Me cuesta pedir perdón aunque sepa que tengo que hacerlo

Sabes que la has cagado. Sabes que tienes que pedir perdón. Pero algo en tu cabeza bloquea las palabras. No es orgullo. Es algo más difícil de explicar.

La has cagado. Lo sabes. La otra persona lo sabe. Todo el mundo lo sabe.

Y sin embargo, ahí estás. Con la disculpa en la punta de la lengua y algo dentro de ti que no te deja soltarla. Como si las palabras "perdona, me equivoqué" pesaran 400 kilos y tu boca no pudiera con ellas.

No es orgullo. Bueno, no solo. Es algo más complicado que eso.

¿Por qué te bloqueas justo cuando sabes lo que tienes que decir?

Porque pedir perdón requiere algo que para tu cerebro es tremendamente difícil: parar, procesar emocionalmente lo que ha pasado, y articular una respuesta coherente en el momento adecuado.

Y tu cerebro no para. No procesa emocionalmente las cosas en tiempo real. Y "el momento adecuado" es un concepto que directamente no maneja.

Así que lo que pasa es que sabes que deberías pedir perdón, pero no puedes hacerlo ahora. Y "luego" se convierte en dos horas. Y dos horas en un día. Y un día en "ya ha pasado tanto tiempo que pedir perdón ahora sería raro".

Es el mismo bucle que con los mensajes que no contestas hasta que es socialmente raro no contestar. El mecanismo es idéntico. La tarea no tiene urgencia suficiente para activar el cerebro, y cuanto más tiempo pasa, más carga emocional se acumula y más difícil es arrancar.

La vergüenza que nadie ve

Mira, te voy a contar algo.

La gente que no pide perdón a tiempo no es gente sin remordimientos. Es gente con tantos remordimientos que se paraliza.

Porque dentro de tu cabeza no hay indiferencia. Hay una tormenta. Hay culpa. Hay vergüenza. Hay una voz que dice "la has cagado" en bucle. Y toda esa energía emocional, en vez de canalizarse hacia la disculpa, se convierte en bloqueo.

Es como tener una tubería con tanta presión que la llave no gira. Hay demasiado detrás.

Y desde fuera, eso se ve como orgullo. Como frialdad. Como "no le importa". Pero es exactamente lo contrario. Te importa tanto que no puedes gestionarlo.

¿Y si no fuera orgullo sino sobrecarga emocional?

A ver, no todo el que tarda en pedir perdón tiene TDAH. Pero hay un patrón que en adultos con TDAH es muy frecuente y que nadie cuenta.

La desregulación emocional. Que suena a término de manual, pero en la práctica significa esto: tus emociones son más intensas, más rápidas y más difíciles de gestionar que las de la mayoría de la gente.

Cuando metes la pata, no sientes un "bueno, me equivoqué, lo solucionaré". Sientes un tsunami de culpa, vergüenza y autocrítica que te deja en modo apagado. Y desde ese modo, articular una disculpa coherente es casi imposible.

Esto lo reconoce la investigación actual sobre TDAH en adultos. No es solo un problema de atención. Es un problema de regulación. Y esa regulación afecta a cómo manejas los conflictos, las disculpas y las reparaciones emocionales con la gente que te importa.

Lo que pasa cuando por fin pides perdón (y es raro)

Cuando finalmente lo sueltas, después de días, semanas o a veces meses, la disculpa suele salir de dos maneras.

O sale atropellada, desproporcionada, con más intensidad de la que la situación necesitaba. Porque llevas acumulando presión emocional desde que pasó y cuando abres la válvula sale todo de golpe.

O sale fría, seca, casi automática. Porque para poder decirla has tenido que desconectarte emocionalmente de la situación, y eso hace que suene a "lo digo porque toca" en vez de "lo digo porque lo siento".

Y en los dos casos, la otra persona no entiende. Porque la emoción que tú sientes no se corresponde con la que muestras. Y eso genera más conflicto. Y más cosas por las que pedir perdón.

Ya te digo. Un bucle precioso.

Cómo trabajo con esto (que no es la solución perfecta)

No te voy a engañar. Sigo teniendo problemas con esto. Sigo tardando más de lo que debería en pedir perdón. Pero he aprendido un par de cosas que ayudan.

La primera: no esperar a que la emoción se estabilice para disculparme. Porque con mi cerebro, eso puede tardar mucho. Así que a veces fuerzo la disculpa aunque no "sienta" el momento. La mando por mensaje si no puedo decirla en persona. Imperfecta pero enviada.

La segunda: separar la disculpa de la explicación. "Perdona, la cagué" es una frase completa. No necesita un párrafo detrás justificando por qué. La explicación puede venir después, cuando ya estés más calmado.

Y la tercera: entender que esto de que todo me cueste más que a los demás incluye las cosas emocionales. No solo las tareas. No solo el trabajo. También las relaciones. También las disculpas. También la gestión de conflictos.

Si reconoces este patrón y te está afectando a las relaciones, lo responsable es hablarlo con un profesional. Un psicólogo o psiquiatra puede ayudarte a entender qué hay detrás y cómo trabajarlo. Yo comparto lo que vivo, no lo que debes hacer.

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