No puedo ver la tele sin hacer otra cosa a la vez: móvil, comer, hablar

Si ves la tele y necesitas el móvil, comer o hablar a la vez, no es adicción a las pantallas. Tu cerebro necesita más estímulo del que una sola cosa le da.

Estoy en el sofá. Peli puesta. Manta. Palomitas. El plan perfecto de viernes por la noche.

Y a los diez minutos ya tengo el móvil en la mano.

No porque la peli sea mala. No porque me hayan escrito algo importante. No porque sea un maleducado. Simplemente mi cerebro ha decidido que una sola fuente de información no es suficiente. Y me ha pedido más. Sin preguntar.

Mi novia me mira. "¿Estás viendo la peli o no?" Y yo le digo que sí, que la estoy viendo. Y es verdad. A medias. Porque estoy viendo la peli, leyendo Twitter, pensando en si mañana tengo que comprar huevos y preguntándome por qué el actor ese me suena de otra cosa. Todo a la vez. Todo al 40% de capacidad. Nada al 100%.

Y lo gracioso es que si me quitas el móvil, no me concentro más. Me concentro menos. Porque ahora mi cerebro busca otro estímulo y el que encuentra es la etiqueta del cojín, o un hilo suelto de la manta, o esa manchita en el techo que parece un perro.

¿Por qué no puedo hacer una sola cosa a la vez?

Esto me pasa con todo, no solo con la tele.

Si como, necesito ver un vídeo. Si veo un vídeo, necesito comer algo. Si estoy en una reunión, estoy dibujando. Si estoy hablando por teléfono, estoy andando por la casa como un animal enjaulado.

Y lo he intentado. De verdad que lo he intentado. He probado a sentarme a ver una peli sin el móvil. Sin comida. Sin nada más. Solo la peli. Como hace la gente normal.

Duré siete minutos. Los conté.

Es como pedirle a un motor que vaya a 20 por hora por una autopista vacía. Puede. Técnicamente puede. Pero todo su diseño le está gritando que vaya más rápido. Y si lo frenas demasiado, empieza a traquetear.

Pues mi cabeza hace eso. Traquetea. Si no le doy estímulo suficiente, empieza a buscarlo por su cuenta. Y lo encuentra. Siempre lo encuentra. El problema es que lo que encuentra no suele ser lo que yo quería estar haciendo.

Alguien me dijo una vez: "Es que necesitas estimulación constante para funcionar". Y yo le contesté que no, que eso sonaba a excusa. Pero tenía razón. No es una excusa. Es una descripción.

¿Esto le pasa a todo el mundo?

A ver. Todo el mundo mira el móvil de vez en cuando. Todo el mundo se distrae. Eso es normal.

Lo que no es normal es que no puedas. Que no sea una elección. Que lo intentes con todas tus fuerzas y a los pocos minutos tu cerebro haya escapado de la cárcel sin que te des cuenta.

Porque una cosa es elegir mirar el móvil mientras ves la tele. Y otra cosa es darte cuenta de que llevas diez minutos leyendo un artículo sobre la historia del microondas y no tienes ni idea de cómo has llegado ahí. La peli sigue sonando de fondo. Te has perdido tres escenas. Y no sabes cuándo dejaste de prestar atención.

Eso no es distracción casual. Eso es tu atención funcionando con reglas propias que nadie te ha explicado.

Y lo peor es que te sientes mal. Porque si estás con alguien, parece que pasas de la persona. Si estás solo, parece que no eres capaz de disfrutar de nada sin meter ruido extra. Y en ambos casos piensas: "¿Qué me pasa? ¿Por qué no puedo simplemente estar?"

¿Y si el problema no es la tele?

Mira, yo estuve años pensando que era un problema de fuerza de voluntad. Que si me esforzaba lo suficiente podría sentarme a ver una película entera sin tocar el móvil. Como hace mi novia. Como hace mi madre. Como hace, aparentemente, todo el mundo.

Pero la fuerza de voluntad es un recurso finito. Y cuando la gastas entera en no mirar el teléfono durante una peli, no te queda para nada más. Es como usar todo el presupuesto de un mes en pagar la luz. Sí, tienes luz. Pero no tienes para comer.

La cosa es que esto me pasa con absolutamente cualquier cosa. No solo con la tele. Con el trabajo, con las conversaciones, con leer un libro. Mi cerebro necesita más de un canal abierto para funcionar. Si solo le doy uno, se aburre y se va.

Y no, no es que sea impaciente. No es que "la generación de las pantallas" me haya arruinado la atención. Es algo más de fondo. Algo que estaba ahí antes de que existieran los smartphones.

Porque me acuerdo de crío. En clase. Pintando en el margen del cuaderno mientras el profesor hablaba. Y resulta que escuchaba mejor cuando pintaba. No peor. Mejor. Porque el dibujo le daba a mi cerebro ese mínimo de estimulación extra que necesitaba para que la parte de escuchar funcionase.

¿Tiene nombre esta historia?

Pues sí.

Lo que yo tengo se llama TDAH. Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. Y una de sus cosas menos conocidas es que tu cerebro tiene un umbral de estimulación más alto que el de la mayoría de la gente. Necesita más input para activarse. Más estímulo para encenderse. Y cuando no lo tiene, se busca la vida.

Por eso la tele sola no basta. Por eso una sola conversación a veces no basta. Por eso te distraes con cualquier cosa que aparezca en tu campo de visión o en tu campo mental.

No es un defecto de carácter. Es neurología. Tu cerebro produce menos dopamina de la que necesita para mantener la atención en cosas que no le resultan intensas. Y busca esa dopamina donde puede. En el móvil. En la comida. En otra conversación simultánea. En la etiqueta del puñetero cojín.

Esto no es algo que yo me haya inventado. El DSM-5 lo describe como un déficit en la regulación de la atención. No es que no tengas atención. Es que no la controlas. Va donde le da la gana, cuando le da la gana.

Y eso tiene muchas consecuencias. Pero la que me jode más es la culpa. Porque llevas años pensando que eres maleducado, que eres adicto al móvil, que no sabes estar presente. Y resulta que es tu cerebro funcionando con un sistema operativo diferente al que te enseñaron a usar.

Esto no sustituye un diagnóstico profesional. Si sospechas que puedes tener TDAH, habla con un psicólogo o psiquiatra. Pero si quieres un punto de partida, lo que sigue puede ayudarte.

¿Y ahora qué hago con esto?

Mira, no te voy a decir que dejes de usar el móvil mientras ves la tele. Porque probablemente no puedas. Y forzarte solo te va a generar más frustración.

Lo que sí te digo es que hay una razón por la que todo te cuesta más que a los demás. Y entender esa razón es el primer paso para dejar de pelearte contigo mismo.

A mí, saber que mi cerebro funciona así no me curó. No dejé de hacer multitarea en el sofá de la noche a la mañana. Pero dejé de sentirme mal por hacerlo. Y empecé a buscar formas de trabajar con mi cerebro en vez de contra él.

Si algo de lo que acabo de contar te ha sonado demasiado familiar, no lo ignores. No pienses "bueno, esto le pasa a todo el mundo". Porque no le pasa a todo el mundo. No así.

Si llevas tiempo sospechando que tu cabeza funciona con otras reglas, hice un test con 43 preguntas que puedes hacer en 10 minutos. No es un diagnóstico. Es un punto de partida para dejar de culparte y empezar a entenderte.

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