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La crisis de los 40 con TDAH: cuando la mitad de la vida te cae encima

Cumples 40 con TDAH y miras atrás: un historial de empezar y no terminar. La crisis de los 40 con TDAH golpea distinto. Y nadie te lo cuenta.

tdah

Cumples 40. Miras atrás y ves un camino lleno de empezar y no terminar. Miras adelante y no ves nada claro.

La crisis de los 40 es universal. Todo el mundo la tiene, o la tendrá. Pero con TDAH, es demoledora.

Porque cuando una persona neurotípica llega a los 40 y hace balance, normalmente ve una línea. Con curvas, con baches, pero una línea. Un trabajo que fue creciendo. Una relación que se fue construyendo. Decisiones que fueron sumando.

Tú ves un mosaico roto. Tres carreras empezadas, dos trabajos que dejaste sin saber por qué, una idea de negocio que ibas a lanzar en 2016 y que sigue en una libreta en algún cajón. Y la sensación de que llevas 40 años corriendo en una cinta de correr: mucho esfuerzo, mismo sitio.

¿Por qué la crisis de los 40 golpea más fuerte con TDAH?

Porque se juntan dos cosas que por separado ya duelen, pero juntas son un uppercut.

La primera es la comparación. A los 40, tus amigos del instituto tienen hipotecas pagadas, puestos de director, hijos que van al cole. Y tú sigues buscando qué quieres ser de mayor. No porque seas tonto. No porque no te hayas esforzado. Sino porque tu cerebro lleva cuatro décadas cambiando de canal sin que nadie le dijera que eso tenía nombre.

La segunda es el inventario de daños. Cuando te paras a mirar todo lo que has dejado a medias, todas las relaciones que se enfriaron porque olvidaste contestar un mensaje durante tres meses, todos los proyectos que iban bien hasta que dejaron de ser nuevos y tu cerebro se fue a buscar otra cosa. Ese inventario, a los 25, cabe en un folio. A los 40, necesitas una hoja de cálculo.

Y llega el duelo por la vida que podrías haber tenido. Esa pregunta que pesa como un piano de cola: ¿qué habría pasado si alguien me hubiera diagnosticado a los 15?

¿Es crisis de los 40 o es TDAH sin diagnosticar?

Buena pregunta. Porque a veces la crisis no es de los 40. Es de toda la vida. Solo que a los 40 ya no puedes mirar hacia otro lado.

A los 20 puedes decirte que eres joven, que ya encontrarás tu camino, que la vida es larga. A los 30 puedes decirte que estás en ello, que cada uno tiene su ritmo, que ya llegará. A los 40 esas excusas se te acaban. Y lo que queda es la realidad sin filtro.

Muchos adultos con TDAH llegan al diagnóstico precisamente aquí. No porque los síntomas aparezcan a los 40, sino porque a los 40 el disfraz ya no aguanta. Las estrategias de compensación que te funcionaron durante décadas empiezan a fallar. El cuerpo no tira como antes. La paciencia de los demás se agota. Y la tuya propia, también.

Es como un coche que lleva 200.000 kilómetros sin una revisión seria. Funciona, pero hace ruidos raros, consume el doble, y un día te deja tirado en la A-2 a las siete de la mañana.

¿Y ahora qué hago con 40 años y TDAH?

Lo primero: dejar de comparar tu detrás de las cámaras con el Instagram de los demás. Tu camino no es peor. Es diferente. Y es diferente porque tu cerebro es diferente. Punto.

Lo segundo: entender que los 40 con TDAH no son un final. Son, muchas veces, un principio. Suena a frase de taza, lo sé. Pero es verdad. Porque si llegas a los 40 y por fin entiendes cómo funciona tu cabeza, tienes algo que no tenías antes: contexto.

Ya no es "soy un desastre". Es "mi cerebro funciona así, y ahora sé qué herramientas necesito".

Empezar de cero a los 40 con TDAH

¿Se puede reinventarse a los 40?

No solo se puede. Es casi obligatorio cuando tienes TDAH.

Porque la alternativa es seguir haciendo lo mismo que no te ha funcionado durante dos décadas y esperar resultados diferentes. Y eso, además de la definición clásica de locura, es agotador.

Cambiar de sector a los 35 con TDAH

Sabes que no quieres otro trabajo que te aburra a los seis meses. Sabes que no quieres otro proyecto que muera en una carpeta. Sabes que no quieres seguir fingiendo que estás bien cuando por dentro sientes que vas tres vidas por detrás de todo el mundo.

Y ese saber, esa honestidad brutal contigo mismo, es el mejor punto de partida que vas a tener en tu vida.

Los 40 no son el final de nada

Son la mitad. Con suerte, ni siquiera eso.

Lo que pasa es que con TDAH, la primera mitad suele ser un caos. Un caos creativo, intenso, a veces brillante, pero caos al fin y al cabo. Y cuando llegas a la mitad y miras atrás, es fácil pensar que la segunda mitad será más de lo mismo.

No tiene por qué.

Porque la diferencia entre la primera mitad y la segunda no es la edad. Es lo que sabes sobre ti mismo. Y si a los 40 por fin sabes que tu cerebro no es defectuoso sino que funciona con otras reglas, ya tienes más información que la que tuviste los primeros 39 años.

No te voy a decir que es fácil. No lo es. Hay días en los que cumplir 40 con TDAH se siente como llegar a una fiesta a la que todo el mundo llegó hace dos horas y ya están bailando mientras tú todavía buscas la puerta.

Pero la puerta existe. Y estás más cerca de encontrarla de lo que crees.

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