Mis cambios de humor no tienen sentido ni para mí

Estás bien, y de repente no. Nadie ha dicho nada. No ha pasado nada. Pero tu estado de ánimo cambió sin previo aviso.

Estás bien. Estás trabajando. Todo fluye. Y de repente, sin que haya pasado absolutamente nada, dejas de estar bien.

No ha llegado una mala noticia. Nadie te ha dicho nada. No ha pasado nada. Pero algo dentro de ti cambió. Como si alguien hubiera girado un interruptor sin tu permiso.

Y lo que más desconcierta no es el cambio en sí. Es que no puedes explicarlo. Ni a ti ni a nadie. Si alguien te pregunta "¿qué te pasa?", no tienes respuesta. Porque no lo sabes. No hay una causa. No hay un motivo. Solo hay un antes y un después, y entre medias, nada.

¿Por qué cambia mi humor sin motivo?

A ver, lo primero: sí hay un motivo. Lo que pasa es que no es un motivo que tú puedas ver.

Tu cerebro regula las emociones con un sistema que funciona con neurotransmisores. Dopamina, serotonina, norepinefrina. Cuando ese sistema funciona bien, las fluctuaciones emocionales son suaves. Subidas graduales, bajadas graduales. Como una ola que sube y baja con calma.

Pero cuando ese sistema no regula bien, las fluctuaciones son bruscas. Subidas de golpe, bajadas de golpe. Sin previo aviso. Sin explicación lógica. Como una montaña rusa en la que te han montado sin preguntarte.

Y eso es lo que sientes. No es que seas inestable. Es que tu sistema de regulación emocional tiene un rango de movimiento mucho más amplio que el de la mayoría. Donde otros experimentan una suave variación, tú experimentas un terremoto.

La parte que nadie ve

Esto es lo que la gente no entiende.

Por fuera, a lo mejor pareces normal. O un poco callado. O un poco raro hoy. Pero por dentro estás procesando una caída emocional que no tiene causa visible y que no puedes explicar sin parecer que estás loco.

Y aprendes a disimular. Aprendes a decir "estoy bien" cuando no estás bien. Aprendes a sonreír cuando por dentro estás en modo emergencia. Porque explicar "me siento fatal pero no sé por qué" suena a excusa. Suena a drama. Y tú no quieres ser esa persona.

Pero aguantar eso cansa. Cansa mucho. Porque estás gestionando dos trabajos a la vez: el trabajo de vivir tu vida y el trabajo de esconder lo que pasa dentro de ti.

Si alguna vez eres muy sensible a la crítica y un comentario te hunde tres días, ya sabes de qué hablo. Es el mismo mecanismo. El volumen emocional al máximo, sin regulador.

¿Es ansiedad? ¿Es depresión? ¿Es algo más?

Esta es la pregunta del millón.

Porque cuando tienes cambios de humor que no entiendes, lo primero que piensas es que tienes ansiedad. O depresión. O las dos. Y a lo mejor sí. Pero a lo mejor hay algo más debajo.

Hay cerebros que no regulan bien el volumen emocional. No como un trastorno del estado de ánimo, sino como una característica de cómo procesan todo. Las emociones positivas las sienten a tope. Las negativas, a tope también. Y los cambios entre unas y otras son bruscos, rápidos, e impredecibles.

Eso se llama tener un cerebro sin regulador de volumen emocional. Y no es lo mismo que la bipolaridad ni que un trastorno del estado de ánimo clásico. Es algo más sutil, más constante, más difícil de detectar.

Yo lo viví durante años creyendo que era ansioso. Que era "muy emocional". Que era "intenso". Todas esas etiquetas que la gente te pone cuando no entiende qué te pasa. Y ninguna explicaba del todo lo que sentía. Porque lo que sentía era exactamente esto: cambios bruscos, sin motivo, sin control.

¿Y las explosiones que vienen con esto?

Muchas veces, sí. Porque cuando tu estado de ánimo cae sin previo aviso, tu tolerancia a la frustración cae con él. Y de repente explotas por cosas que a los demás no les afectan. No porque seas agresivo, sino porque tu margen emocional ya está a cero.

Es una reacción en cadena. El humor baja. La tolerancia baja. Cualquier estímulo pequeño te saca. Y la gente cree que es por eso, por el estímulo. Pero no. Es por todo lo que había debajo y que nadie veía.

A muchas personas les cuesta todo más que a los demás y creen que es porque son débiles o inestables. Pero lo que pasa es que nadie les ha explicado cómo funciona su sistema emocional.

Y la buena noticia es que cuando lo entiendes, cuando dejas de buscar el motivo externo y empiezas a entender el mecanismo interno, las cosas cambian. No desaparecen los cambios de humor. Pero dejas de sentirte loco por tenerlos.

Esto no sustituye una evaluación profesional. Si te identificas con esto, habla con un psicólogo o psiquiatra. No para que te digan lo que ya sabes, sino para que te ayuden a entender lo que todavía no sabes.

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