Me cuesta confiar en la gente aunque quiera abrirme
Quieres confiar, quieres abrirte, pero algo en tu cabeza frena siempre. No es desconfianza. Es un cerebro que aprendió a protegerse de la única forma que sabe.
Quieres confiar. De verdad que quieres. No es que no te interese la gente ni que pienses que todo el mundo va a hacerte daño. Es algo más sutil.
Es que cada vez que empiezas a abrirte, algo dentro de ti activa una alarma. Como si tu cerebro dijera "cuidado, la última vez que te abriste salió mal, mejor cerrar el chiringuito".
Y cierras. Sin decidirlo conscientemente. Sin un motivo claro. Simplemente notas cómo te retiras un paso justo cuando estabas empezando a acercarte.
¿Por qué te cuesta confiar si no te ha pasado nada grave?
A ver, que a lo mejor sí te ha pasado. Pero muchas veces la desconfianza no viene de un trauma gigante. Viene de la acumulación de pequeñas cosas.
Años de sentir que eras el raro del grupo. Años de que la gente no entendiera por qué te olvidabas de cosas importantes, por qué cancelabas planes, por qué de repente desaparecías. Años de explicaciones que no terminaban de cuadrar porque ni tú sabías por qué hacías lo que hacías.
Y todo eso, poco a poco, te enseñó algo: "Si la gente me conoce de verdad, no le va a gustar lo que encuentre".
Porque durante mucho tiempo tu experiencia fue esa. Conocer gente, mostrar cómo eres realmente, y que la reacción fuera confusión, frustración o alejamiento. No por maldad. Simplemente porque tu forma de funcionar es distinta y eso genera fricción en las relaciones.
Y tu cerebro, que es muy listo para los patrones, registró: "Abrirse = problema. Mejor no abrirse".
El muro invisible que construyes sin darte cuenta
Imagínate una casa con una puerta muy pesada. La puerta no está cerrada con llave. Pero pesa tanto que solo la abre alguien muy decidido. La mayoría de la gente se acerca, empuja un poco, ve que no cede, y se va.
Pues tú eres esa casa.
No rechazas a la gente activamente. No eres hostil. No dices "no me fío de ti". Pero hay algo en tu forma de interactuar que mantiene a todo el mundo a una distancia prudencial. Compartes hasta cierto punto. Te involucras hasta cierto nivel. Y ahí se queda.
Y la gente que te rodea lo nota. No saben qué es, pero lo notan. "Es buen tío pero nunca terminas de conocerle." "Es maja pero tiene algo que no te deja acercarte del todo."
Y tú, desde dentro, estás deseando que alguien empuje la puerta con suficiente fuerza. Pero también tienes terror de que lo haga.
La conexión entre la confianza y el TDAH que nadie te explica
Pues mira, hay un patrón aquí que encaja bastante bien con lo que se sabe sobre adultos con TDAH.
La disforia sensible al rechazo. Que suena a invento, pero que los investigadores llevan años documentando. Básicamente: si tu cerebro es hipersensible al rechazo, aunque sea percibido y no real, cada interacción social se convierte en un campo de minas.
Y tu respuesta natural a un campo de minas es una de dos: o evitas el campo por completo (no te abres), o corres a toda velocidad esperando no pisar ninguna (te abres demasiado rápido, te vuelcas, y luego te arrepientes).
No hay término medio. Y los dos extremos dificultan la confianza.
Esto no es algo que me invente. Es un componente reconocido del TDAH en adultos, aunque no aparezca en los criterios diagnósticos formales del DSM-5. La comunidad clínica lleva años trabajando con ello.
Lo que me ayuda (que no es confiar más, es confiar distinto)
No te voy a engañar. No he "superado" esto. Sigo teniendo que trabajar activamente para no cerrarme con la gente que me importa.
Pero he aprendido algo: el problema no es la confianza. El problema es la velocidad.
O confío al 100% desde el minuto uno (y luego me arrepiento), o no confío nada (y la relación se estanca). El trabajo está en encontrar velocidades intermedias. Confiar un poco. Ver qué pasa. Confiar un poco más. Ir avanzando sin que el cerebro active la alarma.
Es lo mismo que pasa con las relaciones que empiezan muy intensas y luego se apagan. El patrón de todo o nada. La intensidad sin regulación.
Y entender que tu cerebro funciona así no te arregla la confianza. Pero te quita la capa de "soy un bicho raro que no puede conectar con nadie" y la cambia por "mi sistema de regulación social funciona con otras reglas y puedo aprender a trabajar con ellas".
Si esto te está afectando a las relaciones de verdad, lo que toca es hablar con un profesional. Un psicólogo puede ayudarte a trabajar los patrones de confianza y a entender qué hay debajo. Yo hablo desde mi experiencia, no te doy más que eso.
---
Si reconoces este patrón de no poder abrirte aunque quieras y te preguntas si hay algo más, hice un test de 43 preguntas sobre atención y regulación emocional. Gratis. Sin diagnóstico. Pero con información útil para decidir si merece la pena investigar. Hacer el test TDAH.
Sigue leyendo
Empiezo a ahorrar y a las tres semanas hago una compra absurda
Abres una cuenta de ahorro, haces un presupuesto perfecto, y a las tres semanas te compras algo que no necesitas. El ciclo de siempre.
Mi cerebro sabotea cualquier hábito nuevo en menos de una semana
Empiezas motivado. A los 3 días algo falla. A la semana ya lo dejaste. Tu cerebro tiene un patrón de sabotaje. Y tiene explicación.
Cuando no tengo nada que hacer me hundo en vez de relajarme
El tiempo libre debería ser descanso. Pero tú sin tareas te sientes peor que con mil. No eres raro. Tu cerebro necesita estimulación para funcionar.
Organizo mi semana el domingo y el lunes ya está todo roto
Planificas el domingo con colores y todo. Lunes a las 10 ya nada tiene sentido. Si tu planificación semanal muere el primer día, no es tu culpa.