El día que dejé de hacer contenido bonito y empecé a hacer contenido que duele

Hacía contenido precioso que no vendía nada. El día que empecé a contar la verdad incómoda, todo cambió. La historia de mi pivote de contenido.

Mis primeros vídeos eran preciosos.

Iluminación perfecta. Cortes limpios. Transiciones suaves. Música de fondo que sonaba a "este tío tiene presupuesto". Todo milimetrado. Todo cuidado. Todo profesional.

Y nadie los veía.

Bueno, miento. Los veía mi madre, mi novia, y un tío de Albacete que creo que me confundía con otro. Pero en términos de negocio, nada. Cero ventas. Cero lista de correo. Cero impacto.

Tardé más de lo que me gustaría admitir en entender por qué. Estaba tan ocupado haciendo contenido bonito que se me olvidó hacer contenido que le importara a alguien.

¿Qué cambió?

Un día grabé un vídeo sin guion. Sin preparación. Sin iluminación especial. Acababa de tener un día horrible. Mi negocio no iba bien, me había pasado 6 horas delante del ordenador sin producir nada útil, y estaba frustrado hasta las cejas.

Encendí la cámara y empecé a hablar. Sin filtro. Sin estructura. Sin intentar quedar bien.

Dije que estaba agotado. Que mi TDAH me estaba saboteando. Que había días que no podía ni abrir el portátil. Que algunos días no me quería ni levantar de la cama y me sentía un fraude por vender cursos sobre productividad cuando yo mismo era un desastre.

Ese vídeo hizo más que todos los anteriores juntos.

Y no porque fuera "vulnerable" como estrategia de marketing. Sino porque era verdad. Y la verdad tiene un peso que la gente siente.

El contenido bonito es una armadura

Cuando haces contenido ultrapulido, lo que estás haciendo en realidad es protegerte. El filtro de la edición, el guion perfectamente escrito, las transiciones bonitas, todo eso es una barrera entre tú y tu audiencia.

Es como ir a una primera cita con un traje de gala. Sí, estás guapísimo. Pero nadie se enamora de un traje. Se enamoran de la persona que hay debajo. Y si nunca se la enseñas, nunca van a conectar contigo.

Con TDAH esto tiene una capa extra. Porque el perfeccionismo no es solo estético. Es un mecanismo de defensa. Si todo está perfecto, nadie puede criticarme. Si el vídeo tiene una edición impecable, nadie puede decir que soy un desastre.

Pues mira, soy un desastre. Y contarlo es lo mejor que he hecho por mi negocio.

Contenido que duele es contenido que conecta

No estoy diciendo que te pongas a llorar en cámara. No es eso. Es decir las cosas que piensas pero no te atreves a publicar.

Es contar que tu primer cliente te pagó en experiencia y tú aceptaste porque tenías miedo de cobrar. Es admitir que llevas un mes sin facturar y estás cagado. Es decir que copiaste el modelo de negocio de otro y no te funcionó.

Ese contenido duele un poquito al publicarlo. Te da un segundo de "¿debería eliminar esto?". Ese segundo es la señal de que va por buen camino.

Porque si no te da ni un poquito de vértigo darle a publicar, es que no estás siendo suficientemente honesto. Y si no eres honesto, ¿para qué creas contenido? ¿Para añadir más ruido al ruido?

La trampa de la producción profesional

No me malinterpretes. No estoy diciendo que grabes con una patata. La calidad visual importa. Pero importa mucho menos de lo que crees.

Lo que importa de verdad es el mensaje. El contenido. Lo que dices y cómo lo dices. Un vídeo grabado con el móvil donde dices algo que la gente necesita oír le gana a un vídeo con cámara de cine donde dices banalidades.

Mis vídeos más vistos están grabados en mi mesa de siempre, con la misma cámara de siempre, sin nada especial. Lo que los hace diferentes es que digo cosas que otros no dicen. Cuento historias que otros no cuentan. Muestro partes de mi proceso que otros esconden.

Y eso no requiere presupuesto. Requiere cojones.

El filtro que uso ahora antes de publicar

Tengo una regla muy simple. Antes de publicar cualquier pieza de contenido, me pregunto: ¿esto lo podría haber publicado cualquier otro?

Si la respuesta es sí, lo reescribo o lo descarto. Si la respuesta es no, va para adelante.

Porque el único contenido que de verdad importa es el que solo tú puedes hacer. El que sale de tu experiencia. De tus fracasos. De tus obsesiones. De tu forma particular de ver el mundo con un cerebro que funciona distinto al de los demás.

No necesitas más herramientas. No necesitas más plantillas. No necesitas aprender a editar mejor. Necesitas dejar de compararte con lo que ves en LinkedIn y empezar a decir lo que piensas de verdad.

El contenido que duele es el contenido que vende. Porque la gente no compra a quien le cae bien. Compra a quien le entiende. Y para entender a alguien, primero tienes que mostrar que tú también has estado donde está esa persona.

Emprender con TDAH es un deporte de riesgo. Y hacer contenido real es parte del riesgo que merece la pena tomar.

¿Tu TDAH está saboteando tu negocio sin que lo sepas? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y un diagnóstico honesto.

Relacionado

Sigue leyendo