Me olvido de pagar facturas a tiempo y se acumulan recargos
Viste la factura, pensaste en pagarla, y no la pagaste. No es dejadez. Es un cerebro que no arranca sin urgencia. Y los recargos lo confirman.
El recibo del agua. Lo viste llegar. Pensaste "lo pago ahora". No lo pagaste. Tres semanas después tienes un recargo de 15 euros y la misma cara de sorpresa de siempre.
Como si fuera la primera vez. Pero no es la primera vez. Es la duodécima.
Y lo peor no es el recargo. Lo peor es que sabes perfectamente que pagar esa factura te lleva dos minutos. Abrir la app del banco, buscar el recibo, confirmar. Hecho. Dos minutos.
Pero esos dos minutos no existieron. No porque no tuvieras tiempo. Tuviste tiempo de sobra. No porque no supieras que estaba pendiente. Lo sabías. Sino porque tu cerebro miró esa tarea, decidió que no era urgente, y la enterró debajo de 73 cosas que tampoco eran urgentes pero que al menos le daban algo de estímulo.
Y la factura ahí. Esperando. Acumulando días y euros.
¿Por qué no pagas las facturas si tarda 2 minutos?
Pues mira, esta es la pregunta que te haces cada vez que ves el recargo. Y la respuesta que te das siempre es la misma: "soy un desastre".
Pero no es eso.
Lo que pasa es que tu cerebro no funciona con lógica de importancia. No dice "esto es importante, lo hago primero". Dice "esto me activa ahora mismo o no existe". Y pagar una factura no activa nada. No hay recompensa inmediata. No hay novedad. No hay presión. Es una tarea gris, invisible, que tu sistema de atención descarta como quien descarta un folleto de publicidad en el buzón.
Es exactamente lo mismo que pasa con esas cosas simples de 5 minutos que no puedes hacer. Sabes que son fáciles. Sabes que tardan nada. Y precisamente por eso tu cerebro las ignora. Porque no tienen suficiente peso para competir con lo que sea que esté pasando en tu cabeza en ese momento.
Y lo que sea que esté pasando puede ser literalmente nada. Puedes estar mirando el techo. Pero el techo gana. Porque mirar el techo no requiere arrancar nada, y pagar la factura sí.
El bucle del "lo hago luego" que siempre acaba en recargo
Te lo describo porque seguro que lo reconoces.
Llega la factura. La ves. Piensas "lo pago esta tarde". Esa tarde no la pagas porque estás haciendo otra cosa. Al día siguiente te acuerdas a las once de la noche cuando ya estás en la cama y dices "mañana a primera hora". Mañana a primera hora tienes 14 cosas compitiendo por tu atención y la factura se hunde al fondo.
Y cada día que pasa, la tarea pesa un poco más. Porque ya no es solo pagar. Es pagar y lidiar con el hecho de que llevas una semana sin hacerlo. Y esa capa extra de incomodidad, en vez de motivarte, te paraliza más.
Es como una bola de nieve de dejarlo para luego. Empezó con dos minutos y ahora es un pequeño monstruo emocional que prefieres no mirar.
Hasta que llega el recargo. Y entonces sí pagas. Inmediatamente. Sin pensarlo. Porque ahora hay una consecuencia real, tangible, con números rojos en la cuenta. Ahora tu cerebro tiene la urgencia que necesitaba.
15 euros de urgencia, concretamente.
No eres irresponsable. Tu cerebro prioriza con otras reglas.
Mira, hay gente que recibe la factura y la paga en el momento. Así, sin drama. Como quien respira. Y tú les miras y piensas "¿cómo lo hacen?" Como si tuvieran un superpoder que a ti no te dieron.
Pero no es un superpoder. Es que su sistema de regulación de la atención funciona de manera distinta al tuyo. Ellos pueden activarse con tareas de baja estimulación sin necesitar presión externa. Tú no. Tu cerebro necesita que las cosas ardan un poco para ponerse en marcha.
Esto es algo que le pasa a mucha más gente de la que crees. No es un defecto de carácter. No es falta de disciplina. Es un patrón muy concreto de cómo funciona la atención en ciertos cerebros, especialmente en adultos con TDAH.
Y te lo digo por experiencia: he pagado más recargos de los que me gustaría admitir. De agua, de luz, de internet, del seguro. Facturas que estaban ahí, que sabía que existían, y que mi cerebro decidió ignorar con la misma eficacia con la que ignora los mensajes de WhatsApp de hace tres semanas.
No es que no me importe. Es que mi sistema de prioridades funciona con urgencia, novedad y emoción. Y una factura del agua no tiene ninguna de las tres. Hasta que tiene recargo.
Lo que ayuda (sin pretender que sea perfecto)
No te voy a engañar: no hay un truco mágico que convierta pagar facturas en algo emocionante. Eso no existe. Pero hay cosas que reducen la probabilidad de que acabes pagando el doble.
La primera: domicilia todo lo que puedas. En serio. Si la factura se paga sola, tu cerebro no tiene que hacer nada. No hay decisión, no hay arranque, no hay nada que ignorar. El banco lo hace por ti. Es como poner el piloto automático en las tareas que sabes que vas a dejar morir si dependen de tu memoria.
La segunda: si no puedes domiciliar, pon un recordatorio con fecha exacta. No "tengo que pagar la luz". Eso es decoración mental. Un recordatorio que te salte en la cara con el importe y el enlace de pago. Que la distancia entre "me acuerdo" y "lo pago" sea cero. Porque si hay un paso intermedio, aunque sea buscar el recibo, ya perdiste.
Y la tercera, que parece una tontería pero funciona: cuando veas la factura, págala en ese instante. No "luego". No "esta tarde". Ahora. Porque "luego" es donde las facturas van a morir. Ya te digo.
Tu cerebro no va a cambiar. No va a empezar a priorizar facturas por arte de magia. Pero puedes diseñar un sistema que funcione a pesar de cómo funciona tu cerebro, no contra él.
Y eso no es hacer trampa. Es ser listo con las cartas que te han tocado.
Esto no es un diagnóstico, que no soy médico. Pero si reconoces este patrón aquí y en otras 40 áreas de tu vida, si se te olvidan citas y compromisos importantes con la misma facilidad, quizá valga la pena hablar con un profesional que pueda evaluar qué está pasando.
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