Me agoto más de pensar que de hacer cosas
No has hecho nada en todo el día pero estás reventado. No eres débil. Tu cerebro gasta más energía que el de la mayoría y nadie te lo dijo.
No he movido un dedo en todo el día. Literalmente. No he salido de casa. No he hecho ejercicio. No he trabajado. No he hecho nada.
Y estoy agotado.
Agotado de verdad. Como si hubiera corrido una maratón. Pero la maratón ha sido dentro de mi cabeza. Y esa maratón no viene con medalla, solo con culpa por estar cansado sin haber "hecho nada".
¿Cómo puedes estar cansado si no has hecho nada?
Porque sí has hecho algo. Has pensado. Sin parar. Durante horas.
Has pensado en lo que tendrías que haber hecho hoy. En lo que deberías hacer mañana. En ese proyecto que llevas posponiendo. En esa conversación que tuviste hace tres días y que sigues analizando. En las cuatro decisiones pendientes que llevan semanas sin tomarse. En las 87 posibilidades de cada decisión. En los escenarios buenos. En los malos. En los catastróficos.
Todo eso consume energía. Mucha. Más de la que te imaginas.
Tu cerebro pesa más o menos un kilo y medio y consume el 20% de toda tu energía. Eso en un cerebro que funciona de manera estándar. En un cerebro que no para de pensar, de saltar de un tema a otro, de generar escenarios, de analizar, de preocuparse, ese porcentaje sube.
Y tú lo sientes como cansancio. Porque lo es.
¿No será ansiedad?
Puede ser. No descarto nada. La ansiedad agota. Eso está clarisimo.
Pero pregúntate esto: ¿solo piensas cuando estás preocupado, o piensas todo el rato?
Porque si piensas todo el rato, si tu cabeza es como un navegador con 347 pestañas abiertas que nunca se cierran, si incluso cuando estás relajado tu mente sigue saltando de un tema a otro, entonces puede que no sea solo ansiedad.
Es como tener un procesador que no para nunca. No elige cuándo encenderse y cuándo apagarse. Está siempre encendido. Siempre procesando. Y cuanto más procesa, más energía gasta. Y cuanta más energía gasta, menos te queda para hacer cosas reales.
El resultado: estás reventado sin haber hecho nada visible. Y la gente te mira raro porque "¿de qué estás cansado si no has hecho nada?"
De pensar, tío. De pensar sin parar.
¿Tiene esto que ver con el TDAH?
Directamente.
El TDAH no es solo hiperactividad física. En adultos, muchas veces la hiperactividad es mental. Es un cerebro que genera pensamientos constantemente, que no puede estar en silencio, que salta de tema en tema como un mono en una selva de ideas.
Y eso agota. Porque cada pensamiento consume energía. Y si tienes 50 pensamientos por minuto en vez de 10, gastas cinco veces más energía sin haber movido un músculo.
Según el DSM-5, la hiperactividad mental, incluida la incapacidad de "apagar" la mente, es uno de los síntomas del TDAH en adultos que más pasa desapercibido. Porque no se ve. No es un niño saltando. Es un adulto sentado en un sofá con la mirada perdida que por dentro está corriendo una maratón mental.
No es un diagnóstico, esto. Si te suena familiar, ve a un profesional. De verdad.
¿Por qué esto me pasa más que a los demás?
Porque tu cerebro no filtra bien.
La mayoría de cerebros tienen un filtro que decide qué pensamientos merecen atención y cuáles se descartan. Ese filtro se llama función ejecutiva. Y en un cerebro con TDAH, ese filtro funciona regular.
Resultado: todo llega. Todo se procesa. Todo se analiza. No hay priorización. No hay "esto puede esperar". Todo es ahora. Todo es importante. Todo requiere energía.
Es como ir a un buffet libre donde no puedes elegir qué comer. Te comes todo. Y luego estás tan lleno que no puedes ni moverte. Pero en vez de comida, son pensamientos. Y en vez de estar lleno, estás agotado.
Y esto no es algo que puedas resolver con "pensar menos". Decirle a alguien con hiperactividad mental que piense menos es como decirle a alguien con miopía que vea mejor. No funciona así.
Lo que sí funciona es externalizar. Sacar los pensamientos de la cabeza y ponerlos en algún sitio. Papel, app, nota de voz, lo que sea. Porque un pensamiento dentro de la cabeza consume energía constantemente. Un pensamiento apuntado en un papel se puede olvidar tranquilamente. Y olvidar es descanso.
Eso es algo que la gente que se siente vaga pero sabe que no lo es entiende perfectamente. No eres vago. Estás quemado de procesar sin parar. Son cosas muy diferentes.
Desde que empecé a volcar todo fuera de mi cabeza, el cansancio mental bajó. No desapareció. Pero bajó. Y todo me sigue costando más que a los demás, pero al menos entiendo por qué. Ya te digo.
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