Mi motivación depende del día, no de la meta: hoy puedo, mañana no

Ayer estabas motivadísimo y hoy no puedes ni abrir el portátil. No es que la meta no te importe. Es que tu motivación funciona de una forma que nadie te.

Ayer te acostaste con un plan perfecto para hoy.

Ibas a levantarte a las siete. Ibas a hacer ejercicio. Ibas a avanzar en el proyecto ese que llevas semanas postergando. Ibas a contestar esos emails que tienes acumulados desde hace once días. Y lo ibas a hacer porque ayer, por alguna razón, te sentías imparable. Ayer tenías claridad. Ayer todo tenía sentido.

Hoy son las once y media y llevas dos horas mirando vídeos de cómo funciona una fábrica de bolígrafos.

No es que hayas cambiado de opinión. No es que el proyecto ya no te interese. No es que hayas decidido que hoy no. Es que tu cuerpo entero se niega a cooperar y no sabes por qué.

¿Por qué unos días puedo con todo y otros no puedo ni empezar?

Esto es lo más frustrante del mundo. Porque si fuera siempre malo, te acostumbrabas. Si fuera siempre bueno, no habría problema. Pero es la inconsistencia lo que te vuelve loco.

Un lunes puedes trabajar ocho horas seguidas sin despeinarte. El martes no puedes ni contestar un WhatsApp. El miércoles vuelves a estar a tope. El jueves es como si te hubieran desenchufado.

Y no hay patrón. No depende de cuánto dormiste. No depende de si comiste bien. No depende de si hiciste deporte. No depende de nada que puedas controlar. Es como si cada mañana alguien lanzara una moneda al aire para decidir si hoy vas a ser una persona funcional o un decorado.

Lo explico más a fondo en el post sobre la energía sin lógica: no es que no tengas energía. Es que tu energía aparece y desaparece sin pedirte permiso, sin seguir ninguna regla, sin respetar ningún calendario.

Y lo peor de todo es la culpa del martes. Porque el lunes pudiste. Y si pudiste el lunes, ¿por qué no puedes el martes? ¿Qué ha cambiado? Y como no encuentras la respuesta, la única explicación que te queda es "soy un vago". Y eso duele.

¿La motivación no debería depender de la meta?

Pues se supone que sí. Te lo han vendido así toda la vida. "Si la meta te importa de verdad, encontrarás la motivación." "La disciplina es hacer lo que tienes que hacer aunque no te apetezca." "Los ganadores no esperan a estar motivados."

Ya. Muy bonito. Pero resulta que tu cerebro no leyó ese libro.

Porque tu meta te importa. Te importa mucho. El lunes lo demostrabas. Pero hoy tu cerebro ha decidido que esa meta que ayer era lo más importante del mundo, hoy genera el mismo entusiasmo que una factura de la luz.

Es como si tuvieras un termostato emocional roto. No regula. Va de un extremo al otro. Un día estás a 40 grados de motivación, al siguiente a 3 bajo cero. Y no hay forma de ponerlo en un punto medio estable.

Y eso genera un problema gordo: no puedes confiar en ti mismo. Porque nunca sabes qué versión de ti va a aparecer mañana. ¿La versión productiva que puede con todo? ¿O la versión que necesita cuatro horas para contestar un email de tres líneas?

¿Y si el problema no es la motivación sino cómo funciona tu cerebro?

Esto me lo explicó mi psicóloga hace un tiempo y se me quedó grabado.

Hay cerebros en los que la motivación no es un sistema estable. Es un sistema reactivo. Funcionan a base de estímulos inmediatos, no de objetivos a largo plazo. O sea, tu cerebro no dice "esta meta es importante, vamos a trabajar en ella". Tu cerebro dice "¿esto me genera algo ahora mismo? No. Pues siguiente".

Y el lunes la meta te generaba algo. Una emoción. Una urgencia. Un subidón. Lo que fuera. Y el martes, el mismo proyecto, la misma meta, pero sin ese estímulo. Y sin estímulo, tu cerebro no arranca.

Es lo que cuento en el post sobre necesitar algo nuevo para sentirse vivo: tu sistema de motivación no funciona con gasolina normal. Funciona con gasolina premium. Y esa gasolina premium se llama dopamina, no disciplina.

Cuando hay dopamina suficiente, puedes con todo. Cuando no la hay, no puedes con nada. Y la cantidad de dopamina disponible cambia cada día sin que tú decidas nada al respecto.

¿Se puede vivir con una motivación que va y viene?

Sí. Pero necesitas cambiar las reglas del juego.

Lo primero es dejar de planificar como si fueras una persona constante. Si tu motivación fluctúa, tu sistema tiene que funcionar con fluctuaciones. Los días buenos, mete caña. Los días malos, haz lo mínimo para no perder inercia. No intentes que todos los días sean iguales. Nunca lo van a ser.

Lo segundo es dejar de castigarte por los días malos. Un día malo después de un día bueno no borra el día bueno. No significa que estés retrocediendo. Significa que tu sistema funciona así y necesitas aprender a surfear la ola en vez de enfadarte con el océano.

Y lo tercero, lo incómodo: si la inconsistencia es tan extrema que afecta a tu trabajo, tus relaciones y tu autoestima, quizá no sea un tema de actitud. Quizá sea un tema de cómo está cableado tu cerebro. Porque cuando entiendes por qué te cuesta todo más que a los demás, dejas de buscar la solución en la fuerza de voluntad y empiezas a buscarla en el sitio correcto.

Esto no es un diagnóstico ni sustituye a un profesional. Pero si llevas años sin entender por qué tu motivación funciona como una montaña rusa, puede que la respuesta no esté en un libro de productividad. Puede que esté en una consulta.

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