No puedo seguir un podcast más de 10 minutos sin perderme
Escuchas, escuchas, y de repente llevas 5 minutos pensando en otra cosa. No es falta de interés. Tu cerebro tiene un modo de procesar el audio que nadie te ha explicado.
Pones el podcast. Un tema que te interesa. Un invitado que quieres escuchar.
Y a los doce minutos estás pensando en si tienes que llamar a tu madre o en aquella vez en el cole que te caíste delante de toda la clase.
No tienes ni idea de qué ha dicho el podcast en los últimos tres minutos.
¿Por qué no puedo seguir un podcast más de 10 minutos?
A ver, empecemos por lo que no es.
No es que el podcast sea aburrido. Porque esto te pasa con todos. Con el que te encanta, con el que llevas semanas esperando, con el del tío que dices que es el mejor creador de contenido del mundo. Exactamente igual. Doce minutos. A otro sitio.
Y tampoco es que no te interese el tema. Porque eso también lo sé yo. Si no te interesara, no lo pondrías. Lo pondrías y lo quitarías. Pero no, ahí estás, escuchándolo en bucle porque sigues queriendo pillarlo y no puedes.
Lo que pasa es algo distinto. Algo que tiene que ver con cómo tu cerebro procesa la información que entra por el oído.
El audio es lo más exigente que le puedes pedir a un cerebro disperso. Cuando lees, el texto está ahí. Si te pierdes, vuelves dos líneas arriba. Cuando ves un vídeo, tienes la imagen como ancla. Pero el audio es una línea que no para. No espera. No repite. No te deja rellenar los huecos. Si te has ido tres frases, ya no hay forma de volver sin perder el hilo del todo.
Es como intentar seguir una conversación mientras alguien te habla a un ritmo fijo y sin pausa. Si en algún momento desconectas, ya está. El tren ha salido y no hay siguiente parada.
El problema no eres tú. Es la sincronización.
Tu cabeza no va en modo lineal. Va en modo... otro.
Mientras el podcast dice una cosa, tu cerebro ya está procesando lo que acaba de decir, haciendo asociaciones con algo que viviste hace tres años, generando una pregunta, y de paso recordándote que no has comido. Todo a la vez. Y en un momento dado, una de esas ramas se lleva toda la atención. Y el podcast sigue. Y tú ya no estás.
Es como si tuvieras 40 pestañas abiertas en el navegador y el podcast fuera la 41. Puede que empiece siendo la principal, pero en cuanto alguna de las otras hace algo interesante, el cerebro se va para allá sin pedirte permiso.
No lo decides. No es que elijas pensar en otra cosa. Es que tu atención funciona con sus propias reglas. Va donde encuentra más estímulo, más novedad, más tensión. Y si el podcast en ese momento no gana esa competición interna, lo pierdes.
Así de sencillo. Así de frustrante.
El momento de "espera, ¿qué he perdido?"
El momento más puñetero de todo esto no es el de desconectar.
Es el de darte cuenta de que has desconectado.
Porque hay un instante en el que algo del podcast te devuelve a la realidad. Una frase. Una palabra. Un cambio de voz. Y tu cerebro vuelve y dice: "Oye, ¿cuándo nos fuimos? ¿Qué me he perdido? ¿Esto tiene que ver con lo de antes o ya vamos por otra cosa?"
Y luego tienes que decidir: ¿retrocedo 3 minutos o sigo y confío en que pillo el hilo? Si retrocedes, vuelves a escuchar lo mismo que sí escuchaste y te dices que esta vez vas a estar atento de verdad. Y claro, dura como otros cuatro minutos. Y si sigues, estás escuchando algo sin contexto y tampoco te entera de nada.
Es perder de las dos formas. Es lo que hay.
Y encima, como te pasa con los podcasts, también te pasa en conversaciones reales. Si quieres ver hasta qué punto pierdes el hilo en las conversaciones y qué hay detrás de eso, eso ya es otra historia. Pero las dos cosas vienen del mismo sitio.
¿Tengo menos concentración que los demás?
Esa es la pregunta que te estás haciendo. Y la respuesta no es exactamente "sí".
No es que tengas menos concentración. Es que tu concentración se distribuye de forma distinta. Los cerebros neurotípicos tienen algo parecido a un filtro: cogen el estímulo principal y mandan el resto al fondo. El podcast entra, las demás cosas se quedan en segundo plano, la atención se mantiene.
Ese filtro, en muchos cerebros dispersos, no funciona igual. No es que no filtre. Es que filtra por cosas distintas. Por novedad. Por urgencia. Por carga emocional. Y si el podcast no tiene alguna de esas tres cosas en el momento exacto en que la atención empieza a flotar, el filtro deja pasar otra cosa y ya está.
No te estoy hablando de falta de esfuerzo. Te estoy hablando de un mecanismo de regulación que funciona con otras reglas. Y esto, por lo que me cuentan y por lo que yo mismo he vivido, es uno de los patrones más claros en gente que luego descubre que le cuesta todo más que a los demás sin saber por qué.
Cosas que a mí me funcionan (sin garantías)
Mira, no te voy a dar el sistema perfecto porque no existe. Pero hay cosas que le dan al cerebro un poco más de grip con el audio.
La primera es hacer algo con las manos mientras escuchas. Fregar, doblar ropa, dibujar tonterías, pasear. No algo que requiera pensar, sino algo físico y automático. Eso mantiene la parte motora ocupada y paradójicamente deja más espacio para el audio. Cuando estoy quieto es cuando peor me va.
La segunda es ir con las notas abiertas. Escribir una palabra clave cada vez que aparece algo que me llama la atención. No para tomar apuntes, sino como ancla. El acto de escribir obliga al cerebro a procesar lo que acaba de escuchar y eso interrumpe el drift antes de que se vaya demasiado lejos.
La tercera, y esta suena rara, es poner el podcast un poco más rápido. Al 1.2x o al 1.5x. La velocidad extra le da al cerebro menos tiempo para aburrirse entre frase y frase. Menos gaps, menos oportunidades de escaparse.
No es magia. No siempre funciona. Pero cuando funciona, funciona.
Ah, y si tienes el mismo problema con la lectura, que el texto tampoco dura más de cinco minutos antes de que el cerebro se vaya, eso también tiene explicación. No puedo leer más de cinco minutos lo exploro por separado porque merece su propio espacio.
Quizá no es que no puedas. Es que nadie te ha explicado cómo funciona tu cabeza.
Lo que describes, ese desconectar automático, ese perder el hilo sin querer, ese volver a la realidad sin saber cuándo te fuiste, no es un vicio. No es una debilidad de carácter. Es un patrón que tiene nombre en muchos casos.
Puede que tu cerebro necesite más que el promedio para mantener la atención en algo que no le da estímulo continuo. Y eso no es un fallo moral. Es información.
Eso sí, esto no lo digo como diagnóstico. Soy alguien con TDAH diagnosticado que habla de su experiencia, no un profesional de la salud. Si te suena demasiado familiar todo esto, el paso siguiente no es buscar más trucos en internet. Es hablar con alguien que pueda evaluarlo de verdad.
Y si quieres un punto de partida antes de eso, un sitio donde entender si lo que describes encaja con ciertos patrones:
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