Necesito estar de humor para hacer cualquier cosa y el humor nunca llega

Estás esperando el momento perfecto para empezar. El problema es que ese momento no existe y nunca va a llegar.

"Hoy no estoy de humor."

Lo digo casi todos los días. Para tareas del trabajo. Para recados. Para hacer ejercicio. Para cosas que disfruto. Para todo. Si no estoy de humor, no puedo. Y punto.

Y sé lo que parece. Parece que soy un caprichoso que solo hace cosas cuando le apetece. Que necesito que las estrellas se alineen para enviar un email. Que soy un niño de 5 años que se niega a comer la verdura.

Pero no es eso. Porque yo quiero hacer esas cosas. Quiero ser productivo. Quiero ir al gimnasio. Quiero contestar ese mensaje que lleva 4 días esperando. No es que no quiera. Es que mi cerebro necesita estar en un estado concreto para hacerlas. Y ese estado no viene bajo demanda.

¿Por qué dependes del humor para funcionar?

Porque para tu cerebro, la motivación no es una elección. Es un estado. Como estar cansado o estar despierto. No decides estar motivado igual que no decides estar despierto. Simplemente estás o no estás.

Y la gente que funciona sin necesitar "el humor adecuado" no es que sean más disciplinados. Es que su cerebro tiene un mecanismo que les permite pasar de "no me apetece" a "lo estoy haciendo" sin necesitar un estado emocional concreto. Un interruptor que se activa bajo demanda.

Tu interruptor no funciona bajo demanda. Funciona cuando se juntan suficientes condiciones: interés, urgencia, novedad, o presión externa. Si no hay ninguna de esas, el interruptor se queda apagado. Y tú te quedas esperando a que se encienda solo.

Que a veces se enciende. Y esos días haces más en 3 horas que en toda la semana. Y piensas: "¿Lo ves? Sí puedo. Solo necesitaba estar de humor." Y eso refuerza la creencia de que necesitas el humor adecuado. Y sigues esperando.

¿Cuántos días has perdido esperando el momento perfecto?

Si hiciera la cuenta, me deprimiría. En serio. Años enteros de mi vida esperando a sentirme preparado. Esperando al lunes. Esperando a después de vacaciones. Esperando a que termine este proyecto para empezar el otro. Siempre esperando.

Y el momento perfecto no llega nunca. O llega tan pocas veces que no puedes construir una vida alrededor de eso. No puedes funcionar solo los días que tu cerebro decide cooperar. Porque esos días son 3 de cada 7. Y el mundo espera que funciones los 7.

Esto se parece mucho a no poder empezar nada si no tienes ganas. No es exactamente lo mismo, pero la raíz es la misma: tu capacidad de acción depende de un estado emocional que no controlas.

Lo que "estar de humor" esconde

Detrás de "no estoy de humor" hay algo más complejo. Es una combinación de cosas que ni tú sabes separar. Un poco de falta de energía. Un poco de aversión a la tarea. Un poco de parálisis por no saber por dónde empezar. Un poco de miedo a hacerlo mal. Todo eso junto, empaquetado en una frase simple: "no estoy de humor."

Y como no puedes identificar qué es exactamente lo que te frena, no puedes solucionarlo. No sabes si necesitas descanso, o un empujón, o dividir la tarea, o hablar con alguien. Solo sabes que algo te bloquea y le pones el nombre más genérico: humor.

Es la misma razón por la que tu cerebro siempre elige la opción fácil. No es una decisión consciente. Es un patrón automático que tu cerebro repite porque funciona a corto plazo. A largo plazo te destroza, pero a corto plazo te ahorra el malestar de enfrentarte a algo que no te apetece.

¿Se puede funcionar sin esperar al humor?

Sí. Pero no con fuerza de voluntad. Porque la fuerza de voluntad es un recurso finito y si la gastas en cada tarea del día, a las 11 de la mañana estás seco.

Lo que funciona, al menos para mí, es crear compromisos externos. Quedar con alguien para ir al gimnasio. Poner una fecha de entrega a un cliente. Hacer una promesa pública. Cualquier cosa que añada una consecuencia externa al hecho de no hacerlo.

Porque mi motor interno no siempre funciona. Pero el motor externo, el de "si no lo hago quedo mal con alguien", ese funciona siempre. Es triste, pero es así. Y prefiero un sistema que funcione basado en presión externa que un sistema ideal que no funcione porque depende de que mi cerebro esté en el estado correcto.

No soy profesional de la salud. Pero si tu productividad depende al 100% de tu estado de ánimo ese día, si cuando no hay humor no hay acción, eso no es falta de disciplina. Es algo que merece una conversación con alguien que sepa de esto.

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