El día que entendí que facturar y cobrar no es lo mismo

Facturaste 3.000 euros. El cliente pagó a 60 días. Hacienda cobró a 30. Y tú mientras comías arroz blanco. Bienvenido.

Septiembre de 2019. Había facturado 4.200 euros ese mes. Mi mejor mes hasta la fecha. Estaba eufórico. Invité a cenar a mi padre. Le dije que las cosas iban bien. Que el negocio arrancaba.

Dos semanas después tenía 180 euros en la cuenta.

No porque hubiera gastado mucho. Sino porque de esos 4.200 euros facturados, había cobrado exactamente cero. Todos mis clientes pagaban a 30 o 60 días. Y Hacienda no espera a que te paguen para cobrarte el IVA.

Bienvenido a la diferencia entre facturar y cobrar. La lección más cara que nadie te enseña.

La factura no es dinero

Esto parece obvio cuando lo lees. Pero cuando estás empezando y mandas una factura de 1.500 euros, tu cerebro ya los cuenta como ingresados. Ya estás calculando qué puedes hacer con ese dinero. Ya estás planeando.

Y luego pasan 30 días y el cliente no ha pagado. Le escribes. Te dice que "está en proceso". Pasan 45 días. Le vuelves a escribir. "Lo paso a administración". Pasan 60 días. Ya no te contesta tan rápido.

Mientras tanto, el alquiler no espera. La luz no espera. La cuota de autónomo no espera. Nada espera excepto el que te debe dinero.

El problema de los pagos a 60 días

Cuando trabajas con empresas, el plazo de pago estándar en España es 30 o 60 días. Eso significa que el trabajo que haces en enero lo cobras en marzo. Si eres afortunado.

Pero tus gastos son mensuales. Tu alquiler es el día 1. Tu cuota de autónomos es el día último. Tus herramientas se cobran el día 15. Todo eso sale de tu cuenta en el mes en curso.

Así que si todo tu trabajo se paga a 60 días, necesitas tener dos meses de colchón permanente. Dos meses de gastos en la cuenta que no tocas nunca. Y cuando estás empezando, dos meses de colchón es ciencia ficción.

Yo tuve meses de facturar 3.000 euros y comer arroz blanco. Literalmente. No porque fuera pobre, sino porque mi dinero estaba en las facturas de otros.

Lo que aprendí a las malas

Primera lección: cobrar una parte por adelantado. Siempre. Sin excepción. El 50% antes de empezar es lo mínimo. Algunos clientes te dirán que "no es lo habitual". Pues que se acostumbren. Tú tampoco vas a la panadería y les dices que pagas a 60 días.

Segunda lección: separar la cuenta de negocio de la personal. Parece una tontería pero cambia todo. Cuando ves los números del negocio en una cuenta y los tuyos en otra, dejas de confundir facturación con dinero disponible.

Tercera lección: tener un Excel con flujo de caja. No facturación. Flujo de caja. Cuánto entra de verdad cada mes en la cuenta. Cuánto sale. Cuánto queda. Los números reales, no los bonitos.

Mi padre, que no sabe nada de negocios online, me dijo una vez: "Hijo, el dinero no existe hasta que está en tu bolsillo." Tenía razón. Mi padre tuvo que llamar a mis clientes en mi peor momento. Algo así no se olvida.

La ansiedad de la factura sin cobrar

Nadie habla de esto. De la ansiedad que genera saber que te deben dinero y no poder hacer nada. De mirar la cuenta cada mañana esperando que aparezca el ingreso. De mandar el tercer email recordatorio sintiéndote como un pesado.

La burocracia mata más negocios que la falta de clientes

He tenido clientes que me debían 2.000 euros y me pedían "un poquito más de tiempo". Mientras tanto, yo calculando si podía permitirme la compra del supermercado.

Lo que hago ahora

Cobro el 50% antes de empezar. El otro 50% al entregar, no al aprobar. Porque la aprobación puede tardar semanas y eso es otro mes sin cobrar.

Los clientes que pagan a 60 días pagan un 15% más. Si quieres mi trabajo ya pero pagarme en dos meses, hay un coste por eso. No es castigo, es compensación.

Y tengo un fondo de tres meses de gastos que no toco. Costó construirlo. Tardé un año. Pero desde que lo tengo, duermo mejor que en los últimos cinco años juntos.

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