Tomaste la peor decisión posible y resultó ser la mejor de tu carrera

A veces la decisión que parece un desastre total acaba siendo el punto de inflexión. Cómo los errores construyen negocios mejores.

Septiembre de 2022. Tenía un trabajo estable. Buen sueldo. Oficina en remoto. Horarios razonables. Y lo dejé.

No por un plan maestro. No porque tuviera un negocio alternativo que facturaba millones. Lo dejé porque un martes a las 3 de la tarde, después de una reunión que podría haber sido un email, sentí algo que no supe describir hasta mucho después: estaba tan cómodo que me estaba muriendo por dentro.

Todo el mundo me dijo que era una locura. Mi familia. Mis amigos. Mi contable. "Tienes un sueldo fijo, ¿por qué te arriesgas?". "¿Y si no funciona?". "¿Y si en seis meses estás peor?".

Spoiler: en seis meses estaba peor.

Bastante peor, de hecho. Facturaba menos. Trabajaba más. No tenía vacaciones. No tenía paga extra. No tenía la tranquilidad de saber que el día 28 llegaba una nómina.

Y fue la mejor decisión que he tomado en mi vida.

¿Por qué las peores decisiones son a veces las mejores?

Porque las buenas decisiones te mantienen donde estás. Las malas te fuerzan a moverte.

Cuando todo va bien, no cambias nada. ¿Para qué? El cerebro humano es una máquina de conservación de energía. Si lo que haces funciona, lo sigues haciendo. Aunque funcione a medias. Aunque funcione lo justo para no morirte pero no lo suficiente para vivir de verdad.

Las malas decisiones rompen eso. Te sacan de la zona cómoda no con una charla motivacional, sino con un golpe en la cara. Y de repente no tienes más remedio que resolver problemas que llevabas años evitando.

Yo dejé mi trabajo y me vi con tres meses de colchón financiero. Tres meses para montar algo que funcionara o volver a buscar empleo con el rabo entre las piernas. Y esa presión - esa presión real, no la de un tablero de sueños - me hizo más productivo en 90 días que en los tres años anteriores.

Aprendí a vender porque no tenía más remedio. Aprendí a crear productos porque nadie me iba a pagar una nómina. Aprendí a cobrar lo que valía porque si no, no comía.

Las decisiones que parecen correctas son las más peligrosas

Mi trabajo anterior era una decisión "correcta". Sueldo fijo, estabilidad, futuro predecible. Pero me estaba haciendo peor profesional cada día. Porque cuando no arriesgas, no aprendes. Cuando no aprendes, te estancas. Y cuando te estancas lo suficiente, cualquier cambio se vuelve aterrador.

Conozco a gente que lleva 15 años en el mismo puesto odiando su trabajo. No porque no puedan irse. Porque llevan tanto tiempo sin tomar una decisión arriesgada que ya no saben cómo hacerlo.

La zona de confort no es cómoda. Es anestesia. Y la anestesia no cura nada - solo hace que no sientas el dolor mientras el problema crece.

No estoy diciendo que tomes decisiones estúpidas

Hay una diferencia entre una decisión mala-buena y una decisión simplemente mala.

Yo dejé mi trabajo, pero tenía tres meses de ahorros. Tenía un producto medio montado. Tenía una lista de correo con 400 personas. No fue un salto al vacío - fue un salto con hoja de cálculo.

La "peor decisión" no es lanzarte sin red. Es lanzarte con una red pequeña. Incómoda. Que no te deja dormir del todo tranquilo pero que te impide matarte si te caes.

Si me hubiera tirado sin ahorros, sin producto, sin nada, eso no habría sido una mala decisión valiente. Habría sido una irresponsabilidad.

Lo que aprendí del otro lado

Dos años después de dejar ese trabajo, puedo decirte qué salió de aquella "mala decisión":

Monté 14 productos. Unos funcionaron y otros no. Pero cada uno me enseñó algo que no sabía. Creé una audiencia. No gigante, pero real. Gente que lee lo que escribo, compra lo que vendo y me dice que le ha servido. Gente de verdad, no seguidores vacíos.

Y sobre todo, aprendí que la perfección en las decisiones no existe. Que esperar al momento perfecto es otra forma de no hacer nada. Que lo imperfecto lanzado vale más que lo perfecto imaginado.

No tomé la mejor decisión posible aquel septiembre. Tomé la decisión que me obligó a convertirme en alguien que toma mejores decisiones.

Y eso vale más que cualquier sueldo fijo.

Toma la decisión que te da miedo

Si estás leyendo esto desde un trabajo que odias, desde un proyecto que no avanza, desde una situación que es "correcta" pero te está matando por dentro: la decisión que más miedo te da probablemente sea la que necesitas.

No mañana. No cuando estés preparado. No cuando los astros se alineen y un gurú te dé permiso.

Ahora. Con lo que tengas. Con la red que puedas montar en el tiempo que te queda.

Porque la peor decisión posible, a veces, es no decidir.

¿Tu TDAH está saboteando tu negocio? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y sabes dónde se te escapa el dinero.

Relacionado

Sigue leyendo