No puedo mantener un hobby más de tres meses: colecciono abandonos

Empiezas hobbies con pasión y los dejas a los tres meses. No eres inconstante. Tu cerebro necesita novedad para funcionar.

Tengo una guitarra en la esquina del salón con una capa de polvo que le daría vergüenza hasta a un mueble de Ikea.

La compré hace dos años. Con su funda, su afinador, su capo, sus púas de distintos grosores porque "soy exigente con el sonido" (spoiler: no sé distinguir una púa de 0.73mm de una de 0.88mm, pero compré las dos). Me apunté a un curso online. Practiqué todos los días durante seis semanas. Aprendí los acordes básicos. Toqué Wonderwall cuarenta y siete veces. Y de repente, una mañana, miré la guitarra y sentí la misma conexión emocional que con el tendedero de la ropa.

Antes de la guitarra fue el dibujo. Cuaderno Moleskine nuevo, set de rotuladores Sakura, vídeos de YouTube sobre perspectiva y proporción humana. Dos meses. Ahora el cuaderno está en un cajón con quince páginas usadas de ciento ochenta.

Antes del dibujo fue la cocina japonesa. Cuchillo santoku, esterilla de bambú para sushi, salsa de soja oscura importada directamente de un sitio que encontré en Reddit. Un mes y medio. Ahora la esterilla de bambú sujeta una planta en la estantería.

La lista sigue. Running, fotografía, ajedrez, bonsáis, acuarelas, programación de juegos, senderismo, meditación. Cada uno con su inversión inicial, su periodo de luna de miel, y su abandono silencioso.

¿Por qué no puedo quedarme con un hobby?

Porque tu cerebro no se engancha al hobby. Se engancha a la novedad del hobby.

Piensa en las primeras citas de una relación. Todo es nuevo. Todo es descubrimiento. Cada conversación revela algo que no sabías. Cada momento tiene un brillo especial. Estás enganchado no a la persona (todavía no la conoces lo suficiente), sino a la sensación de descubrirla.

Pero llega un momento en que ya la conoces. Sabes qué le gusta, qué no le gusta, cómo reacciona, qué te va a decir. Y la mayoría de la gente transiciona del enamoramiento al amor. Del subidón a la estabilidad. Y están bien ahí.

Tu cerebro no hace esa transición. Tu cerebro se queda enganchado al enamoramiento. Y cuando el enamoramiento se acaba, interpreta que la relación se ha acabado. Aunque no sea así. Aunque el hobby siga siendo bueno. Aunque la guitarra siga sonando igual de bien.

Es exactamente lo que pasa cuando sientes que cada nuevo proyecto es el definitivo hasta que no lo es. Cada hobby nuevo es "tu gran pasión". Hasta que deja de ser nueva.

¿Qué se siente al dejar un hobby?

No se siente como una decisión. Eso es lo que la gente no entiende.

Nadie se sienta un día y dice "he decidido dejar la guitarra". No funciona así. Lo que pasa es que un día no practicas. Y al siguiente tampoco. Y al siguiente piensas "mañana". Y pasan dos semanas y la guitarra sigue en la esquina y tú sigues diciendo "mañana". Y hay un momento, que no puedes señalar con precisión, en el que ya sabes que no vas a volver. Pero no lo admites. Dejas la guitarra ahí como un trofeo de algo que fue.

Y entonces viene la culpa. "He gastado 300 euros en una guitarra que no uso." "He gastado 80 euros en rotuladores que están en un cajón." "He gastado meses de mi vida en cosas que no he terminado." Y cada hobby abandonado se convierte en una prueba más de que eres inconstante. De que no puedes comprometerte. De que empiezas todo y no terminas nada.

El trastero de mi casa parece un museo de intereses fugaces. Un monumento a los entusiasmos que no duraron.

¿Hay gente que mantiene hobbies toda la vida? ¿Cómo?

Sí, la hay. Y durante mucho tiempo pensé que simplemente querían más que yo. Que eran más apasionados, más disciplinados, más constantes.

Pero no es eso. Lo que tienen es un cerebro que les sigue dando recompensa por hacer algo que ya conocen. Un cerebro que encuentra satisfacción en mejorar gradualmente. En la repetición con pequeñas variaciones. En el progreso lento pero sostenido.

El mío necesita progreso rápido y evidente. Cuando el progreso se ralentiza, la recompensa desaparece. Y sin recompensa, mi cerebro dice "esto ya no tiene valor" aunque objetivamente sí lo tenga.

Y eso no solo pasa con hobbies. Mi motivación tiene fecha de caducidad para prácticamente todo. Proyectos, rutinas, relaciones, hábitos. Todo tiene un temporizador que yo no controlo.

¿Es un defecto o es algo más?

Mira, te cuento lo que me pasó a mí.

Fui al psiquiatra por temas de concentración y acabé hablando de la guitarra. Le conté la lista de hobbies abandonados. La guitarra, el dibujo, la cocina japonesa, todo. Y no se sorprendió. Me dijo que era uno de los patrones más comunes y menos reconocidos del TDAH.

TDAH. No como falta de atención solamente. Sino como un cerebro que regula la dopamina de forma diferente. Que necesita novedad para generar la motivación que otros cerebros generan automáticamente. Que cuando la novedad se acaba, la motivación se va con ella. No porque no te importe. Sino porque tu cerebro deja de producir el combustible que necesita para que te importe.

Descubrir por qué me costaba todo más que a los demás, incluido mantener un hobby más de tres meses, fue entender que no soy inconstante. Tengo un cerebro que se alimenta de la curva de aprendizaje. Y cuando la curva se aplana, el cerebro se apaga.

No lo elegí. Pero ahora que lo sé, al menos he dejado de comprar guitarras nuevas pensando que la próxima será la que de verdad toque. El problema nunca fue la guitarra.

Esto no sustituye una evaluación profesional. Si coleccionas abandonos y te frustras por ello, habla con un psicólogo o psiquiatra.

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