Guardo cosas en sitios seguros y después no las encuentro

Lo guardaste en un sitio seguro para no perderlo. Ahora no recuerdas ni el sitio ni la cosa. El sitio seguro se convirtió en tumba.

"Esto lo voy a guardar en un sitio seguro para no perderlo."

Frase famosa. Últimas palabras antes de que un objeto desaparezca de tu vida para siempre. Porque el "sitio seguro" es el mayor enemigo de las personas que pierden cosas. Es la trampa perfecta. Guardas algo con toda la intención de protegerlo y lo que consigues es enterrarlo.

Y lo peor es el momento, días o semanas después, cuando necesitas ese objeto. Sabes que lo guardaste. Recuerdas haber pensado "lo voy a poner en un sitio donde no se me pierda". Pero no recuerdas dónde. Y empiezas a buscar. Y buscas. Y buscas. En todos los cajones. En todos los armarios. Detrás de los libros. Dentro de los zapatos. Y nada.

El objeto está en un sitio seguro. Tan seguro que ni tú puedes encontrarlo.

¿Por qué no recuerdas dónde guardaste algo importante?

Porque en el momento de guardarlo, tu cerebro estaba orgulloso de sí mismo. "Mira qué bien, lo estoy guardando en un sitio especial." Y esa sensación de "problema resuelto" hizo que tu cerebro cerrara el archivo. Guardado. Hecho. Siguiente tarea.

Pero cerrar el archivo significa que no se grabó la ubicación. Se grabó la acción ("lo guardé") pero no el detalle ("en el segundo cajón del escritorio, debajo de los papeles"). Tu cerebro almacenó el resumen ejecutivo y tiró los datos.

Es exactamente lo mismo que pasa cuando pierdes cosas que tenías en la mano. Tu cerebro no registra los detalles espaciales de las acciones automáticas. Y guardar algo "en un sitio seguro" es una acción que haces en piloto automático, pensando ya en la siguiente cosa.

La paradoja del sitio seguro

El sitio seguro tiene un problema fundamental: cuanto más seguro es, más difícil es de encontrar.

Si dejas las llaves en la mesa de la entrada, las encuentras en dos segundos. Es un sitio obvio, predecible, a la vista. Pero si las guardas "en un sitio seguro" porque mañana te vas de viaje y no las quieres perder, las metes en un cajón que normalmente no usas, dentro de un sobre, detrás de unos papeles. Un sitio genial. Nadie las encontraría ahí. Incluido tú.

Y ahí está la paradoja. Cuanto más te esfuerzas por no perder algo, más probabilidades tienes de perderlo. Porque el esfuerzo implica salirse de la rutina. E irte de tu rutina significa que tu cerebro no tiene pistas para encontrarlo después.

Las cosas que dejas en sitios obvios las encuentras. Las cosas que guardas en sitios especiales desaparecen. Siempre.

El pasaporte, las escrituras y la garantía

Todo el mundo tiene una historia. La mía es el pasaporte.

Antes de un viaje, semanas antes, pensé: "Voy a guardar el pasaporte en un sitio seguro para tenerlo localizado." Y lo guardé. En un sitio perfecto. Segurísimo. Impenetrable.

El día del viaje: nada. Dos horas buscando. Di la vuelta a la casa entera. Llegué al aeropuerto por los pelos. ¿Dónde estaba? Dentro de un libro. DENTRO DE UN LIBRO. ¿Por qué? Ni idea. Mi cerebro de tres semanas antes decidió que meter el pasaporte dentro de un libro de la estantería era un plan brillante.

Y no es solo el pasaporte. Las escrituras de la casa. La garantía del ordenador. El contrato del alquiler. Papeles importantes que guardas "bien" y que luego necesitas horas para encontrar. Porque tu relación con la organización es la de alguien que intenta ser ordenado con un cerebro que no coopera.

La solución aburrida que funciona

La solución es la más aburrida del mundo: no guardar cosas en sitios seguros. Guardarlas siempre en el mismo sitio. El mismo. Siempre. Sin excepciones.

Un cajón para los documentos importantes. No "el cajón más seguro". Un cajón. El primero que se te ocurra. Y todo ahí. Pasaporte, contratos, garantías, todo. No importa que no sea el sitio perfecto. Importa que sea siempre el mismo.

Porque tu cerebro puede recordar "cajón de documentos" si lo repite cien veces. Lo que no puede recordar es "el sitio especial que elegí aquella vez que estaba siendo muy organizado".

La organización que funciona para cerebros como el nuestro no es la más sofisticada. Es la más simple. La más predecible. La más aburrida. Porque lo aburrido se repite, y lo que se repite, se recuerda.

Si el "sitio seguro" es tu cementerio personal de objetos, si todo te cuesta más de lo que debería, quizá no es que seas despistado. Quizá tu cerebro procesa la información espacial de una forma diferente. Y un profesional puede ayudarte a entenderlo y a encontrar, como mínimo, tus propias llaves.

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