Me concentro perfectamente en lo que no debo y fatal en lo que importa
Puedes pasarte horas mirando vídeos random pero no aguantas 10 minutos con una tarea importante. No es falta de voluntad. Esto es lo que está pasando.
Llevas dos horas viendo vídeos de gente haciendo cosas que no tienen nada que ver con tu vida.
Restauraciones de muebles antiguos. Tutoriales de nudos marineros. El canal de un tipo que viaja en furgoneta por Mongolia. Y no puedes parar.
Pero cuando abres el documento de trabajo, el mismo cerebro que acaba de procesar 47 vídeos seguidos sin despistarse ni un segundo... se apaga. No puede. No arranca. Cinco minutos y ya estás mirando el techo.
Y ahí viene la pregunta que nadie sabe responder: ¿cómo es posible que me concentre perfectamente en lo que no debo y fatal en lo que importa?
¿Por qué tu atención elige por ti?
Esto es lo primero que hay que entender.
Tu atención no es un músculo que entrenas. No funciona como cuando decides ir al gimnasio o no. No hay un interruptor que puedas girar conscientemente para decirle a tu cerebro "oye, ahora toca lo importante".
Tu atención va hacia donde hay dopamina. Y punto.
Los vídeos de restauraciones de muebles y el tipo de la furgoneta tienen algo en común: novedad constante, recompensa inmediata, cero consecuencias si te desenganchas. Tu cerebro los adora. Le dan exactamente lo que necesita para funcionar.
El informe del trabajo, en cambio, tiene todo lo contrario: la recompensa viene dentro de semanas, el proceso es lineal y predecible, y el esfuerzo es enorme comparado con lo que tu cerebro percibe que va a sacar.
Así que tu cerebro elige. No porque seas vago. No porque te falte disciplina. Porque así está diseñado. Ya sabes, tu cerebro eligió por ti, y tú te quedas mirando la pantalla preguntándote qué acaba de pasar.
La trampa del "es que cuando me interesa sí puedo"
A ver, vamos a hablar de esto. Porque este argumento es el que más te hace daño.
"Es que cuando me interesa sí puedo concentrarme perfectamente. O sea que el problema no es médico, es que soy vago selectivo."
Esta conclusión parece lógica. Tiene trampa.
La capacidad de concentrarte en lo que te interesa no demuestra que puedas concentrarte en lo que no te interesa si te esfuerzas lo suficiente. Demuestra exactamente lo contrario: que tu atención está controlada por el nivel de activación y no por tu intención consciente.
Es como decir que un coche con el motor medio roto es culpable de no funcionar porque a veces sí arranca. A veces arranca cuando hay cuesta abajo. Cuando hace calor. Cuando tienes la presión exacta en el acelerador. Pero no es que el motor funcione bien. Es que en ciertas condiciones específicas, consigue hacer lo que se supone que debe hacer siempre.
Y cuando no las tiene, no arranca. Por mucho que quieras. Por mucho que te esfuerzas.
A mucha gente le cuesta todo más que a los demás
Lo que pasa realmente cuando "te concentras en lo que no debes"
Esto es lo interesante.
Cuando te quedas dos horas viendo vídeos de nudos marineros, técnicamente sí te estás concentrando. Tu cerebro no está fallando. Está funcionando perfectamente... pero para la tarea equivocada.
Esto tiene nombre. Hiperfoco. Y es uno de los patrones más confusos del TDAH porque contradice completamente la imagen que la gente tiene: el tío que no puede estar quieto, que no puede prestar atención a nada, que pierde el hilo a los 30 segundos.
El hiperfoco es lo opuesto. Es quedarte atrapado en algo durante horas sin darte cuenta de que pasa el tiempo. Sin poder parar aunque quieras. Sin responder mensajes, sin comer, sin ir al baño.
Y el problema no es que te concentres demasiado. El problema es que no puedes elegir cuándo y en qué.
Si quieres entender más sobre cómo funciona ese mecanismo, en hiperfoco no elige lo desarrollé bastante. Porque hay una diferencia enorme entre elegir concentrarte en algo con intensidad y que tu cerebro te secuestre hacia algo sin pedirte permiso.
¿Por qué unos días sí y otros no?
Esta es la parte que más desconcierta.
Porque si tu cerebro fuera siempre así, lo aceptarías. Buscarías soluciones. Pero hay días que te sientas y las cosas fluyen. Produces. Te concentras en lo que toca. Y piensas: "Ves, puedo. Solo tengo que esforzarme más."
Y al día siguiente, nada.
Misma silla. Misma tarea. Cero.
Esa inconsistencia es lo que más daño hace. Porque te impide construir una narrativa que tenga sentido. Si puedes cuando te esfuerzas, la conclusión es que cuando no puedes es porque no te esfuerzas. Eso es mentira. Pero es una mentira muy conveniente que tu entorno compra encantado.
La realidad es que tu cerebro depende de variables que no controlas del todo: nivel de sueño, estado emocional, cuánto tiempo llevas con la misma tarea, si hay o no una consecuencia inmediata si no la haces. Cambia cualquiera de esas variables y el resultado cambia completamente.
No es magia. No es azar. Pero tampoco es fuerza de voluntad.
El problema de hacer una cosa sola
Hay otro patrón que va de la mano con todo esto.
Cuando intentas concentrarte en la tarea importante, tu cerebro empieza a tirar de otras cosas. Una duda que de repente parece urgente. Un mensaje que no puedes dejar para después. Una tarea que "en un minuto" y resulta que son cuarenta. Si empiezas una tarea y acabas haciendo otra, ya sabes de qué te hablo.
Y lo más chungo no es que te distraigas. Es que cada una de esas distracciones también te cuesta hacerlas. No puedes hacer una sola cosa a la vez, pero tampoco varias. Estás en un limbo permanente donde ni te concentras en lo que importa ni descansas de verdad.
Es agotador. De verdad.
Esto no es un problema de actitud
A ver, que te lo digo claro.
Hay un punto en el que toda la charla de "disciplina", "hábitos", "levantarte a las 5", "Pomodoro" empieza a ser contraproducente. No porque esas cosas no funcionen para nadie. Sino porque si hay algo estructural en cómo tu cerebro regula la atención, las soluciones de superficie no llegan al fondo del problema.
Es como intentar arreglar una tubería rota cambiando los azulejos del baño. Que queda más bonito, vale. Pero el agua sigue saliendo por donde no debe.
Si llevas años probando todos los métodos de productividad habidos y por haber, y a veces funcionan y a veces no, y nunca sabes por qué, quizá la pregunta no sea "¿qué sistema me falta?" sino "¿por qué mi cerebro funciona así?".
Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si sospechas que lo que te pasa tiene un nombre, habla con un psicólogo o psiquiatra. Pero tener información de partida ayuda.
Si quieres empezar a entender cómo funciona tu atención, hice un test de 43 preguntas. 10 minutos. Gratis. No es un diagnóstico, es un punto de partida para dejar de pensar que eres vago y empezar a hacerte las preguntas correctas. Hacer el test
Sigue leyendo
Me pongo a pensar en medio de una tarea y pierdo 30 minutos
Estabas haciendo algo y de repente tu cerebro se fue. Sin avisar. Y cuando vuelves ya han pasado 30 minutos. Esto tiene explicación.
Actúo sin pensar y luego me arrepiento casi siempre
Envías el mensaje, compras la cosa, dices la frase. 10 segundos después quieres volver atrás. No es imprudencia.
Me cuesta pedir perdón aunque sepa que tengo que hacerlo
Sabes que la has cagado. Sabes que tienes que pedir perdón. Pero algo en tu cabeza bloquea las palabras. No es orgullo. Es algo más difícil de explicar.
Mi to-do list me da más ansiedad que motivación
Tienes una lista de tareas larga como tu brazo y cada vez que la miras sientes que ya has perdido el día. Esto no es falta de disciplina. Tiene otra explicación.