No puedo seguir una dieta más de una semana
El lunes arranco motivado, el miércoles empiezo a improvisar y el domingo ya estoy cenando pizza. Siempre igual.
Lunes. Arroz integral, pollo a la plancha, ensalada. Tupper preparado desde el domingo. Me siento bien. Organizado. Sano. Como alguien que tiene su vida bajo control.
Martes. Igual que el lunes pero con salmón. He bebido dos litros de agua. He dicho que no a un bollo en la cafetería. Soy un guerrero de la nutrición.
Miércoles. Se me olvidó hacer el tupper anoche. Improvisar en la cocina a las dos de la tarde con hambre. Pasta con lo que había. No es ideal pero bueno, mañana vuelvo.
Jueves. Mañana vuelvo.
Viernes. He cenado pizza y un helado. No sé muy bien cómo he llegado aquí.
Sábado. "El lunes empiezo otra vez."
Y así llevo desde que tengo uso de razón. He hecho dieta baja en carbs. He hecho ayuno intermitente. He hecho meal prep. He comprado libros de cocina saludable. He pagado nutricionistas. He descargado apps que cuentan calorías, macros, micronutrientes, hasta la dirección del viento si hiciera falta.
Nada dura más de una semana. Diez días como mucho, si hay luna llena y mercurio está en retrogrado y me pilla de buen humor.
¿Es que no tengo fuerza de voluntad?
Eso es lo que me decía a mí mismo cada vez. "No tienes disciplina. No quieres lo suficiente. Si de verdad te importara, lo harías."
Pero la fuerza de voluntad es un recurso limitado. No es infinito. Es como la batería de un móvil. Cada decisión que tomas durante el día gasta un poco. ¿Qué desayuno? ¿Cómo preparo la comida? ¿Eso puedo comerlo o no? ¿Cuántos gramos de esto? ¿Esto tiene azúcar? Y para cuando llegas a la cena, la batería está al 3% y tu cerebro te dice "pizza" y tú le dices "vale".
Ahora imagina que tu batería de fuerza de voluntad ya empieza el día medio vacía. Porque la has gastado en acordarte de las llaves, en no perder el autobús, en concentrarte en una reunión de trabajo que no te interesaba, en no abrir YouTube cada vez que te aburres. Para cuando llegas a decidir qué cenar, no te queda nada. Cero. Cualquier cosa que requiera esfuerzo mental es demasiado.
Y eso es exactamente lo que me pasa. Mi cerebro gasta tanta energía en las cosas que para otros son automáticas, que para cuando toca decidir sobre comida, no le quedan recursos. La dieta es la primera víctima porque es la decisión que menos consecuencias inmediatas tiene. No comer sano hoy no duele hoy. Duele dentro de seis meses. Y mi cerebro no entiende dentro de seis meses.
¿Por qué la comida es tan difícil de controlar?
Porque la comida es dopamina instantánea.
Un plato de arroz integral con pollo te alimenta, pero a nivel de placer inmediato es un cinco sobre diez. Una pizza son nueve. Un helado, diez. Y un cerebro que va hambriento de dopamina todo el día - como el mío, que tiene TDAH - va a elegir el diez cada vez que pueda. No por gula. Por supervivencia neurológica.
Es como pedirle a alguien con sed que elija entre un vaso de agua y una Coca-Cola helada. Sí, el agua es mejor. Pero la Coca-Cola es más satisfactoria ahora mismo. Y "ahora mismo" es el único marco temporal que mi cerebro reconoce.
Esto no lo digo para justificar cenar pizza cada viernes. Lo digo para explicar por qué es tan difícil. Porque cuando entiendes el mecanismo, puedes diseñar alrededor de él en vez de luchar contra él.
¿Hay alguna forma de comer mejor sin depender de la motivación?
La que me funciona a mí es eliminar decisiones.
No "elegir mejor". Eliminar la elección. Si abro la nevera y hay pizza y ensalada, voy a elegir pizza. Siempre. No importa cuánta fuerza de voluntad tenga. Así que la solución no es tener más fuerza de voluntad. Es no tener pizza en la nevera.
Suena simplista, lo sé. Pero funciona. Si en mi casa solo hay comida razonablemente sana, voy a comer razonablemente sano. No porque sea disciplinado. Porque no hay otra opción. Mi yo del supermercado tiene que ser el adulto responsable para que mi yo de las diez de la noche pueda ser el desastre que es sin consecuencias graves.
Lo otro que me ha funcionado: comer lo mismo. Sí, lo mismo. No cada día, pero tener un menú semanal que se repite. Lunes esto, martes aquello, miércoles lo otro. Sin pensar. Sin decidir. Como la rutina matutina: cuantas menos decisiones, mejor.
Y no me refiero a un meal prep de domingo con 14 tuppers perfectamente etiquetados. Eso funciona en Instagram, no en mi cocina. Me refiero a saber que los lunes como arroz con pollo, los martes pasta con verduras, y los miércoles lo que sobre. Simple. Feo. Repetitivo. Pero sostenible. Porque sostenible es lo único que importa cuando tu cerebro abandona todo lo que no sea fácil.
Y lo tercero: perdonarme cuando fallo. Porque voy a fallar. Es inevitable. Un viernes voy a cenar pizza. Un sábado voy a comer chocolate. Y antes, eso era el fin. "Ya la he cagado, para qué seguir." Ahora es un viernes de pizza y un sábado normal. Un fallo no es un derrumbe. Es un viernes. Mantener algo más de dos semanas requiere este tipo de flexibilidad. Sin ella, cada error te devuelve al punto cero.
¿Y si siempre has sido así?
Si siempre has empezado dietas con la mejor intención y siempre se han deshecho antes de la segunda semana. Si no puedes resistir la tentación de comer lo que no toca aunque acabes de prometerte que no lo harías. Si sientes que tu relación con la comida es una batalla constante que estás perdiendo.
Puede que no sea falta de disciplina. Puede que tu cerebro procese la recompensa de forma diferente. El TDAH afecta directamente al sistema de recompensa y a la capacidad de priorizar consecuencias a largo plazo sobre gratificaciones inmediatas. Y la comida es el campo de batalla perfecto para eso.
Si no puedes dormir a la misma hora
Yo dejé de intentar ser una persona de dieta. Me convertí en una persona que come más o menos bien la mayoría de los días, con algunos viernes de pizza. Y eso es infinitamente mejor que el ciclo de intentar, fallar, castigarme y volver a intentar. Porque ese ciclo no solo no funciona. Te hace sentir que eres un fracaso. Y no lo eres. Solo tienes un cerebro que necesita otro enfoque.
La nutrición perfecta no existe para nadie. Pero la nutrición sostenible sí. Y para alguien con un cerebro que abandona todo lo que es difícil, sostenible significa simple. Significa repetitivo. Significa no depender de la motivación del lunes para comer bien el jueves. Y eso, paradójicamente, es lo más inteligente que puedes hacer por tu salud.
Esto no sustituye el consejo de un nutricionista ni de un profesional de salud mental. Si sospechas que hay algo más detrás, consulta.
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Si te identificas con esto y quieres entender mejor qué pasa en tu cerebro, tengo un test de TDAH de 43 preguntas basado en escalas clínicas. No es un diagnóstico, pero te ayuda a conectar puntos. 10 minutos.
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