Nadie lee tu newsletter y la culpa no es del email marketing
Tienes 2.000 suscriptores y abren tus emails 47 personas. El problema no es el canal. El problema es lo que mandas y cómo lo mandas.
Tienes una lista de correo. Bien. Has escuchado que es el activo más importante de un negocio online. Perfecto. Te lo crees. Genial.
Ahora mírame a los ojos y dime: ¿cuántos abren tus emails?
No cuántos suscriptores tienes. Cuántos abren. Cuántos leen. Cuántos hacen clic en algo. Cuántos responden.
Si la respuesta te da vergüenza, bienvenido al club.
Yo tuve una lista de 2.000 personas y un open rate del 12%. Eso son 240 personas abriendo el email. De esas, clicaban 15. Y compraban cero.
Dos mil personas me habían dado su email. Y yo no era capaz de que 16 hicieran clic en un enlace. El problema no era el email marketing. El problema era yo.
¿Por qué nadie abre tus emails?
Hay tres razones y las tres duelen.
La primera: tus asuntos son aburridos. "Newsletter #47" no es un asunto. Es un somnífero. "Novedades de marzo" tampoco. Tu asunto compite con 87 emails más en la bandeja de entrada de alguien que tiene 12 minutos antes de una reunión. Si tu asunto no le genera curiosidad, dolor o urgencia, no lo abre.
La segunda: mandas emails cuando te acuerdas. Una vez al mes, dos, ninguna, tres de golpe en una semana. Tu audiencia no sabe cuándo esperar tu email. No tiene hábito. Y sin hábito, no hay apertura consistente.
La tercera, y esta es la gorda: lo que mandas no interesa a nadie. Mandas actualizaciones de tu negocio como si a la gente le importara lo que has hecho esta semana. Mandas resúmenes de tus posts como si no pudieran leerlos en tu perfil. Mandas ofertas como si tu lista fuera un catálogo de Ikea.
Tu email no es para ti. Es para ellos. Y si lo que mandas no resuelve un problema, no cuenta una historia que enganche o no provoca una emoción, es ruido. Ruido educado, con buenos días y un saludo al final, pero ruido.
Lo que cambié para pasar de 12% a 45% de apertura
Empecé a escribir emails como si le escribiera a una persona. No a una lista. A una persona. Con nombre, con cara, con problemas reales.
Eso cambió todo.
Dejé de mandar "newsletters" y empecé a mandar historias. Una historia por email. Personal, concreta, con un punto al final que conectara con algo útil para el lector.
Dejé de poner asuntos descriptivos y empecé a poner asuntos que generan curiosidad. "Lo que me dijo el médico" funciona mejor que "Reflexión sobre la salud del emprendedor". Siempre.
Y empecé a mandar con consistencia. Mismo día, misma hora, todas las semanas. Sin falta. Sin excusas. La gente empezó a esperar mi email. Y cuando esperas algo, lo abres.
El open rate pasó del 12% al 45% en tres meses. No porque cambiara de herramienta ni porque comprara un curso de email marketing. Porque dejé de escribir para una lista y empecé a escribir para personas.
La newsletter como conversación, no como megáfono
Hay una diferencia brutal entre usar tu lista de correo como negocio y usar tu lista como altavoz. El altavoz grita. La conversación escucha.
Los mejores emails que he mandado son los que han empezado respondiendo a algo que me escribió un suscriptor. "Oye, me pasó esto y no sé qué hacer." Yo lo convertía en un email para toda la lista. Sin dar nombres, pero usando su problema real como punto de partida.
Eso hace que la gente responda. Y cuando la gente responde a tus emails, los proveedores de correo dejan de mandarte a spam. Más respuestas, mejor entregabilidad. Mejor entregabilidad, más aperturas. Más aperturas, más ventas.
Es un círculo virtuoso que empieza por escribir algo que alguien quiera leer. Parece una tontería, pero la mayoría de emprendedores no lo hacen. Están demasiado ocupados comparándose con otros emprendedores en LinkedIn que parece que lo hacen mejor.
El email no ha muerto, tu email ha muerto
Cada vez que alguien dice "el email marketing ya no funciona" me dan ganas de enseñarle mis números. Funciona. Funciona brutalmente bien. Pero solo si lo que mandas vale la pena de abrir.
Si nadie lee tu newsletter, no cambies de plataforma. No compres otro curso. No te pases a Substack pensando que el problema es la herramienta.
El problema es el contenido. Siempre es el contenido.
Escribe algo que te dé miedo mandar. Algo personal. Algo que no se lea como un blog post reciclado. Y mándalo. Mira los números al día siguiente.
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