Mi atención tiene modo on y modo off y no controlo cuál

Algunos días rindes 10 horas seguidas. Otros no puedes ni contestar un email. No es falta de disciplina: tu atención funciona diferente.

Algunos días te sientas a trabajar y entran las 10 horas como si nada. Fluyes. Produces. Acabas cosas. Te sientes como una persona funcional y todo.

Y otros días abres el portátil, miras la pantalla, y tu cerebro dice "no".

No "no quiero". No "estoy cansado". Simplemente no. Como si alguien hubiera desenchufado un cable dentro de tu cabeza y tú no supieras cuál ni cómo volver a conectarlo.

Lo peor no es el día malo. Lo peor es no saber cuál de los dos va a aparecer cuando suene el despertador.

¿Por qué unos días puedo con todo y otros no puedo ni con un email?

Pues mira, esta es la pregunta del millón. Porque no es que hayas dormido mal. No es que hayas comido fatal. No es que "no te apetezca". A veces el día malo llega después de dormir ocho horas, desayunar bien, y tener la agenda despejada. Condiciones perfectas. Y nada.

Y el día bueno a veces aparece un martes a las 11 de la noche, con sueño, sin cenar, cuando se supone que deberías estar en la cama. Tu cerebro decide que ESE es el momento perfecto para reescribir un proyecto entero.

Es como tener un coche que unos días arranca a la primera y otros días le das al contacto 47 veces y nada. Y lo llevas al mecánico y te dice "pues yo lo veo bien". Claro, porque hoy ha arrancado. Llévalo mañana y ya veremos.

Eso es lo que pasa con tu atención. No está rota. Pero tiene su propio horario, sus propias reglas, y no te ha consultado ninguna de las dos cosas.

¿Eso significa que soy inconsistente?

Te lo han dicho, seguro. "Es que eres muy irregular." "Es que cuando quieres, puedes." "Es que no te organizas bien."

Y la trampa es que tiene sentido. Desde fuera, parece que simplemente unos días te esfuerzas y otros no. Que es cuestión de ganas. Que si puedes rendir 10 horas un martes, no hay motivo para que el miércoles no puedas ni con una.

Pero tú sabes que no es así.

Tú sabes que el miércoles lo intentaste con todo lo que tenías. Que te sentaste. Que abriste el documento. Que miraste las tareas. Y que tu cerebro dijo "no hay señal" y se fue a mirar vídeos de gatos en YouTube durante tres horas mientras tú te sentías cada vez peor contigo mismo.

No es falta de ganas. Es que tu sistema de encendido no funciona bajo demanda. Funciona cuando le da la gana.

El interruptor que no puedes tocar

Imagínate que tu atención es una bombilla. La mayoría de la gente tiene un interruptor normal. Quieren encender la luz, le dan al botón, y se enciende. Quieren apagarla, le dan al botón, y se apaga.

Tu interruptor no es un interruptor. Es una de esas luces que van con sensor de movimiento, pero el sensor es caprichoso. A veces detecta que has entrado en la habitación y se enciende sola. Otras veces estás haciendo aspavientos delante del sensor como un loco y la luz ni se inmuta.

Y lo peor: cuando se enciende, a veces no se apaga. Te quedas enganchado horas a algo y no puedes parar. Y cuando se apaga, no hay manera humana de encenderla.

Eso es vivir con una atención que va y viene. No controlas cuándo se activa. No controlas cuándo se va. Solo puedes intentar crear las condiciones para que el sensor caprichoso decida cooperar.

Lo que realmente pasa dentro de tu cabeza

A ver, voy a intentar explicar esto sin sonar a libro de texto. Porque tiene una explicación, y cuando la entiendes, muchas cosas encajan.

Tu cerebro funciona con neurotransmisores. Uno de ellos se llama dopamina. La dopamina es la que dice "esto merece tu atención, pon el foco aquí". En la mayoría de cerebros, ese sistema funciona de forma más o menos estable. Hay dopamina suficiente para mantener la atención en cosas que no son especialmente emocionantes pero que hay que hacer.

En algunos cerebros, ese sistema de dopamina no regula bien. Va a rachas. Unos días hay suficiente y todo fluye. Otros días no hay ni para empezar. Y cuando aparece algo que genera mucha estimulación, el grifo se abre de golpe y no puedes parar de prestar atención aunque quieras.

Eso tiene nombre. Se llama TDAH. Y la atención intermitente, ese modo on/off que sientes, es uno de sus síntomas más comunes y menos conocidos.

No es que seas inconsistente. Es que tu cerebro tiene un sistema de regulación de atención que funciona por rachas en vez de bajo demanda. Y nadie te lo había explicado.

Aviso importante: esto no es un diagnóstico. Si te sientes identificado, el siguiente paso es hablar con un profesional. Un psiquiatra o neuropsicólogo puede evaluar si lo que te pasa tiene que ver con TDAH u otra cosa. Lo que lees aquí es mi experiencia y lo que he aprendido, no consejo médico.

¿Y qué hago mientras tanto?

No te voy a engañar. No hay un truco mágico para hacer que el interruptor funcione siempre.

Pero hay cosas que ayudan.

Conocer tus patrones. No todos los días malos son iguales. Si llevas un registro mínimo de cuándo rindes y cuándo no, empiezas a ver patrones. A lo mejor los lunes siempre son malos. A lo mejor después de comer siempre mueres. A lo mejor rindes mejor de noche. No es disciplina. Es información.

Dejar de pelear contra el día malo. Esto suena a rendirse, pero no lo es. Cuando tu atención está en off, forzarla solo genera frustración y culpa. Es como intentar arrancar un coche empujándolo cuesta arriba: a lo mejor avanza un metro, pero tú acabas reventado. En esos días, haz lo mínimo y no te machaques por ello.

Aprovechar el día bueno sin sentir culpa. Cuando tu cerebro dice "on", aprovecha. Aunque sean las 11 de la noche. Aunque no toque. Aunque sientas que no puedes hacer una sola cosa a la vez porque tu cabeza quiere ir a 15 sitios a la vez. Surfea la ola mientras dure.

No compararte con el horario de otros. Tu ritmo no es el ritmo estándar. Y eso está bien. Lo que no está bien es machacarte por no encajar en un molde que no se hizo para tu cerebro.

La frase que cambia todo

Durante años pensé que tenía un problema de disciplina. Que si me organizaba mejor, si encontraba la app perfecta, si me esforzaba más, podría ser como todo el mundo.

Pues no. Y no porque sea imposible funcionar, sino porque estaba buscando la solución equivocada para un problema que no entendía.

El día que dejé de preguntarme "por qué no puedo" y empecé a preguntarme "cómo funciono realmente", todo cambió. No porque mi atención se arreglara. Sino porque dejé de pelear contra ella y empecé a trabajar con ella.

No te voy a decir que ahora todo es fácil. Sigo teniendo días en los que mi cerebro dice "no" y no hay manera. Pero ya no me siento un fracasado por eso. Ya no pienso que soy vago. Ya sé que mi atención tiene modo on y modo off, y que mi trabajo es crear las condiciones para que el on aparezca más a menudo. No controlarlo. Facilitarlo.

Y eso, aunque suene pequeño, lo cambia todo.

Si llevas años pensando que algo no encaja pero no sabes qué, empieza por aquí.

Hacer el test

Relacionado

Sigue leyendo