No puedo leer más de cinco minutos seguidos (y antes sí podía)
Abres un libro, lees tres párrafos y tu cerebro ya está en otra galaxia. No has perdido inteligencia. Puede que pase algo más.
Abres el libro. Lees un párrafo. Dos. Tres.
Y de repente estás pensando en qué vas a cenar. O en aquel email que no contestaste. O en si la lavadora ha terminado ya. O en por qué los flamencos se aguantan en una pata.
Vuelves a la página. Relees el párrafo. Otra vez. Y las palabras están ahí, en orden, formando frases perfectamente coherentes, pero tu cerebro las procesa como si fueran el prospecto de un ibuprofeno. Entran por los ojos y salen por ningún sitio.
Y lo peor no es eso.
Lo peor es que antes no te pasaba.
¿Cuándo dejé de poder leer?
Esa es la pregunta que te reconcome. Porque tú leías. Leías mogollón. De crío te podías tirar una tarde entera con un libro y salir de ahí sin saber qué hora era ni qué día de la semana era. Te metías en la historia y desaparecías.
Y ahora no puedes ni con cinco minutos.
No es que no te gusten los libros. Te siguen gustando. Te sigues comprando libros. Tienes una pila en la mesilla que crece más rápido que tu capacidad de leerlos. Y cada vez que miras esa pila sientes una mezcla de culpa y frustración que no le deseas a nadie.
"Si es que antes leía un libro a la semana." "Si es que antes podía estar horas concentrado." "¿Qué me pasa?"
Pues mira, te voy a decir algo que a lo mejor no te esperas: no te has vuelto tonto. No has perdido neuronas. No es que Instagram te haya fundido el cerebro (bueno, un poco sí, pero no es solo eso). Es posible que lo que te pasa tenga una explicación que no tiene nada que ver con la fuerza de voluntad.
¿Por qué me pasa esto y a los demás no?
A ver, matiz importante: a mucha más gente de la que crees le pasa. Lo que ocurre es que nadie lo dice. Porque decir "no puedo leer más de cinco minutos" suena a que eres un poco burro, ¿no? Y nadie quiere ser ese tío.
Pero piénsalo un segundo. ¿Realmente es un problema de disciplina? Porque si fuera disciplina, lo solucionarías con disciplina. Te sentarías, te obligarías a leer, y listo. Pero ya lo has intentado. Te has sentado con el libro, te has dicho "ahora sí", y a los tres minutos estabas otra vez perdido entre pensamientos que no tienen absolutamente nada que ver con lo que estás leyendo.
Imagínate una radio que cambia de emisora sola. Tú sintonizas tu programa, te acomodas, y a los dos minutos suena otra cosa. Y vuelves a sintonizar. Y vuelve a cambiar. Y otra vez. Y otra. Y al final apagas la puñetera radio porque es imposible escuchar nada entero. Pues eso es tu cabeza cuando intentas leer.
No es que no quieras. Es que todo te cuesta más de lo que debería y no entiendes por qué.
"Es que estás distraído con el móvil"
Claro, la explicación fácil. El móvil, las redes, la dopamina barata, la era de la distracción. Y sí, algo de eso hay. Pero hay un detalle que esa explicación no cubre: ¿por qué a unos les afecta más que a otros?
Porque todos vivimos en el mismo mundo de estímulos constantes. Todos tenemos el móvil al lado. Todos tenemos Netflix a un clic. Pero no todo el mundo pierde la capacidad de leer un capítulo entero. No todo el mundo abre un libro y siente que las letras resbalan como agua por un cristal.
Y te digo más. A lo mejor no es solo con los libros. A lo mejor también te pasa en conversaciones, cuando alguien te está hablando y de repente te das cuenta de que llevas treinta segundos asintiendo sin tener ni idea de lo que te están diciendo. O en el trabajo, cuando abres un documento y te quedas mirando la pantalla como si fuera una obra de arte abstracta. Tu atención funciona como un interruptor: o estás al cien por cien, o no estás.
No hay término medio.
El truco que te vendieron no funciona
"Lee veinte minutos al día." "Crea un hábito de lectura." "Pon el móvil en otra habitación." "Lee antes de dormir."
Sí, genial. ¿Y si el problema no es el entorno? ¿Y si el problema es que tu cerebro no regula la atención como el de la mayoría?
Porque eso es lo que pasa cuando la concentración no funciona como se supone que debería funcionar. Da igual el truco. Da igual la app. Da igual que te compres un Kindle, una silla ergonómica y un té de hierbas relajante. Si el mecanismo que gestiona tu atención tiene sus propias reglas, puedes cambiar todo lo de fuera y seguir exactamente igual por dentro.
Es como intentar arreglar una avería del motor limpiando la carrocería. Se queda muy bonito por fuera, pero el coche sigue sin arrancar.
¿Y si no es pereza?
Ahí está la pregunta que cambia todo.
Porque "no puedo leer" normalmente se traduce como "no me esfuerzo lo suficiente". Y con esa etiqueta encima, te pasas años intentando esforzarte más. Más disciplina. Más rutinas. Más culpa cuando no funciona.
Pero, ¿y si resulta que hay gente cuyo cerebro procesa la atención de forma diferente? ¿Y si lo que tú interpretas como pereza es en realidad un cerebro que necesita un nivel de estímulo diferente para activarse? ¿Y si hay un nombre para eso?
Porque lo hay. Y no, no te lo voy a soltar de golpe como si fuera un spoiler de serie. Solo te voy a decir que si esto te suena, si leer esto ha sido como mirarte en un espejo, si te has sentido identificado con más de tres cosas de las que llevo diciendo, quizá vale la pena explorar un poco más.
No para etiquetarte. No para tener una excusa. Sino para entender. Si esto te resuena, he escrito algo más específico sobre no poder concentrarse al leer cuando hay TDAH de por medio.
Porque cuando entiendes cómo funciona tu cerebro, dejas de pelearte con él. Y cuando dejas de pelearte con él, resulta que puedes hacer cosas que antes parecían imposibles. Incluso leer.
Hay mucha gente que no puede concentrarse en nada y lleva años pensando que es cosa suya. Que son vagos. Que les falta disciplina. Que nacieron con un defecto de fábrica.
No es eso.
Aviso importante: este post no es un diagnóstico ni pretende serlo. Si crees que algo de esto te suena, habla con un profesional de salud mental. Lo que sí puedo hacer es darte un punto de partida.
He creado un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No sustituye a un profesional, pero te da más información en 10 minutos de la que has tenido en años.
Antes de seguir buscando soluciones, quizá vale la pena saber qué está pasando.
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