Mis proyectos siempre mueren cuando llevan el 80 por ciento

El proyecto va genial. Llevas el 80%. Queda nada. Y lo dejas. Justo ahí. Siempre en el mismo punto. Esto tiene explicación.

El proyecto va genial. Llevas el 80%. Queda nada. Y lo dejas. Justo ahí. No al principio, no a la mitad. Al 80%. Siempre en el mismo punto.

Y eso es lo más frustrante de todo. Porque no es que no puedas empezar. No es que te quedes a medias. Es que llegas casi al final y ahí, justo ahí, tu cerebro decide que ya no le interesa. Como si el 80% fuera un muro invisible que no puedes cruzar.

¿Por qué abandonas los proyectos justo cuando falta menos?

Porque a tu cerebro le da igual cuánto falta. Le da igual que quede un 20% o un 50%. Lo que le importa es si lo que queda es interesante o no. Y el último 20% de cualquier proyecto es la parte más aburrida que existe.

Piénsalo. El principio es pura emoción. Ideas. Posibilidades. Decisiones creativas. El medio es trabajo, pero todavía hay cosas nuevas que resolver. Pero el final. El final es pulir detalles. Revisar errores. Cerrar flecos. Documentar. Las tareas que nadie pone en el portfolio pero que sin ellas el proyecto no existe.

Y tu cerebro mira esas tareas y dice: "Ya está. Ya sé cómo acaba esto. No necesito terminarlo."

Porque para tu cerebro, el proyecto ya está terminado. Mentalmente lo completaste. Sabes cómo queda. Sabes cuál es el resultado. La incertidumbre desapareció. Y sin incertidumbre, no hay estimulación. Y sin estimulación, tu cerebro se va a buscarla a otro sitio.

El 80% es donde muere la dopamina

A ver, voy a explicarte lo que pasa por dentro, porque creo que nadie lo explica bien.

Cuando empiezas un proyecto, cada decisión es nueva. Cada paso es un descubrimiento. Cada avance se siente como progreso real. Tu cerebro está recibiendo dopamina a chorros porque todo es novel y todo tiene recompensa inmediata.

Al 50%, las decisiones grandes ya están tomadas. Pero todavía hay problemas que resolver. Todavía hay retos. Todavía hay algo de estimulación.

Al 80%, ya no hay retos. Solo hay tareas. Tareas repetitivas, predecibles, necesarias pero absolutamente aburridas. Y tu cerebro, que lleva semanas (o meses) con este proyecto, ya agotó toda la novedad que podía extraer de él.

Lo que queda no es crear. Es mantener. Es cerrar. Es acabar. Y acabar no da dopamina. Acabar es un trámite.

Por eso no es que empiezas y no terminas nada por falta de voluntad. Es que tu cerebro dejó de recibir recompensa por el proyecto y se fue a buscarla a otro lado. Sin avisarte. Sin pedirte permiso.

El cementerio del 80%

Mira, te conozco. Bueno, no te conozco. Pero conozco el patrón.

Tienes un blog con 15 artículos escritos y el diseño al 80%. Tienes una web personal con todas las secciones menos la de contacto. Tienes un curso grabado al que le falta la edición final. Tienes un libro con todos los capítulos escritos menos las conclusiones.

Todo al 80%. Todo funcionando a medias. Todo esperando ese último empujón que nunca llega.

Y lo peor es que cada proyecto al 80% te persigue. No lo cierras. No dices "lo dejo". Lo dejas en standby eterno. "Ya lo terminaré." "Un día de estos le meto el empujón final." Pero ese día no llega. Porque lo que falta es aburrido, y tu cerebro no hace cosas aburridas voluntariamente.

Es como abandonar proyectos antes de terminarlos, pero peor. Porque al menos cuando abandonas al principio puedes decir "no era para mí". Cuando abandonas al 80% no tienes esa excusa. Sabías hacerlo. Podías hacerlo. Casi lo hiciste. Y no lo hiciste.

Por qué el último 20% es el más difícil

Esto es algo que mucha gente no entiende.

El último 20% de un proyecto suele incluir: revisiones, correcciones, detalles de presentación, testeo, documentación, publicación. Ninguna de esas cosas es creativa. Ninguna es nueva. Ninguna activa el sistema de recompensa.

Además, el último 20% viene con un regalo extra: el miedo a terminar. Porque mientras el proyecto está al 80%, tiene potencial. Puede ser genial. Puede ser lo que imaginaste. Pero si lo terminas y lo publicas, se convierte en algo concreto. Con defectos visibles. Con opiniones de otros.

El 80% es un lugar seguro. Es "casi lo tengo". Es potencial sin riesgo. Y tu cerebro prefiere el potencial al resultado real, porque el potencial siempre es perfecto.

Cómo cruzar el muro del 80%

No te voy a engañar. Esto no tiene solución fácil. Pero hay trucos.

El primero: define "terminado" antes de empezar. No "terminado perfecto". Terminado de verdad. Escribe qué significa que el proyecto está hecho. Y cuando llegues al 80%, mira esa lista. Probablemente la mitad de las cosas que pensabas que faltaban no son necesarias. Recorta.

El segundo: haz el 20% final con alguien. Un amigo. Un colega. Alguien que te mire mientras cierras los flecos. Porque la presión social es el sustituto de la dopamina que tu cerebro ya no produce por este proyecto.

El tercero: acepta el 80% como versión 1. Publica así. Imperfecto pero publicado. Porque el 80% publicado es infinitamente mejor que el 100% que nunca existirá.

Ya te digo, esto último me cambió la vida. Dejar de aspirar al 100% y empezar a publicar al 80% fue la diferencia entre tener cosas hechas y tener cosas eternas en standby.

Y si este patrón del 80% lo reconoces en todo (proyectos, estudios, hobbies, relaciones), no es casualidad. Es un patrón. Y los patrones se pueden entender. Un profesional puede ayudarte a verlo con más claridad que un post de blog.

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