No sabes si pivotar o persistir y esa duda te paraliza más que cualquier fracaso

La duda entre seguir o cambiar de rumbo paraliza más que equivocarse. Con TDAH, la parálisis por decisión se come meses enteros.

Llevas seis meses con un proyecto. No va mal. Pero tampoco va bien. Tiene algunos clientes. Genera algo de dinero. Pero no el suficiente. No el que esperabas. No el que necesitas para que las cuentas cuadren.

Y ahora estás en el peor sitio posible: el limbo.

Si el proyecto fuera un desastre total, la decisión sería fácil. Lo cierras y a otra cosa. Si fuera un éxito claro, la decisión también sería fácil. Sigues y escalas.

Pero no es ni una cosa ni la otra. Es un "más o menos" que te mantiene paralizado. Porque pivotar significa admitir que los últimos seis meses no sirvieron para nada. Y persistir significa invertir otros seis meses en algo que quizá nunca va a despegar.

Estás atrapado. Y lo peor es que mientras estás atrapado, no avanzas en ninguna dirección.

¿Por qué el cerebro TDAH se paraliza ante esta decisión?

Para tomar una decisión necesitas comparar dos escenarios futuros. Tu cerebro tiene que simular "qué pasa si sigo" versus "qué pasa si cambio", evaluar probabilidades, y elegir.

El cerebro TDAH no hace eso. Hace algo mucho peor: salta entre ambos escenarios a la velocidad de la luz, se enamora de uno durante 20 minutos, luego se enamora del otro, y termina agotado sin haber elegido nada.

No es indecisión. Es hiperanálisis emocional. Tu cerebro no procesa los datos - procesa las emociones asociadas a cada opción. Y como las emociones van y vienen, la decisión va y viene con ellas.

Lunes estás convencido de pivotar. Martes estás convencido de persistir. Miércoles estás convencido de que eres idiota. Jueves no sabes qué día es.

Y así pasan los meses.

Lo que me enseñó mi peor parálisis

En 2021 tuve un producto que generaba 600 euros al mes. No estaba mal, pero no era suficiente para vivir de ello. Pasé cuatro meses preguntándome si mejorar ese producto o crear uno nuevo.

Cuatro meses.

No mejoré el producto. No creé uno nuevo. Me quedé mirando el Excel, cambiando de opinión cada semana, buscando la respuesta en podcasts (spoiler: eso no funciona), pidiendo opinión a gente que no tenía ni idea de mi negocio.

Al final, la decisión la tomé por accidente. Se me ocurrió una idea nueva mientras duchaba, la ejecuté en un impulso de hiperfoco, y en dos semanas ya tenía otro producto. No porque fuera la decisión correcta. Porque fue la que me sacó de la parálisis.

Y aquí está lo que aprendí: la peor decisión posible es no decidir.

El marco que uso ahora para no quedarme atascado

No es sofisticado. Es una hoja de papel con tres preguntas.

Primera: si le dedico tres meses más a esto con máximo esfuerzo, ¿hay una probabilidad razonable de que funcione? No certeza. Probabilidad razonable. Si la respuesta es "honestamente no lo sé", la respuesta es no.

Segunda: si abandono esto hoy, ¿me arrepentiré dentro de un año? No dentro de una semana, que es cuando la culpa está fresca. Dentro de un año. Si la respuesta es que en un año ni me acordaré, ya tienes tu respuesta.

Tercera: ¿estoy persistiendo porque creo en esto o porque tengo miedo de empezar algo nuevo? Porque el miedo a empezar de cero es un motivo para quedarte, pero no es un buen motivo. Es el mismo miedo de siempre disfrazado de prudencia.

Tres preguntas. Una hoja. Diez minutos. Y luego actuar ese mismo día. No mañana. Hoy. Porque si le das a tu cerebro TDAH una noche para darle vueltas, mañana estarás peor que antes.

La tercera opción que nadie menciona

Hay algo que me habría ahorrado mucho sufrimiento si alguien me lo hubiera dicho antes: no siempre es pivotar o persistir. A veces es ajustar.

No cambiar todo. No mantener todo. Cambiar una cosa. El precio. El público. El formato. El canal de venta. El mensaje. Una variable. No catorce.

Porque la mayoría de las veces el proyecto no falla por la idea. Falla por la ejecución de una parte concreta. Y tu cerebro TDAH quiere tirarlo todo abajo y empezar de cero porque empezar cosas nuevas es más emocionante que arreglar cosas rotas.

Pero arreglar una pieza es más rápido que construir una máquina nueva.

Antes de pivotar, pregúntate qué pieza concreta no funciona. Y cambia solo esa.

Si después de cambiarla tres veces sigue sin funcionar, entonces sí. Pivota. Pero con datos, no con ansiedad.

¿Tu TDAH está saboteando tu negocio? Hice un test de 15 preguntas que te dice en qué dimensiones tu TDAH te está frenando. 5 minutos y sabes si el problema es el foco, las decisiones, la energía o el dinero.

Relacionado

Sigue leyendo