No sé cuánto tardo en prepararme y siempre calculo mal

Dices 10 minutos para ducharte y tardas 35. No es mal cálculo. Tu cerebro no mide el tiempo como crees y por eso siempre llegas tarde.

"Tardo 10 minutos en ducharme." Tardas 35. Y los 10 minutos de vestirte son 25. Y los 5 de peinarte incluyen quedarte mirando al vacío durante 12.

Pero tú sigues diciendo "me preparo en media hora". Cada mañana. Con la misma convicción. Con los mismos resultados.

Y lo mejor es que ni siquiera te parece raro. Porque llevas tantos años calculando mal que ya no sabes si calculas mal o si es que el tiempo va más rápido cuando te estás preparando. Que a lo mejor es eso. A lo mejor tu baño tiene una distorsión temporal. Igual es eso.

No es eso.

¿Por qué calculas mal el tiempo si te pasa todos los días?

A ver, esto es lo interesante. Si te pasa cada día, deberías aprender, ¿no? Deberías pensar "ayer tardé 45 minutos, hoy calculo 45 minutos". Lógica pura.

Pero no. Hoy vuelves a decir 20. Porque tu cerebro no estima en base a la experiencia. Estima en base a la versión ideal de ti mismo. Esa versión que se levanta, se ducha en 7 minutos, se viste sin pensar, coge las llaves y sale por la puerta como un agente secreto de película.

Esa versión no existe. Nunca ha existido. Pero es la que tu cabeza usa para calcular.

Y claro, la versión real es otra. La versión real se queda sentada en la cama 4 minutos mirando el móvil "solo un segundo". La versión real abre el grifo de la ducha y se queda fuera esperando a que salga caliente mientras piensa en un email que tiene que contestar. La versión real se seca y se da cuenta de que no tiene la camiseta que quería, así que abre el armario y se queda mirándolo como si fuera un museo.

Y mientras todo eso pasa, el reloj avanza. Pero tú no lo notas. Porque los bloques de tiempo muerto entre pasos no los contabilizas. No existen en tu cabeza. Son invisibles.

Los huecos invisibles que se comen tu mañana

Mira, la ducha en sí dura lo que dura. Vestirte dura lo que dura. Peinarte dura lo que dura. El problema no es ninguna de esas cosas. El problema son los huecos entre ellas.

Los minutos que pasas decidiendo qué ponerte. El rato que tardas en encontrar las llaves. La pausa de ir a buscar agua. El momento de "espera, que miro una cosa en el móvil" que dura 8 minutos sin que te des cuenta.

Esos huecos no los cuentas cuando calculas cuánto tardas. Para ti no existen. Es como si tu cerebro editara la mañana y quitara las escenas de relleno. Y tú te quedas con el montaje final: ducha, ropa, pelo, salir. 20 minutos. Perfecto.

Pero en la versión sin editar, la que pasa de verdad, hay 25 minutos extra de transiciones, decisiones pequeñas y mirar al vacío que no aparecen en ningún cálculo.

Es lo mismo que cuando sientes que el tiempo se te escapa sin hacer nada. No es que no hagas nada. Es que haces cosas que tu cerebro no registra como "hacer algo". Y el tiempo se esfuma.

No es que seas desorganizado. Es que tu cerebro mide el tiempo de otra manera.

Te lo digo por experiencia. Yo puedo estar absolutamente convencido de que llevo 15 minutos preparándome y llevar 40. Y no es exageración. Es que mi percepción del tiempo mientras estoy en modo automático es un desastre. Los minutos pasan a velocidades distintas según lo que esté haciendo.

Si estoy concentrado en algo que me interesa, una hora dura 10 minutos. Si estoy esperando a que cargue algo, 30 segundos duran una hora. Y prepararse por la mañana cae en la primera categoría, porque mi cerebro va saltando de micro-tarea en micro-tarea sin notar las pausas.

Y esto es algo que le pasa a mucha gente que tiene un cerebro que no regula bien la atención. El concepto se llama "ceguera temporal". No es un término inventado. Es la dificultad real para percibir cuánto tiempo ha pasado y cuánto queda. Y en personas con TDAH, esto es especialmente frecuente. El DSM-5 lo mete dentro de las dificultades con la función ejecutiva: planificación, gestión del tiempo, organización.

No lo digo como diagnóstico, que no soy médico. Lo digo porque si esto te pasa cada mañana y no entiendes por qué, igual merece la pena hablarlo con un profesional que pueda evaluarte como toca.

El resultado: siempre llegas tarde aunque "saliste bien de tiempo"

Y aquí está el bucle completo. Calculas mal cuánto tardas en prepararte. Sales tarde. Llegas tarde. Te frustras. Te prometes que mañana sales antes. Mañana calculas mal otra vez.

Es exactamente lo que pasa cuando siempre llegas tarde aunque sales pronto. No es un problema de motivación. No es que no te importe. Es que la estimación del tiempo está rota desde la base, y ninguna cantidad de buenas intenciones arregla un cálculo que tu cerebro no sabe hacer.

Y no, ponerte la alarma 10 minutos antes no funciona. Porque tu cerebro dice "tengo 10 minutos extra, bien" y se los gasta en mirar el móvil. No ganas tiempo. Ganas relleno.

Lo que sí funciona (a veces)

No te voy a engañar. No hay un truco que arregle la ceguera temporal de un día para otro. Pero hay cosas que ayudan.

La primera: cronometrar de verdad cuánto tardas. Sin trampa. Cronómetro desde que te levantas hasta que sales por la puerta. Tres días seguidos. El número que salga te va a sorprender. Y ese número es el real. No el que tú crees. Ese.

La segunda: dejar de calcular por actividades y empezar a calcular por bloques. No "ducha 10, ropa 5, desayuno 10". Eso no funciona porque no cuenta los huecos. Mejor: "desde que me levanto hasta que salgo son 55 minutos". Un solo bloque. Sin desglosar. Porque el desglose es donde tu cerebro miente.

Y la tercera, que parece broma pero no lo es: preparar todo la noche anterior. Ropa fuera. Llaves en el mismo sitio. Mochila lista. Cuantas menos decisiones por la mañana, menos huecos invisibles. Y menos huecos, menos tiempo fantasma.

No es que te cueste todo más que a los demás porque seas peor. Es que tu cerebro necesita menos puntos de decisión para funcionar a primera hora. Ya te digo, parece una tontería, pero la diferencia es brutal.

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