No puedo parar de comprar cosas con TDAH y no son las rebajas
La compra compulsiva con TDAH no es capricho ni falta de control. Es tu cerebro buscando dopamina con la tarjeta. Y tiene solución.
Amazon a las 2 de la madrugada. Una cesta con un humidificador ultrasónico, una funda de pasaporte de cuero italiano y un kit de supervivencia que incluye un silbato. No necesitas nada de eso. Lo sabes. Pero el dedo ya ha tocado "Añadir al carrito" tres veces y tu tarjeta está sufriendo un ataque de pánico.
No son las rebajas. No es el Black Friday. Es un martes cualquiera.
Y mañana vas a recibir tres paquetes, vas a mirarlos con cara de "¿yo pedí esto?" y vas a sentir esa mezcla rara entre vergüenza y vacío que solo entiende quien lo ha vivido.
¿La compra compulsiva es un síntoma de TDAH?
No es un síntoma oficial como la inatención o la hiperactividad. No sale en los manuales con un asterisco al lado. Pero pregúntale a cualquier persona con TDAH y te va a contar historias de compras que parecen ficción.
La cosa funciona así: tu cerebro necesita dopamina. La dopamina es el neurotransmisor que te dice "esto merece la pena, sigue haciendo esto". En un cerebro neurotípico, la dopamina aparece con cosas normales. Terminar un informe. Hacer ejercicio. Cocinar algo decente.
En un cerebro con TDAH, esas cosas no generan suficiente dopamina. Tu cerebro las mira como quien mira un plato de brócoli hervido sin sal. Técnicamente es comida. Pero no le hace ni caso.
¿Sabes qué sí genera dopamina instantánea? Comprar.
El clic. La novedad. El paquete llegando. Esa ventana de "Tu pedido ha sido enviado" que te produce más satisfacción que cualquier cosa que hayas hecho en las últimas ocho horas. Es un chute rápido, fácil, disponible las 24 horas.
Y tu cerebro no es tonto. Aprende rápido que el carrito de Amazon a las 3 de la mañana es la máquina de dopamina más accesible del mundo.
¿Por qué pasa más de noche?
Porque de noche se juntan todos los ingredientes del desastre.
Tu función ejecutiva, que ya durante el día va justita, por la noche está bajo mínimos. La capacidad de decir "no necesito esto" requiere autocontrol. Y el autocontrol es un recurso limitado que se gasta durante el día.
A las 2 de la mañana tu cerebro está aburrido, cansado, buscando estímulo, y sin el filtro que frena las decisiones impulsivas. Es la combinación perfecta.
Por eso tantas personas con TDAH tienen historias de compras impulsivas nocturnas que a la mañana siguiente no tienen ningún sentido. Porque las hiciste con el cerebro en modo piloto automático, buscando dopamina como quien busca agua en el desierto.
No es que seas irresponsable. Es que tu cerebro tiene sed y la tarjeta de crédito es el grifo más cercano.
¿Es solo con compras online?
Ojalá.
También pasa en tiendas físicas. En el Ikea donde entras a por velas y sales con una estantería, una planta y un peluche de tiburón. En el supermercado donde ibas a por leche y el carrito pesa 40 kilos. En la gasolinera donde de alguna forma has comprado unas gafas de sol.
Pero las compras online lo han puesto en modo difícil. Porque las barreras han desaparecido. Antes tenías que coger el coche, ir a la tienda, hacer cola. Ahora el obstáculo entre "qué bonito" y "comprado" es un dedo y 0,3 segundos.
Amazon, Aliexpress, Wallapop, Vinted. Todo diseñado para que comprar sea tan fácil como respirar. Y para un cerebro que ya tiene problemas con el control de impulsos, eso es como poner una fuente de chocolate al lado de alguien que está intentando no picar entre horas.
¿Y el arrepentimiento?
Eso es lo que la gente no entiende.
No es que compres y te quedes tan ancho. Al revés. Muchas veces el arrepentimiento llega antes de que llegue el paquete. A los veinte minutos. A veces a los cinco.
Se llama "resaca de dopamina". El chute dura lo que dura el clic. Después viene el bajón. Y con el bajón viene la culpa, la vergüenza, la sensación de "otra vez lo he hecho".
Y aquí es donde se pone feo. Porque la culpa y la vergüenza generan malestar. Y tu cerebro, para tapar ese malestar, busca otro chute de dopamina. ¿Y qué hace? Comprar otra cosa. Es un ciclo que se retroalimenta como una lavadora a la que no le puedes dar al stop.
No es que no tengas fuerza de voluntad. Es que estás luchando contra la química de tu propio cerebro con las manos atadas.
¿Qué puedes hacer sin tirarte al drama?
Primero: entender que no eres una persona sin control. Tienes un cerebro que regula mal la dopamina. Eso no te convierte en irresponsable. Te convierte en alguien que necesita estrategias distintas a las que funcionan para el resto.
Segundo: poner barreras físicas. Borrar la tarjeta guardada de Amazon. Desinstalar apps de compras del móvil. Activar la regla de las 48 horas: metes algo en el carrito, pero no compras hasta que pasen dos días. Si a los dos días sigues queriéndolo, adelante. Spoiler: el 80% de las veces ya ni te acuerdas.
Tercero: buscar dopamina por otros sitios. Ejercicio, proyectos creativos, socializar, cualquier cosa que le dé a tu cerebro lo que necesita sin destrozar tu cuenta corriente. No es magia. Es redirigir el hambre hacia algo que no te deje en números rojos.
Y cuarto: si el patrón es grave y te está generando deuda real, háblalo con un profesional. Alguien que entienda que la compra compulsiva con TDAH no se soluciona con "ten más cuidado" igual que la miopía no se soluciona con "mira más fuerte".
No es un capricho. Es neurología.
La próxima vez que te mires el extracto bancario y sientas vergüenza, recuerda esto: tu cerebro funciona diferente. No peor. Diferente. Y ese diferente incluye buscar dopamina donde la encuentra. No es falta de carácter. No es que seas derrochador. Es un cerebro que necesita entenderse para dejar de sabotearse.
Y una vez que lo entiendes, puedes hacer algo al respecto. No desde la culpa. Desde la información.
Que es siempre mejor punto de partida.
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