No eres vago: tienes TDAH. Mi historia con el diagnóstico
De niño empanado a 'listo pero vago', de ahí a repetir curso, y de ahí a los 28 años a un diagnóstico que lo cambió todo. Mi historia con el TDAH.
En mi expediente escolar no suspendí matemáticas. No suspendí lengua. No suspendí historia.
Suspendí gimnasia, plástica y religión.
Y con eso repetí primero de la ESO. A los 12 años. Cada vez que lo cuento la gente se ríe, porque suena a chiste. Pero es verdad, tal cual.
Te cuento esto no porque sea una anécdota graciosa. Te lo cuento porque si llevas la mitad de tu vida pensando que eres vago, probablemente tengas unas cuantas anécdotas parecidas y nadie te haya dicho nunca lo que significan.
"Es listo, pero es vago"
Esa fue la frase que escuchó mi madre en todas las reuniones con los profesores desde que tengo memoria.
"Tu niño es listo. Pero es vago."
Y lo decían con esa mezcla de resignación y reproche que tienen los profesores cuando ya se han rendido contigo pero no se atreven a decirlo. Yo me empanaba en clase. Me iba a mi mundo mientras el profesor explicaba. Tenía un desorden monumental en mis cosas. Mi madre iba a reunión de padres y sabía cuál era mi pupitre solo con mirar cuál estaba hecho un desastre.
Pero luego llegaban los exámenes.
Y al final, con un empujón de última hora, sacaba en tres días lo que en teoría tenía que haber trabajado en todo un año. Y eso, que debería haber sido una pista, se convirtió en la prueba definitiva de mi maldad: "si puedes sacarlo al final, es que no te esfuerzas el resto del tiempo".
Spoiler: no era eso.
Pero nadie me lo explicó.
Lo de gimnasia, plástica y religión tiene truco
Lo de gimnasia tiene su lógica. A mí correr nunca me ha gustado. Ya se me nota.
Lo de plástica también. Yo soy de los que ven el mundo por dentro, no por fuera. Programador. Lo mío es el código, no dibujar un bodegón.
Lo de religión es lo más absurdo. Porque yo me crié en colegio de monjas, luego de curas, he tocado en la jota aragonesa en bodas y he hecho más misas que muchos sacerdotes de pueblo. El problema no era el temario. El problema era que hacía demasiadas preguntas incómodas. Y eso a las monjas no les gustaba nada.
Repetí curso por ser demasiado curioso, básicamente.
Y aquí es donde quiero que te pares. Yo no era el niño movido de manual. No era el que se subía a las sillas. Era ese otro niño que parecía tranquilo por fuera pero que por dentro tenía un circo montado.
Cuando algo te gusta, de repente eres un crack
El cambio llegó con la FP. Grado medio de informática.
Y de repente pasé de ser un desastre a ser el que iba por delante del temario. No porque de golpe me volviera más listo. Ni porque tuviera un don especial. Simplemente, me interesaba. Me metía horas y horas a entender cómo funcionaba todo por dentro.
Ese patrón, por cierto, es de libro en TDAH. Aburrimiento mortal con lo que no te interesa, hiperfoco brutal con lo que sí. Cero términos medios.
Luego lo intenté todo. Trabajar por cuenta ajena (no pude). Emprender y arruinarme. Mudarme de país. Montar una empresa de ciberseguridad y venderla. Londres, Dubai, la única empresa en la que encajé porque su filosofía era "tú te lo guisas, tú te lo comes". Y hace unos cuatro años montar esto que estás leyendo.
Los 28 años. El amigo. La psicóloga.
El punto de inflexión de mi vida, con diferencia, fue a los 28.
Un amigo me soltó por banda: "Oye, ¿tú no te has planteado que puedas tener TDA?". Y yo me quedé mirándole como si me hubiera hablado en chino. "¿Qué es eso?". Me lo explicó un poco. Quedamos con otro colega suyo que era un TDA de manual de los gordos. Y durante esa conversación yo no paraba de pensar: "Me estás contando mi vida, tío. Literal".
Busqué una psicóloga especializada. Le conté cuatro cosas y me dijo: "Vamos a hacerte las pruebas, pero tú eres un TDA de manual".
Yo le respondí lo que le responde todo el mundo: "Pero si yo no era un niño movido. Soy más tranquilo que la hostia. ¿Cómo voy a tener TDA?".
Y aquí es donde toca explicar una cosa que mucha gente no sabe: hay dos tipos principales. El hiperactivo físico (el niño que no para quieto, el que se sube a las lámparas) y el inatento. Yo soy inatento. Mi hiperactividad es mental. Mi cabeza va a 200 por hora, y eso a veces se nota en que muevo la pierna o no paro quieto en una silla, pero el caos está ahí dentro, no ahí fuera. Si nadie sabe que existe esa versión, es imposible que la detecten.
Si quieres el formato vídeo de esto, lo tienes aquí.
Lo que me dijo la psicóloga y que me dejó roto
En una de las primeras sesiones, la psicóloga me soltó una frase que me sigue poniendo la piel de gallina cada vez que la recuerdo:
"Rubén, llevas toda la vida intentando funcionar como el resto. Y tú no funcionas como el resto. Por eso te frustras. Por eso te sientes por detrás. Por eso piensas que tienes que hacer un esfuerzo extra. Cuando la realidad es que estás desaprovechando toda tu capacidad, porque la estás usando mal".
Fue la primera vez en mi vida que alguien miró cómo funcionaba mi cerebro y me dijo que no estaba roto.
Porque yo pensaba que estaba roto.
Pensaba que algo fallaba en mí como persona. Me miraba a la gente que estudiaba tres horas cada tarde y pensaba "¿cómo puede hacer eso?". Para mí sentarme a estudiar era una tortura. Mi madre me mandaba al cuarto y me decía que no salía hasta acabar los deberes, y yo me tiraba dos horas mirando a la pared, jugando con un lápiz. Una vez en un examen acabé antes y como había tres preguntas que no me sabía, me puse a dibujar un tanque. La bronca fue épica.
Y la bronca no resolvía nada. Lo que estaba pasando es que mi cerebro, cuando algo no le pillaba, se iba a otro sitio. Punto. No era maldad ni vaguería. Era un cerebro que funcionaba con otras reglas.
Ya he contado largo el momento del diagnóstico en este otro post sobre el alivio de entender que no estás roto. Aquí lo que quiero es que te quedes con la escena: una persona, una sola, mirándome a la cara y diciéndome que no era idiota.
El resumen que necesitas si te estás reconociendo
Si llevas leyendo hasta aquí y algo te vibra por dentro, te lo voy a decir sin rodeos.
Puede que no seas vago. Puede que no seas un desastre. Puede que lleves años creyéndote una etiqueta que alguien te puso cuando tenías 10 años y que se fue quedando pegada sin que tú te dieras cuenta.
No te estoy diciendo que tengas TDAH. Yo no soy médico y tú no puedes diagnosticarte desde un post. Te estoy diciendo que merece la pena explorarlo. Ir a un profesional. Insistir si te mandan a casa, porque muchos médicos están saturados y les llega todo el mundo con la misma sospecha. Pero insiste.
Porque la diferencia entre saberlo y no saberlo es brutal.
Saberlo no arregla tu vida. Al día siguiente del diagnóstico la cocina sigue igual de desordenada. Pero cambia la narrativa. Donde había "soy un inútil", ahora hay "tengo un cerebro que funciona de otra manera y puedo construir cosas alrededor". Y con eso se puede trabajar.
Yo monté un test basado en los instrumentos de la OMS que se usan para el cribado. No es un diagnóstico, pero te da resultados que puedes llevarle a tu médico y decirle "oye, mira esto, son escalas reales, tómatelo en serio". Es un punto de partida mucho mejor que entrar diciendo "creo que tengo TDAH".
Al final del test te dejo también el manual de instrucciones del cerebro TDAH, porque lo más típico después del diagnóstico es pensar: vale, ¿y ahora qué hago con esto?.
Si llevas años pensando que eres vago y algo dentro te dice que quizá no es eso, haz el test. Diez minutos. Con lo que te salga, el siguiente paso lo decides tú.
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