Nochevieja con TDAH: la fiesta que tu cerebro no sabe cuándo terminar
Son las 4AM, quieres irte desde las 12. Nochevieja con TDAH es sobreestimulación sin freno de salida. Esto es lo que pasa.
Son las 4 de la mañana. Quieres irte desde las 12.
Desde las doce y cuarto, siendo exactos. Desde que se acabaron las uvas, los abrazos, los petardos y la gente dejó de gritar "¡feliz año!" para empezar a hablar todos a la vez sobre lo rápido que ha pasado el año. Ahí ya querías irte. Pero no te fuiste.
Y ahora estás sentado en una esquina del sofá, con el vaso medio lleno de algo que ya no quieres beber, sonriendo cuando alguien te mira, asintiendo a conversaciones que dejaste de seguir hace dos horas, y preguntándote por qué narices no puedes simplemente levantarte, coger la chaqueta y decir "me voy a casa".
Bienvenido a Nochevieja con un cerebro que no tiene freno de salida.
¿Por qué no puedes irte de la fiesta aunque quieras?
Porque irte de una fiesta requiere una secuencia de decisiones ejecutivas que tu cerebro no puede procesar en ese momento.
Suena exagerado. No lo es.
Para irte necesitas: decidir que te vas, interrumpir lo que estás haciendo, comunicarlo al grupo correcto, gestionar las reacciones ("¿ya te vas?", "pero si es pronto", "venga, quédate un rato más"), buscar tu chaqueta, despedirte de cada persona sin dejarte a nadie, y ejecutar la salida sin volver a sentarte cuando alguien te dice "espera, que ahora pongo música".
Cada uno de esos pasos requiere función ejecutiva. Planificación, inhibición de impulsos, cambio de tarea. Todo lo que tu cerebro con TDAH tiene bajo mínimos a las 4 de la mañana después de horas de sobreestimulación.
Y encima hay un factor extra que nadie menciona: la inercia social. Tu cerebro con TDAH es especialmente vulnerable a quedarse pegado a la situación presente. No porque quiera quedarse, sino porque cambiar de situación requiere un esfuerzo de arranque que a esas horas simplemente no tienes. Es como intentar arrancar un coche con la batería muerta cuesta abajo. Sabes que tienes que girar la llave, pero la llave pesa 300 kilos.
El problema no es la fiesta. Es la sobreestimulación acumulada.
Nochevieja es la tormenta perfecta para un cerebro con TDAH.
Piénsalo. Llevas días, probablemente semanas, en modo Navidad: comidas, cenas, compromisos, regalos, gente, ruido, luces, azúcar, alcohol, horarios rotos, sueño irregular. Tu cerebro lleva semanas procesando el triple de estímulos de lo normal. Y Nochevieja es el gran final. El capítulo más ruidoso de la temporada más ruidosa del año.
Para cuando llegan las campanadas, tu cerebro ya está frito. Pero el entorno te dice que la fiesta acaba de empezar. Que ahora viene lo bueno. Que ahora es cuando hay que pasarlo bien.
Y tú quieres pasarlo bien. De verdad. Pero tu sistema nervioso lleva rato mandando señales de "suficiente" que no sabes interpretar. Porque no te duele nada. No estás enfermo. No estás triste. Estás saturado. Y la saturación en TDAH no se parece a la del resto. No es cansancio. Es una niebla. Una sensación de estar dentro de una pecera mirando cómo todos se divierten al otro lado del cristal.
El "modo automático social" que te deja vacío
Hay algo que haces en Nochevieja y que probablemente no sabes que haces: enmascarar.
Sonríes cuando toca. Ríes los chistes. Contestas preguntas. Participas en la conversación. Pero lo haces en piloto automático. Con el 10% de tu cerebro gestionando la interacción social y el 90% gritando por dentro "quiero mi sofá, mi manta y silencio".
Si la ansiedad social ya te complica cualquier evento, Nochevieja es el modo pesadilla. Porque no es una cena tranquila con cuatro personas. Es ruido, música, gente que va y viene, conversaciones simultáneas, y la expectativa social de que deberías estar pasándolo increíble porque es FIN DE AÑO.
Y cuanto más enmascaras, más energía gastas. Y cuanta más energía gastas, menos capacidad tienes para tomar la decisión de irte. Es un bucle. Un bucle que solo se rompe cuando te quedas dormido en el sofá a las 6 de la mañana o cuando alguien dice "venga, nos vamos" y tú te levantas como un resorte con una alegría que no puedes disimular.
Lo que pasa el 1 de enero
Te despiertas. Tarde. Con la sensación de haber corrido una maratón sin haberte movido del sofá.
No es resaca. Bueno, puede que también. Pero lo que sientes no es solo físico. Es un bajón emocional. Un vacío. Como si tu cerebro se hubiera gastado toda la serotonina disponible en una noche y ahora te pasara la factura.
El 1 de enero todo el mundo está tranquilo, comiendo sobras en el sofá, viendo películas. Y tú también estás en el sofá. Pero no estás descansando. Estás recuperándote. Que no es lo mismo.
Recuperarse de la sobreestimulación de Nochevieja con TDAH puede llevar días. No horas. Días. Días en los que tu cerebro está en modo ahorro de energía, donde todo te cuesta más, donde no quieres hablar con nadie, donde las reuniones familiares que vienen después se sienten como una segunda ronda de un combate que ya perdiste.
Tres cosas que ojalá alguien te dijera antes de Nochevieja
Planifica tu salida antes de entrar. Suena raro. Funciona. Antes de ir a la fiesta, decide a qué hora te irás. Dilo en voz alta. Díselo a alguien. "Yo a las 2 me piro." No es ser borde. Es proteger tu batería. Tener la decisión tomada de antemano elimina el paso más difícil: decidir en caliente. Y si luego a las 2 estás bien y quieres quedarte, genial. Pero la opción de salida está ahí, lista, sin negociación interna.
Sal a tomar aire cada hora. Literalmente. Al balcón, a la calle, al portal. Cinco minutos. Solo. Sin mirar el móvil. Dejas que tu sistema nervioso se regule, bajas la sobreestimulación un punto, y vuelves con algo de margen. Nadie se va a dar cuenta de que desapareciste cinco minutos. Y si se dan cuenta, les dices que fuiste a llamar a alguien. O no les dices nada. No tienes que justificar tus descansos.
El 1 de enero no hagas nada. Nada. No es pereza. Es mantenimiento. Tu cerebro necesita un día entero de baja estimulación para volver a calibrarse. Nada de planes, nada de visitas, nada de "propósitos de año nuevo" a las 10 de la mañana. El 1 de enero es día de reparación. Trátalo como tal y el 2 de enero funcionarás el doble de bien.
Tu cerebro tiene un límite. Y Nochevieja lo encuentra cada año.
No es que seas raro. No es que seas antisocial. No es que "no sepas divertirte".
Es que tu cerebro procesa cada estímulo a volumen completo mientras los demás tienen un regulador que baja la intensidad automáticamente. Tú no tienes ese regulador. Y Nochevieja es la noche con más estímulos del año entero.
Así que la próxima vez que estés a las 4 de la mañana en una esquina del sofá preguntándote qué te pasa, ya lo sabes. No te pasa nada. Le pasa a tu cerebro. Y es normal. Y se puede gestionar. Y no, no tienes que aguantar hasta las 6 para demostrar que te lo pasas bien.
Feliz año. A tu hora.
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Si cada Nochevieja te pasa lo mismo y siempre pensaste que eras el raro del grupo, quizá no es cuestión de personalidad. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender por qué tu cerebro tiene su propio horario de salida.
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