No rindo en el trabajo aunque quiero y sé que puedo
Sabes que puedes rendir más. Lo has demostrado antes. Pero hay semanas enteras en las que no rindes y no entiendes por qué.
Sabes que puedes. Lo has demostrado. Hay días en los que has sacado un proyecto entero en una tarde, has resuelto un problema que llevaba semanas atascado, has impresionado a tu jefe sin despeinarte.
Y luego hay semanas en las que no puedes ni con un email.
No es que no quieras. Quieres. Llegas por la mañana, abres el portátil, te sientas, miras la lista de tareas y... nada. Tu cerebro se queda en punto muerto. Como un coche que arranca, suena bien, pero cuando metes primera no avanza.
¿Por qué unos días eres un crack y otros un desastre?
Mira, esto es lo que me volvía loco a mí. Porque si fuera siempre malo, pues vale. Pensaría que no valgo y punto. Pero es que no es siempre. Hay días en los que rindes como un animal. Y eso te confunde más que si nunca rindieras.
Porque te demuestra que puedes. Y entonces la pregunta obvia es: si puedo, ¿por qué no lo hago siempre?
La respuesta corta: porque tu rendimiento no depende de tu voluntad. Depende de un montón de factores que no controlas. El nivel de estimulación de la tarea. La presión del momento. Si has dormido bien, mal o regular. Si la tarea es nueva o es la misma de siempre. Si hay alguien mirando o no.
Y la respuesta larga tiene que ver con cómo tu cerebro gestiona la dopamina y la motivación. Pero vamos por partes.
El mito de "es que no te esfuerzas lo suficiente"
Imagina que tienes un compañero de trabajo. El tío llega, se sienta, abre su hoja de Excel, y trabaja. Tres horas seguidas. Sin levantar la cabeza. Sin abrir Twitter. Sin irse a por su cuarto café. Simplemente trabaja.
Y tú le miras y piensas: ¿qué tiene este tío que no tengo yo?
Pues te lo digo: tiene un cerebro que le permite arrancar sin necesitar una descarga de adrenalina. Su sistema de activación funciona con gasolina normal. El tuyo necesita nitrógeno líquido o nada.
No es que te esfuerces menos. Es que tu cerebro necesita más combustible para hacer el mismo trabajo. Y cuando ese combustible no está, da igual cuánto te sientes en la silla. Esa sensación de que todo te cuesta más que a los demás no es una invención. Es real.
Lo que nadie te cuenta sobre el rendimiento inconsistente
La inconsistencia es la parte que más duele. Porque si fueras consistentemente malo, al menos podrías buscar un trabajo más fácil o algo. Pero no eres malo. Eres impredecible.
Unos días vuelas. Otros te arrastras. Y no hay un patrón claro que puedas seguir. No es "los lunes bien y los viernes mal". Es completamente aleatorio. Como una ruleta.
Y lo peor es cómo te afecta a nivel emocional. Porque empiezas a desconfiar de ti mismo. "¿Puedo comprometerme con este proyecto? No sé. Depende del día." Y cuando no puedes confiar en tu propio rendimiento, todo se vuelve estresante. Cada deadline es una lotería. Cada promesa que haces es un acto de fe.
Si alguna vez has sentido que no puedes terminar lo que empiezas en el trabajo, no es falta de compromiso. Es que tu motor funciona con un combustible que no siempre está disponible.
La parálisis de la silla
A mí me pasaba algo muy concreto. Me sentaba, abría el documento, y me quedaba mirando la pantalla. No haciendo nada. No procrastinando activamente. Solo ahí. Paralizado.
Y por fuera parecía que estaba trabajando. Estaba sentado, el portátil abierto, cara de concentración. Pero por dentro mi cerebro estaba en huelga. Como esos empleados que van a la oficina pero no trabajan. Presentismo cerebral.
Lo más frustrante es que sabía perfectamente lo que tenía que hacer. No era un problema de no saber. Era un problema de no poder arrancar. Como si entre el "quiero hacerlo" y el "lo estoy haciendo" hubiera un muro invisible que no podía saltar.
Y cuanto más tiempo pasaba sin arrancar, más culpa sentía. Y cuanta más culpa, más paralizado. El ciclo perfecto.
¿Y si hay algo detrás que no sabes?
A ver, te voy a ser directo.
Si esto te pasa de vez en cuando, es normal. Todo el mundo tiene días malos. Pero si es un patrón que se repite semana tras semana, mes tras mes. Si llevas años con la sensación de que tienes un potencial que no consigues aprovechar. Si tu rendimiento parece completamente desconectado de tu voluntad...
Hay algo que se llama TDAH. Y en adultos no siempre parece hiperactividad. A veces parece exactamente esto: una persona inteligente que no consigue rendir de forma consistente y que no entiende por qué.
No te estoy diciendo que sea tu caso. No soy médico y esto no sustituye una evaluación con un profesional. Pero te digo que cuando yo descubrí que mi cerebro funcionaba así, dejé de pensar que era un vago. Y empecé a buscar soluciones que realmente encajaran con cómo funciono.
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