tú.

Puedes comprarte la mejor silla ergonómica del mercado. 800 euros. Respaldo ajustable. Soporte lumbar. Reposabrazos 4D. Da igual. Si te sientas en ella durante 12 horas seguidas sin moverte, tu espalda se va a quejar igual.

La silla no compensa la falta de movimiento. Es como comprarte un casco para tirarte por un barranco. Sí, protege algo. Pero el problema de base sigue ahí.

El truco no es la silla. Es levantarte. Y levantarte cuando estás en hiperfoco es pedirle a un vampiro que deje de chupar sangre a mitad de cena. Tu cerebro dice "no, espera, que estoy en flow". Y tu espalda dice "llevo tres horas gritándote y no me haces caso".

¿Sabes lo que hice yo? Un temporizador. Cada 50 minutos suena, y me levanto. Aunque no quiera. Aunque esté en medio de algo. Porque aprendí que ese "algo" va a seguir ahí cuando vuelva, pero mi espalda no va a esperar.

Las señales que ignoras hasta que no puedes ignorarlas

Primero es una molestia. Un tirón al final del día. "Normal, he trabajado mucho." Lo aceptas como el peaje de emprender.

Después es un dolor constante. Algo que está ahí todo el rato pero que puedes gestionar con un ibuprofeno y una mala postura compensatoria. "Ya pasará."

Después es un dolor que te despierta por la noche. Que afecta a cómo te sientas, cómo conduces, cómo duermes. Y entonces vas al fisio. Que te dice lo que ya sabías: estás hecho polvo de estar sentado sin moverte.

¿Y qué haces? Dos sesiones de fisio, una semana cuidándote, y vuelta a lo mismo. Porque el negocio no espera. Los clientes no esperan. El deadline es mañana y tu espalda puede esperar un poco más. Siempre puede esperar un poco más.

Hasta que no puede.

Esto no es un consejo de salud. Es un consejo de negocio.

Cada día que tu espalda te duele, trabajas peor. Decides peor. Tienes menos paciencia con los clientes. Estás más irritable. Produces menos. El dolor crónico no es solo dolor. Es un impuesto que pagas en cada tarea que haces.

Y la peor parte es que el impuesto va subiendo. Lo que hoy es un 5% de penalización, dentro de un año es un 20%. Dentro de dos, es un 40%. Hasta que un día te encuentras como yo, con un médico diciéndote que tu cuerpo tiene una edad que no es la tuya y tú mirándole como si te estuviera hablando en chino.

Emprender con TDAH

Porque depende.

¿Quieres saber si tu TDAH te está costando dinero? Hice un test de 15 preguntas que te dice cómo afecta a tu negocio en 5 áreas: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. Tarda 5 minutos. Y puede que te ahorre una visita al fisio.

Relacionado

Sigue leyendo