Mi to-do list me da más ansiedad que motivación
Tienes una lista de tareas larga como tu brazo y cada vez que la miras sientes que ya has perdido el día. Esto no es falta de disciplina. Tiene otra explicación.
Abres la lista de tareas del día. Son las 9 de la mañana. Tienes café. Tienes ganas. Todo bien.
Y entonces la miras.
Veintidós cosas. Veintidós. Algunas urgentes, algunas importantes, algunas que llevan ahí desde el martes de la semana pasada y que ya casi forman parte del mobiliario. Y en el tiempo que tardas en procesar eso, algo dentro de ti se apaga. El café ya no ayuda. Las ganas ya no están. Y tú sigues ahí, con el cursor encima de la primera tarea, sin poder empezar ninguna.
Eso no es pereza. Y tampoco es que tu sistema de organización sea malo.
Es otra cosa.
¿Por qué la lista que debería ayudarte te paraliza?
A ver, vamos a ponernos de acuerdo en lo que se supone que hace una to-do list.
La idea es sencilla: sacas las tareas de la cabeza, las pones en un sitio, y tu cerebro deja de preocuparse por ellas porque ya están guardadas. Puedes relajarte. Puedes centrarte en una sola cosa. Puedes ser productivo.
Eso es la teoría.
La práctica es que abres la lista y tu cerebro no ve "un sistema organizado". Ve una cuenta pendiente. Ve todo lo que no has hecho. Ve todo lo que podrías fallar. Y en vez de relajarse, se pone en modo alerta. Catorce años de psicología conductual resumidos en un síntoma: la lista que creaste para reducir el estrés se ha convertido en el mayor generador de estrés de tu día.
Y lo gracioso, o lo trágico, según cómo lo mires, es que la solución habitual es añadir más cosas a la lista.
El problema no es la lista. Es lo que le haces a la lista.
Tengo una teoría sobre esto, que me la hizo ver mi psicóloga y que desde entonces no puedo dejar de ver en todo.
Tu to-do list no es una herramienta de productividad. Es un espejo. Y cada vez que la miras, lo que ves no es "mis tareas de hoy". Lo que ves es "la distancia entre quién soy y quién debería ser".
Veintiséis ítems en la lista. Cuatro completados. Resultado: fracaso. No importa que hayas gestionado una crisis inesperada, que hayas tenido tres reuniones, que hayas resuelto algo que nadie más supo resolver. La lista dice cuatro de veintiséis, y tu cerebro hace el cálculo y saca su propia nota.
Y ahí empieza el ciclo.
La lista te genera ansiedad, entonces procrastinas para no enfrentarte a la lista, entonces la lista crece porque has procrastinado, entonces la lista te genera más ansiedad, entonces procrastinas más. Si ya te propones cosas por la mañana y por la noche no has hecho ninguna, esto te va a sonar muy familiar.
No es que seas un desastre. Es que estás dentro de un loop que nadie te ha explicado.
La tarea en el papel pesa menos que la tarea en tu cabeza
Aquí viene la parte que más me costó entender.
Una tarea en una lista no es solo una tarea. Es una promesa que te hiciste a ti mismo. Y las promesas rotas duelen, aunque solo te las hayas hecho a ti. Así que cada vez que ves esa tarea que lleva cinco días sin moverse, no estás viendo una tarea. Estás viendo cinco días de promesas incumplidas apiladas encima de una sola línea de texto.
No me extraña que no quieras mirar la lista.
Lo que pasa es que esto tiene una dinámica muy concreta, que es que la tarea crece en tu cabeza hasta ser monstruosa aunque sea pequeña. Esa llamada de diez minutos que llevas evitando desde el lunes. Ese email que tienes a medias. Ese informe que "tampoco es tanto". En el papel son pequeños. En tu cabeza ocupan el tamaño de un proyecto de construcción de tres años.
Y claro. Con ese peso encima, empezar es casi imposible.
Lo que no funciona (y por qué sigues intentándolo)
Más apps. Más sistemas. Más colores en Notion. Etiquetas de prioridad. Bloques de tiempo. Técnica Pomodoro. Levantarte antes para tener más horas. Organizarte el domingo para que el lunes arranque limpio.
Todo esto lo has probado, ¿no?
Y no es que no funcione nunca. Es que funciona una semana y luego se cae. Porque el problema no es el sistema. El sistema puede ser perfecto y tú puedes seguir paralizado delante de él. El problema es lo que ocurre entre tu cerebro y la tarea. El salto entre ver algo en una lista y poder empezar a hacerlo.
Y ese salto, para algunas personas, es mucho más grande de lo que debería ser.
No porque sean vagas. No porque les falte fuerza de voluntad. Sino porque su cerebro procesa las tareas, las prioridades y el inicio de las acciones de una manera diferente. Y ninguna app del mundo te va a arreglar eso si no entiendes primero qué está pasando dentro.
¿Y si el problema no eres tú sino cómo funciona tu cerebro?
Esto es lo que nadie te pregunta cuando te hablan de productividad.
Todo el mundo asume que tu cerebro funciona como se supone que deben funcionar los cerebros. Y entonces te dan herramientas diseñadas para ese cerebro estándar. Y tú las pruebas y no te funcionan del todo. Y la conclusión que sacas es que el problema eres tú, que no tienes disciplina, que no te organizas bien.
Pero hay otra posibilidad.
La posibilidad de que tu cerebro tenga una forma diferente de relacionarse con las tareas, las prioridades y el inicio. Y que por eso te cueste todo más que a los demás sin que sea cuestión de esfuerzo.
Hay un patrón muy concreto que aparece en personas con TDAH. La relación con las listas de tareas no es neutral: la lista activa una respuesta de estrés desproporcionada. No porque sean desorganizadas, sino porque su sistema de gestión de la prioridad y el inicio de tareas funciona de otra manera. No responde al "debería hacerse". Responde al interés, la urgencia, el reto o la presión externa.
¿Cuántas de tus tareas pendientes entran en alguna de esas cuatro categorías?
Exacto.
Y eso no lo arregla Notion. Lo arregla entender cómo funciona tu cerebro y diseñar un sistema que trabaje con él en vez de contra él. Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si lo que cuento aquí te resuena de verdad, habla con un psicólogo o psiquiatra. A mí me costó años llegar a esa conversación, y sigo pensando que la debería haber tenido antes.
Pero mientras tanto, lo primero es dejar de culparte.
La lista no es el problema. Tu cerebro no es el problema. El problema es que nadie te ha dado un manual de instrucciones del cerebro que tienes.
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