Me cuesta hacer tareas repetitivas aunque sean sencillas

El mismo informe, las mismas casillas, la misma hoja de Excel. Tu cerebro se apaga cuando lo repetitivo aparece.

El mismo informe. Cada viernes. Las mismas casillas. Los mismos datos. La misma hoja de Excel que llevas usando dos años.

Lo has hecho 87 veces. Sabes hacerlo con los ojos cerrados. Debería llevarte veinte minutos. Y sin embargo, cada viernes te lleva dos horas. Porque tu cerebro se niega a cooperar con algo que ya ha hecho antes.

No es que sea difícil. Es que es aburrido. Y para tu cerebro, aburrido es sinónimo de imposible.

¿Por qué algo tan fácil se vuelve tan difícil?

Pues mira, la respuesta es bastante simple y bastante injusta a la vez.

Tu cerebro funciona con un sistema de recompensa que necesita estímulo para activarse. Novedad, desafío, urgencia, interés. Cuando una tarea tiene eso, vuelas. Cuando no lo tiene, te arrastras.

Las tareas repetitivas son lo peor de lo peor para este tipo de cerebro. Porque no tienen novedad (ya las has hecho mil veces), no tienen desafío (son fáciles), no tienen urgencia (hasta el viernes por la tarde) y no tienen interés (es una hoja de Excel, no el descubrimiento de la penicilina).

Y claro, tu cerebro mira todo eso y dice: "Paso".

No es que no puedas. Es que tu sistema de activación necesita un mínimo de estimulación para ponerse en marcha, y las tareas repetitivas están por debajo de ese mínimo. Es como intentar arrancar un coche con una pila de reloj. No es que el coche esté roto. Es que la energía no da.

La paradoja del "si es fácil, ¿por qué no lo haces?"

Esta es la pregunta que te hacen todos. Tu jefe, tus compañeros, tu pareja. "Pero si es rellenar cuatro casillas, tío."

Ya. Lo sé. Y precisamente por eso no puedo. Porque si fuera un reto nuevo, un problema complejo, algo que requiera pensar de verdad, ahí estaría a tope. Me pondría a resolver como un poseso y no pararía hasta terminarlo.

Pero rellenar cuatro casillas que ya he rellenado cuatro mil veces es como pedirle a un piloto de Fórmula 1 que conduzca un Smart por una calle residencial a 30 por hora. Técnicamente puede. Pero su cerebro se muere de aburrimiento y empieza a hacer cosas raras.

Cuando no rindes en el trabajo aunque quieres, muchas veces no es por las tareas difíciles. Es por las fáciles. Las que se supone que deberían ser pan comido y que se convierten en tu peor enemigo.

Lo que funciona (más o menos)

No te voy a engañar. No hay una solución mágica. Pero hay trucos que me ayudan a mí.

Primero: meter variación dentro de lo repetitivo. Cambiar el orden, hacerlo en otro sitio, usar otra herramienta. Lo que sea para engañar a tu cerebro con un poco de novedad artificial.

Segundo: la presión del tiempo. Ponerme un cronómetro y retarme a hacerlo en menos tiempo que la semana pasada. Convertir la tarea aburrida en un juego contra mí mismo. Es absurdo, pero funciona. Porque le metes un componente de desafío que antes no estaba.

Tercero: aceptar que para ti va a costar más. No porque seas peor. Sino porque tu cerebro necesita más combustible para tareas de baja estimulación. Y no pasa nada por eso. Pero saberlo quita culpa.

Si te pasa también que no puedes hacer varias cosas a la vez aunque todos dicen que hay que hacerlo, tranquilo. A lo mejor el problema no es que no sepas gestionar tu tiempo. A lo mejor es que tu cerebro gestiona la estimulación de forma diferente.

¿Y si no es solo "que eres vago"?

Mira, te digo una cosa. Si solo te pasara con las tareas de trabajo, podría ser que el trabajo te aburre y punto. Pero si esto te pasa también fuera del trabajo. Si fregar los platos te cuesta horrores. Si la ropa se acumula hasta que no tienes nada limpio que ponerte. Si cualquier tarea repetitiva de tu vida se convierte en un calvario...

Hay algo que se llama TDAH. Y una de sus señales menos conocidas es exactamente esta: una dificultad brutal para sostener el esfuerzo en tareas que no estimulan al cerebro. El DSM-5 lo recoge como "dificultad para mantener la atención en tareas que no son intrínsecamente interesantes". No es pereza. Es neurología.

No te estoy diagnosticando. Esto no sustituye a un profesional. Pero si te ves reflejado en todo esto, puede que haya una explicación que nadie te ha dado. Y saberlo lo cambia todo. Porque la culpa que llevas años acumulando tiene que ver con cómo funciona tu cerebro, no con cómo eres como persona.

Hay una diferencia enorme entre las deadlines que te activan y las tareas repetitivas que te apagan. Tu cerebro no es el problema. Tu cerebro es diferente.

Si quieres empezar a entenderlo, hice un test de 43 preguntas que te da un punto de partida real. Diez minutos, gratis, sin compromiso. Hazlo aquí.

Relacionado

Sigue leyendo