No puedo hacer la llamada que llevo días posponiendo
Llevas tres días con el número en la pantalla y no puedes llamar. No es vagancia. No es descuido. Y tiene una explicación que nadie te ha dado.
Tienes el número guardado en el teléfono desde hace tres días.
Lo abres. Miras el nombre. Cierras. Repites mañana.
No es que no quieras llamar. Es que cada vez que intentas marcar ese número, algo en tu cabeza dice "ahora no". Y el problema es que "ahora no" se convierte en mañana. Y mañana en la semana que viene. Y la semana que viene en ese nudo en el estómago que aparece cada vez que ves el nombre en la pantalla.
¿Por qué posponer una llamada se siente tan imposible?
A ver, vamos a quitarle el drama un momento.
Desde fuera, parece una tontería. Es una llamada. Marcas, hablas, cuelgas. Dos minutos, diez como mucho. No tiene ningún peligro real. No te va a pasar nada. Y sin embargo tu cerebro lo trata como si fuera quitarle una muela a un oso despierto.
El resultado es que llevas días dando vueltas a algo que podrías resolver en el tiempo que tardas en hacerte un café.
Y lo sabes. Eso es lo que más duele. Que eres perfectamente consciente de que estás montando un problema de la nada, y aun así no puedes parar.
Esto no es vagancia. La vagancia tiene una pinta muy concreta: es no querer hacer algo y quedarte tan ancho. Sin culpa. Sin ese bucle mental de "tengo que llamar, tengo que llamar, me digo que llamo mañana, sé que no voy a llamar mañana".
Lo que tú tienes se parece más a estar en bucle. Con el freno de mano puesto. Queriendo arrancar y sin poder.
La parálisis que nadie te explica
Hay una cosa que pasa con ciertas tareas que parece irracional pero tiene una lógica muy concreta.
No todas las tareas cuestan igual. Hay algunas que haces sin pensar. Te piden algo por WhatsApp y contestas en el momento. Mandas un email sin pestañear. Pero hay otras tareas que tienen algo diferente: son abiertas, son sociales, tienen un componente de "no sé exactamente cómo va a ir esto".
Una llamada es la tormenta perfecta de todo eso.
No sabes exactamente cuánto va a durar. No puedes borrar lo que dices. No puedes releer antes de enviar. Hay otro ser humano al otro lado que puede reaccionar de formas que no controlas. Y encima, si la has estado posponiendo unos días, ahora también tienes la presión de tener que explicar por qué no habías llamado antes.
Pues tu cerebro, que es muy eficiente eligiendo qué no hacer, detecta todo eso y dice: "Demasiadas variables. Paso."
Y lo hace cada vez. Con cada apertura de la app. Con cada vez que ves el nombre. Hasta que la tarea pesa el triple de lo que debería, porque lleva días acumulando el peso de no haberla hecho.
Es una cosa que explico en el post sobre la parálisis que me entra antes de empezar: no es que la tarea sea objetivamente difícil. Es que tu cerebro la ha procesado como una amenaza, y ya no hay argumento racional que valga.
El truco del "lo hago ahora mismo" que no funciona
El consejo típico que se da para esto es "hazlo ya, sin pensar".
Y parece lógico. Si la estás posponiendo, la solución es dejar de posponerla. Coges el teléfono y marcas. Fin.
El problema es que ese consejo asume que el único obstáculo es la decisión. Que si decides hacerlo, lo haces. Y hay un tipo de cerebro para el que eso funciona bastante bien.
Para el resto de nosotros, no tanto.
Porque la decisión ya la tomaste. La tomaste hace tres días. La tomaste esta mañana. La tomaste hace media hora cuando abriste el teléfono y cerraste sin llamar. No es un problema de decisión. Es un problema de ejecución. De que entre "quiero hacer esto" y "lo estoy haciendo" hay algo que no conecta.
O sea, imagínate que tienes un coche al que le das a la llave y el motor gira pero no enciende. Y tú ahí, dale que dale, pensando que si lo intentas una vez más va a arrancar. Pero no arranca. Y el problema no es la fuerza con la que giras la llave. El problema es algo dentro del motor que no puedes ver desde el asiento.
Eso es lo que pasa cuando te dices "venga, ahora sí" y tu cerebro dice no.
¿Y si no es un problema de ganas?
Hay una pregunta que me parece clave y que muy poca gente se hace.
¿Y si el patrón de posponer no tiene que ver con vagancia ni con descuido, sino con cómo procesa tu cerebro la información?
Porque lo que describes, si me lo dejas llamar así, no es un capricho. Es un patrón. Aparece con un tipo de tareas muy concreto: tareas con incertidumbre, tareas sociales, tareas que llevan tiempo sin hacer. Y aparece con una consistencia que ya quisiera tener en otras cosas.
No sé. A mí cuando me pasa eso, que me pasa, me ayuda entender que me cuesta todo más que a los demás en ciertos tipos de cosas. No porque sea menos capaz. Sino porque mi cerebro necesita más energía para arrancar ciertas tareas que para otras personas son automáticas.
Y eso tiene una explicación. La misma razón por la que te cuesta tanto hacer cosas que parecen simples. No es que las cosas sean complicadas. Es que hay algo en el sistema que gestiona el inicio de las tareas que no funciona de la misma manera que en otros.
Lo que sí ayuda (un poco, al menos)
Mira, no tengo una solución mágica. Te lo digo ya para que no te montes expectativas.
Pero sí hay cosas que reducen la fricción.
La primera es cambiar el formato de la tarea. Si una llamada paraliza, un mensaje de voz tiene menos variables. Si un mensaje de voz da respeto, un texto es más manejable. No es rendirse. Es encontrar la versión de la tarea que tu cerebro pueda procesar.
La segunda es reducir la ambigüedad. El problema con "tengo que llamar" es que es un blob enorme sin forma. Qué vas a decir, cuánto va a durar, qué quieres conseguir. Cuando defines eso, la tarea se vuelve más concreta. Y las cosas concretas cuestan menos.
La tercera, y esto suena muy de gurú pero es lo que mejor me funciona a mí: el momento en el que decides que vas a llamar, llamas. Sin preparativos. Sin esperar a tener más energía. Sin decirte que lo haces después de terminar lo otro. Porque "después de" es la sala de espera del nunca.
Esto no sustituye una consulta con un profesional si sientes que el patrón es constante en tu vida. Lo digo en serio. Hay cosas que se pueden trabajar mucho mejor con ayuda.
Si posponer esto es tu norma, no tu excepción
Si te has reconocido aquí, y no solo con la llamada sino con un montón de cosas que llevan semanas en la lista, quizá vale la pena preguntarse de dónde viene eso.
Hay cerebros que funcionan con reglas distintas. Que necesitan más estímulo, más urgencia, más claridad para arrancar. Que no es pereza, es regulación. Y cuando eso afecta a más cosas de las que quisieras, puede que tenga un nombre.
Si quieres un punto de partida, tengo un test de 43 preguntas. No es un diagnóstico. Es para que empieces a entender cómo funciona tu cabeza y qué preguntas llevarle a un profesional. Lo puedes hacer aquí.
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