Pierdo las llaves, el móvil y las gafas en el mismo día, todos los días
Llaves, móvil, gafas, cartera. Todo desaparece. Todos los días. Si tu vida es buscar cosas que acabas de soltar, lee esto.
Ayer perdí el móvil. Lo encontré en la nevera.
No es broma. Fui a coger algo de comer, dejé el móvil dentro al lado del yogur, cerré la puerta y me pasé 20 minutos buscándolo por toda la casa. Llamándome a mí mismo desde el portátil. Nada. Silencio. Claro, porque la puñetera nevera amortigua el sonido como si fuera una cámara insonorizada.
Y esto no es una anécdota puntual. Es mi vida.
Las llaves. El móvil. Las gafas. La cartera. El mando de la tele. El boli que tenía en la mano hace literalmente dos segundos. Todo desaparece. Todos los días. Mi vida es un juego permanente de buscar cosas que acabo de tener en las manos.
¿Por qué pierdes cosas que acabas de soltar?
Porque tu cerebro no registra dónde las deja.
En serio. No es que seas despistado. Es que tu cerebro, en el momento de dejar las llaves, está pensando en otra cosa. En siete cosas. En el email que tienes que contestar, en lo que vas a cenar, en ese vídeo que viste ayer, en una conversación que tuviste hace tres semanas. Y entre todo ese ruido, el acto de "dejar las llaves en un sitio" ni siquiera llega a la memoria.
Es como si tu cerebro tuviera una mesa de trabajo pequeña. Solo caben dos o tres cosas a la vez. Y cuando pones una nueva, se cae otra sin que te enteres. Las llaves se caen de la mesa. El móvil se cae de la mesa. Las gafas, el DNI, la tarjeta de crédito. Todo se cae.
Y tú mirando alrededor pensando "juro que las dejé aquí".
El ritual de la búsqueda matutina
Te lo voy a describir porque sé que lo vives.
Son las 8:15. Tienes que salir a las 8:20. Llevas puestos los pantalones, la camiseta, los zapatos. Estás técnicamente listo. Pero no encuentras las llaves.
Empieza la búsqueda. Encimera de la cocina. No. Mesa del salón. No. Bolsillos del pantalón de ayer. No. Encima de la lavadora. No. Debajo de un cojín del sofá. Sí. Ahí estaban. ¿Por qué? Ni idea.
Ahora son las 8:28. Llegas tarde otra vez. Como siempre.
Y ya ni te enfadas. Es que ya ni te sorprende. Es el guion de tu vida. Un Groundhog Day donde el argumento es buscar objetos que has perdido dentro de tu propia casa.
No es despiste. Es algo más.
Mira, todo el mundo pierde las llaves alguna vez. Eso es normal.
Lo que no es normal es perderlas todos los días. Perderlas y perder también el móvil, las gafas, la cartera y el cargador. No encontrar nada en tu propia casa a pesar de que vives ahí.
Si esto es tu día a día - y no solo de vez en cuando sino literalmente todos los días - hay una posibilidad que quizá no has considerado. Y es que tu cerebro tenga un problema con lo que los profesionales llaman "memoria de trabajo".
La memoria de trabajo es la que retiene la información inmediata. La que te dice "has dejado las llaves en la entrada". Si esa memoria funciona regular, las llaves desaparecen en un agujero negro en el momento en que las sueltas.
Y no es pereza. No es que "no te importa". Es que tu cerebro tiene 5 minutos que se convierten en 45 y en ese viaje temporal las llaves dejan de existir.
Esto no sustituye un diagnóstico profesional, obviamente. Pero si pierdes cosas de forma crónica y constante, hablar con un psicólogo no es mala idea. No para que te cure. Para que te explique.
Lo que medio funciona
No te voy a vender la solución perfecta porque no existe. Pero te digo lo que me ha ayudado a pasar de perder las llaves todos los días a perderlas solo tres veces por semana. Que oye, es un progreso.
Un cuenco. En la entrada de casa. Un cuenco donde van las llaves, la cartera y todo lo que llevo encima cuando entro por la puerta. No pienso dónde dejarlo. Lo suelto todo ahí. Es automático. No depende de la memoria, depende del hábito físico.
¿Es elegante? No. ¿Funciona siempre? No. Pero funciona más veces que confiar en mi memoria, que es como confiar en un WiFi de hotel.
Lo segundo: aceptar que esto es parte de cómo funciona mi cabeza. No luchar contra ello sino diseñar la vida alrededor de ello. Duplicar llaves. Tener cargadores en cada habitación. Asumir que voy a perder cosas y tener un plan B permanente.
---
Si pierdes cosas a diario y sientes que tu memoria te juega malas pasadas con una consistencia sospechosa, tengo un test de 43 preguntas sobre cómo funciona tu atención. Es gratis, tarda 5 minutos y te puede dar respuestas que llevas años buscando. Hacer el test TDAH.
Sigue leyendo
Me emociono con anuncios y películas más de lo que debería
Te emocionas con un anuncio de Navidad y piensas que eres raro. No lo eres. Tu cerebro procesa las emociones a otro volumen.
No puedo ser constante aunque quiero con todas mis fuerzas
Cada vez que empiezas algo nuevo, dura tres días. No es falta de voluntad. Tu cerebro tiene un problema de constancia que nadie te ha explicado.
Mis amigos piensan que paso de ellos pero no es verdad
Tus amigos creen que no te importan. No contestes, desapareces, olvidas cosas. Pero el problema no es que pases de ellos. Es tu cerebro.
No puedo leer más de cinco minutos seguidos (y antes sí podía)
Abres un libro, lees tres párrafos y tu cerebro ya está en otra galaxia. No has perdido inteligencia. Puede que pase algo más.