El marketing que te da vergüenza hacer es el que más vende

Si tu estrategia de marketing no te incomoda un poco, probablemente no está conectando con nadie. La autenticidad no es una tendencia, es lo único que.

Hay un tipo de marketing que se ve venir a tres kilómetros.

El post de LinkedIn con la foto de portátil en la playa. El email con el asunto "últimas plazas" cuando hay 400. La historia de superación perfectamente editada para parecer espontánea. Ese marketing que huele a manual, que suena a curso de ventas de los que se hacen en hoteles con moqueta beige.

Tú lo hueles. Yo lo huelo. Y sin embargo todos lo hacemos porque es lo que hemos visto hacer a los que llegaron antes.

¿Qué es exactamente el marketing honesto?

No es contar tu vida entera. No es confesar cada fracaso como si fuera terapia pública. No es ser vulnerable porque un gurú dijo que la vulnerabilidad vende.

Es no prometer lo que no puedes dar. Eso, básicamente.

Parece sencillo y resulta ser lo más difícil del mundo cuando llevas dos meses sin vender y el tentador texto de "transforma tu vida en 30 días" te llama desde la pantalla. En ese momento el marketing honesto se siente como un lujo de los que tienen colchón.

Pero hay un detalle que los vendedores de humo nunca cuentan: la gente que compra porque le prometiste la luna exige la luna. Y cuando la luna no aparece te deja una reseña de una estrella y un chargeback. La gente que compra sabiendo exactamente lo que recibe no te exige más de lo que prometiste. Y esa gente vuelve.

¿Por qué el marketing que da vergüenza es el que conecta?

Porque nadie más lo está haciendo.

Cuando dices "esto no es para ti si esperas resultados en una semana", la persona que sí está dispuesta a trabajar durante tres meses te escucha diferente. Cuando dices "mi producto tiene esta limitación y si eso te importa hay otras opciones mejores", la persona que puede convivir con esa limitación confía en ti.

Yo tardé años en entender que vender sin perseguir clientes no era una cuestión de táctica. Era una cuestión de no necesitar convencer a nadie de algo que no era para ellos. Cuando el marketing es honesto, el filtro lo hace el propio mensaje. Llegan menos personas pero las que llegan ya saben lo que compran.

Es incómodo decirle a alguien "esto no es para ti". Tienes la sensación de que estás perdiendo una venta. Y sí, probablemente esa venta concreta la pierdes. Pero te ahorras el cliente equivocado, y un cliente equivocado cuesta más que mil ventas perdidas.

¿Qué pasa cuando priorizas el mensaje sobre la conversión?

La primera vez que puse en una página de ventas que mi programa tenía una tasa de abandono del 30%, pensé que era un suicidio comercial. Estaba poniendo un dato negativo en el lugar donde se supone que tienes que convencer.

Las ventas subieron.

No porque la gente le guste que le digan malas noticias. Sino porque ese dato decía algo sin decirlo: que era real, que no era otro programa de fantasía, que había gente que lo dejaba a medias porque era exigente. La gente que sí terminó todo lo que compraban llegó sabiendo que iba a costar.

El marketing honesto no es un experimento filosófico. Es la estrategia más rentable a largo plazo que existe para alguien como tú, que no tiene el presupuesto de publicidad de una corporación y cuya única ventaja competitiva real es la confianza. Emprender con TDAH ya es suficientemente difícil sin añadir la carga de sostener promesas que no puedes cumplir.

¿Cómo sabes si tu marketing es honesto o simplemente cobarde?

Hay una diferencia entre honestidad y no vender.

El marketing cobarde es el que no dice nada por miedo a molestar. El marketing honesto es el que dice la verdad incluyendo las partes buenas, sin inflarlas, sin adornarlas, sin el filtro Valencia de las páginas de ventas.

Si tu copy puede aplicarse a cualquier producto similar al tuyo, no es honesto. Es genérico, que no es lo mismo pero produce el mismo resultado: no conecta con nadie.

Si cuando lees lo que has escrito sobre tu producto sientes un leve bochorno, probablemente estás en el camino correcto. Ese bochorno es la señal de que estás diciendo algo real. Algo que tú mismo podrías creer si lo leyeras sin saber que lo escribiste tú. Y eso, en el mercado actual saturado de humo, es lo más raro y lo más valioso que puedes ofrecer.

¿Tu TDAH está saboteando tu negocio? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y sabes dónde se te escapa el dinero.

Relacionado

Sigue leyendo