No puedo empezar tareas que sé que son fáciles: la barrera sin sentido
Sabes que es una tarea de 2 minutos. Pero llevas días sin hacerla. No es pereza: tu cerebro necesita algo que la tarea no le da.
Es una llamada de 2 minutos. Lo sabes. Pero llevas 3 días posponiendo esa llamada como si te fuera a costar un riñón. Y no entiendes por qué.
Porque no es difícil. No es complicada. No te da miedo. No te genera ansiedad. Es llamar al dentista para cambiar una cita. Es responder un email con "sí, perfecto". Es meter la ropa en la lavadora, que literalmente es abrir una puerta, tirar ropa dentro, pulsar un botón.
Y aun así, no puedes.
Cada vez que piensas en hacerlo, algo dentro de ti dice "ahora no". No sabes qué es ese algo. No sabes por qué dice eso. Pero te obedeces. Siempre te obedeces.
Y al final del día te miras y piensas: he sido capaz de ver 14 vídeos de YouTube sobre la historia del queso manchego, pero no he podido hacer una llamada de 2 minutos. ¿Qué me pasa?
¿Por qué no puedo empezar algo que sé que es fácil?
Porque tu cerebro no funciona con lógica. Funciona con dopamina.
Y esa es la clave que nadie te explica. Tú mides las tareas por dificultad. Tu cerebro las mide por interés. Por novedad. Por urgencia. Por lo que le haga sentir algo ahora mismo.
Una tarea fácil pero aburrida es, para un cerebro con TDAH, exactamente igual de imposible que una tarea difícil y aburrida. Da igual que sean 2 minutos o 2 horas. Si no hay estímulo, no hay arranque.
Es como tener un coche cuyo motor solo enciende con gasolina premium. Tú le echas gasolina normal. Técnicamente es gasolina. Técnicamente debería funcionar. Pero el motor no arranca. Y tú ahí, dándole a la llave, pensando que el problema eres tú.
No eres tú. Es el combustible.
¿Y si no es pereza?
No es pereza. La pereza es no querer hacer algo. Tú quieres hacerlo. Te mueres por hacerlo. De hecho, te sientes fatal por no hacerlo. Piensas en ello todo el día. Gastas más energía evitándolo que la que gastarías haciéndolo.
Eso no es pereza. Eso es una barrera invisible que tu cerebro pone entre tú y la tarea. Una barrera que no tiene que ver con la voluntad ni con las ganas ni con lo fácil que sea.
Tiene que ver con cómo tu cerebro decide qué merece atención.
Y si la tarea no le da algo (urgencia, novedad, consecuencia inmediata, interés genuino), tu cerebro la archiva en la carpeta de "luego". Y luego no llega nunca. Hasta que llega la urgencia. Hasta que el dentista te llama él a ti. Hasta que el email se convierte en problema. Hasta que la ropa huele.
Entonces sí puedes. En 2 minutos. Como siempre supiste.
El problema de las tareas "pequeñas"
Lo peor de esto es que nadie te entiende.
Porque si le dices a alguien "no puedo hacer la cama", te mira como si estuvieras de broma. Si le dices "llevo una semana sin abrir un sobre que tiene una factura dentro", se ríe. Si le dices "no puedo meterme en la ducha aunque sé que me voy a sentir mejor después", piensan que exageras.
La ducha es el ejemplo perfecto
Y luego está el debate de hacer la cama. Que parece tontería, pero esconde exactamente este mecanismo: la tarea es objetivamente fácil, pero la fricción para empezar es desproporcionada.
Las tareas pequeñas son las más traicioneras. Porque como son fáciles, no tienes excusa. No puedes decir "es que era muy difícil". No puedes decir "es que no sabía cómo". Sabes cómo. Sabes que puedes. Y no lo haces.
Y eso es lo que más duele. La culpa de no hacer algo que sabrías hacer con los ojos cerrados.
¿Qué puedes hacer con esto?
No te voy a decir que pongas alarmas. Ni que hagas listas. Ni que te motives. Si eso funcionara, ya lo habrías resuelto hace años.
Lo que sí funciona es dejar de tratar las tareas fáciles como tareas fáciles.
Tu cerebro no las ve así. Así que deja de obligarte a verlas así tú también. Acepta que para tu cerebro, "responder un email de una línea" puede tener la misma resistencia que "preparar la declaración de la renta". Y en vez de pelearte con eso, trabaja con ello.
Engaña a tu cerebro. Ponle consecuencia inmediata. Ponle novedad. Ponle compañía. Haz la llamada al dentista mientras paseas. Pon la lavadora mientras escuchas un podcast. Responde el email desde el móvil, en el sofá, porque cambiar el contexto a veces es suficiente para que tu cerebro diga "vale, esto es nuevo, esto mola".
No se trata de fuerza de voluntad. Se trata de entender las reglas del juego y dejar de jugar con las reglas de otro cerebro.
Esto no te hace vago
Si has llegado hasta aquí sintiendo que acabo de describir tu vida, necesitas escuchar esto: no eres vago. No eres inútil. No te falta disciplina.
Tienes un cerebro que necesita más para arrancar que el cerebro de la persona que te juzga. Nada más. Y nada menos.
Reconocerlo no es una excusa. Es el primer paso para dejar de castigarte por algo que no es culpa tuya.
---
Si esto te suena demasiado familiar, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No diagnostica, pero te da más información sobre cómo funciona tu cerebro que tres horas buscando en Google. 10 minutos, gratis, sin registro.
Sigue leyendo
Estoy hablando contigo pero mi cerebro ya está en otra parte
Estás en una conversación importante y tu cerebro decide irse a pensar en la ventana del baño. TDAH y conversaciones perdidas: por qué pasa y qué se siente.
La crisis de los 40 con TDAH: cuando la mitad de la vida te cae encima
Cumples 40 con TDAH y miras atrás: un historial de empezar y no terminar. La crisis de los 40 con TDAH golpea distinto. Y nadie te lo cuenta.
La playlist infinita: tu cerebro TDAH necesita banda sonora para todo
Tu cerebro TDAH necesita música para concentrarse, limpiar o ducharse. Pero a veces buscas la playlist perfecta más tiempo que el que tardas en hacer la tarea.
Los suegros y el TDAH: cuando tu familia política no entiende tu cerebro
Tu suegra piensa que eres un desastre. Tu suegro, que eres vago. Nadie te ha preguntado cómo funciona tu cerebro. Hablemos de eso.