Paso de necesitar a alguien a necesitar estar solo en minutos
En minutos pasas de querer compañía a necesitar que te dejen solo. No es bipolaridad. Tu cerebro regula la necesidad social de forma diferente.
Hace media hora estabas mandando mensajes a tres personas para ver quién podía quedar. Ahora estás en el sofá deseando que nadie te conteste.
No ha pasado nada. No te has enfadado. No ha habido un detonante. Simplemente tu cerebro ha decidido, sin consultarte, que se acabó la ventana social y toca estar solo.
Y lo peor no es el cambio. Lo peor es que no puedes explicarlo.
¿Por qué cambias de necesitar gente a rechazarla tan rápido?
Porque tu sistema de regulación emocional no tiene marcha intermedia. Va de "necesito contacto humano ahora mismo" a "si alguien me habla voy a explotar" sin pasar por ningún punto medio razonable.
Y no es que seas raro. Bueno, sí, un poco. Pero tiene una explicación que no es "eres inestable" ni "no sabes lo que quieres".
Es que tu cerebro procesa los estímulos sociales con una intensidad que varía salvajemente dependiendo de cuánta energía le quede. Cuando tiene energía, quiere gente. Cuando se agota, y se agota rápido, quiere silencio absoluto.
El problema es que la transición no es gradual. No hay un "estoy empezando a cansarme, mejor voy cerrando conversaciones poco a poco". No. Hay un interruptor. Y ese interruptor se mueve cuando le da la gana.
El patrón que nadie te enseñó a reconocer
Imagínate que tu batería social no es como la de un móvil, que baja progresivamente del 100 al 0. Tu batería social es como la de un portátil viejo: marca 47%, 46%, 45%, y de repente salta a 0% y se apaga sin avisar.
Eso es lo que pasa.
Estás en una conversación, en una quedada, en una llamada. Todo bien. Y de repente algo cambia. No sabes qué. Pero de un segundo a otro necesitas irte. Necesitas silencio. Necesitas que todo el mundo desaparezca durante un rato.
Y si no puedes irte, si la situación social continúa, empiezas a ponerte irritable. O a desconectar. O a contestar con monosílabos esperando que la otra persona pille la indirecta sin que tengas que decir "oye, de repente necesito que te vayas".
Que es una frase que suena fatal, pero que describes perfectamente lo que pasa dentro de tu cabeza.
¿Es que no quiero a la gente o es que mi cerebro se satura?
A ver, esto es importante.
Que necesites estar solo no significa que no quieras a la gente que tienes alrededor. Son cosas completamente distintas. Pero la culpa que sientes cuando pasas de "ven, queda conmigo" a "déjame en paz" en 40 minutos es brutal.
Porque la otra persona no entiende el cambio. Y tú tampoco sabes explicarlo.
"Es que estoy cansado" suena a excusa. "Es que necesito espacio" suena a que estás enfadado. Y la verdad, que es "mi cerebro ha agotado su capacidad de procesar estímulos sociales y necesita un reset", suena a ciencia ficción.
Pero es exactamente lo que pasa.
En adultos con TDAH, la regulación de la energía social funciona de manera diferente. No es que seas introvertido. No es que seas antisocial. Es que tu cerebro necesita más esfuerzo que el de los demás para gestionar lo que parece fácil, incluidas las interacciones sociales.
Y cuando ese esfuerzo extra acumula suficiente carga, el cerebro corta. Sin negociación.
Lo que he aprendido a hacer (que no es perfecto, pero funciona)
No te voy a engañar. No he encontrado una solución mágica para esto. Sigo teniendo días en los que mando un mensaje a las 10 de la mañana diciendo "vamos a comer" y a las 12 estoy buscando excusas para cancelar.
Pero hay algo que me ayuda: saber que va a pasar.
No intentar evitarlo. No luchar contra el cambio. Simplemente aceptar que mi ventana social tiene fecha de caducidad y planificar en función de eso.
Si sé que tengo una comida con gente, no quedo por la mañana. Si sé que tengo un día de muchas reuniones, bloqueo la tarde para estar solo. No porque sea antisocial. Porque sé que mi cerebro va a necesitar ese tiempo de recuperación.
Y lo más importante: he aprendido a no sentirme culpable por ello.
Que no es fácil. Porque cuando cancelas o te retiras pronto, la gente interpreta cosas. Pero es mejor eso que forzarte a estar en una situación social cuando tu cerebro ya ha cerrado el chiringuito, que es cuando dices cosas raras, te sale algo inapropiado o simplemente desconectas y la otra persona piensa que no te importa.
Esto no sustituye hablar con un profesional, que conste. Si esto te pasa a menudo y te está afectando a las relaciones, lo que toca es ir a un psicólogo o psiquiatra que pueda evaluar qué hay detrás. Yo hablo desde mi experiencia, no como médico.
El truco está en dejar de pedirte consistencia social
La gente consistente queda cuando dice que va a quedar, contesta cuando dice que va a contestar, y su nivel de energía social es más o menos predecible.
Tú no eres así. Y está bien.
El problema no es que cambies de opinión. El problema es que te machacas por cambiar de opinión. Y ese machaque añade una capa de culpa y vergüenza que hace que la próxima vez que necesites compañía, no pidas. Porque piensas "¿para qué, si luego voy a querer estar solo otra vez?".
Y ahí es donde se rompe la cosa. Porque acabas aislándote no por elección, sino por miedo a repetir el patrón de relaciones intensas que se apagan.
Así que mira. Si te reconoces en esto, si pasas de necesitar gente a necesitar silencio en cuestión de minutos y no sabes por qué, no te pegues por ello. Entiende cómo funciona tu cabeza y trabaja con eso, no contra eso.
---
Si esto te suena demasiado familiar y quieres entender mejor cómo funciona tu atención y tu energía, hice un test de 43 preguntas que puede darte pistas. No es un diagnóstico, pero sí un buen punto de partida. Hacer el test TDAH.
Sigue leyendo
Necesito que alguien me obligue a empezar para poder hacerlo
Si solo arrancas cuando alguien te presiona o hay una fecha límite, no eres vago. Tu cerebro necesita un empujón que no sabe generarse solo.
No puedo esperar a que llegue algo sin que me consuma la ansiedad
Cuando esperas algo bueno o malo, la ansiedad te devora. No puedes pensar en otra cosa. No es impaciencia, es algo más profundo.
La parálisis que me entra antes de empezar cualquier cosa
La tarea está ahí. El tiempo también. Y aun así, algo te frena. No es miedo ni pereza. Es un tipo de bloqueo que tiene explicación y tiene nombre.
No recuerdo si ya conté esta historia y la gente es demasiado educada para decirlo
Empiezas a contar algo y a la mitad piensas: espera, ¿ya conté esto? La cara de tu amigo dice que sí. Pero no te corta.