Voy al super con lista y vuelvo sin la mitad de las cosas
Tienes la lista. En la mano. Y vuelves sin el aceite, sin el pan y con tres cosas que no estaban. Esto tiene una explicación.
Hoy he ido al supermercado con lista. En el móvil. La he escrito yo. La he revisado antes de salir. Sabía exactamente lo que necesitaba.
He vuelto sin el aceite, sin el papel higiénico, sin los huevos. Y con un bote de salsa teriyaki que no estaba en la lista ni en mis planes de vida.
Con la lista. En la mano. Mirándola.
¿Cómo puedes olvidarte de algo que tienes escrito?
Buena pregunta. Yo llevo años haciéndomela.
Porque se supone que la lista es la solución. Todos los artículos de productividad te lo dicen. "¿Se te olvidan las cosas? Haz una lista." Y tú la haces. Y aun así fallas.
Y la razón es que la lista solo funciona si tu cerebro la consulta de forma consistente. Si recuerdas mirarla en cada pasillo. Si no te distraes con la oferta de galletas que no necesitas. Si no te vas por el pasillo de los congelados porque algo te ha llamado la atención y cuando vuelves a mirar la lista ya no sabes por dónde ibas.
Imagínate un GPS que funciona perfecto pero que tú miras cada diez minutos en vez de en cada cruce. Técnicamente tienes la ruta. Prácticamente, estás perdido.
El supermercado es una trampa para tu cerebro
A ver, vamos a ser justos. El supermercado es probablemente el peor entorno posible para alguien con una memoria de trabajo limitada.
Estímulos por todas partes. Colores, ofertas, música, gente. Cada pasillo es una distracción nueva. Tu cerebro está procesando tanta información a la vez que la lista pasa a segundo plano sin que te des cuenta.
Y luego está el efecto "esto también lo necesito". Ves algo que no estaba en la lista pero que tu cerebro decide que es importante. Y mientras tu atención se va a evaluar si necesitas o no esa salsa teriyaki, tres cosas de la lista se caen del radar.
Es como intentar seguir una receta mientras tienes la tele puesta, alguien te habla y el perro ladra. Técnicamente puedes. Prácticamente, vas a acabar poniendo sal en vez de azúcar.
Yo he probado de todo. Lista en papel. Lista en el móvil. Lista organizada por pasillos. Lista con prioridades. Y siempre hay algo que se escapa. No porque la lista sea mala. Sino porque mi cerebro no se queda con la lista el tiempo suficiente entre consulta y consulta.
No es solo la compra
Pues mira, lo del supermercado es el ejemplo más cotidiano. Pero si lo piensas, te pasa con todo.
Vas a una habitación a por algo y se te olvida para qué fuiste. Abres el portátil para buscar algo y acabas en otra cosa. Alguien te pide que hagas algo, dices que sí, y a los diez minutos no recuerdas qué era.
El patrón es siempre el mismo: la intención existe, la información existe, pero entre el punto A y el punto B tu cerebro pierde el hilo. Y no una vez. Cada vez.
Y lo frustrante es que el sistema que debería ayudarte, la lista, el recordatorio, la nota, funciona solo a medias. Porque el problema no está en no tener la información. Está en no poder mantenerla activa el tiempo suficiente para usarla.
Externalizar no es hacer trampas
Una cosa que a mí me costó aceptar es que necesito más ayuda externa que la media.
No una lista. Tres sistemas. La lista en el móvil. Un recordatorio que me salte cuando llego al supermercado por geolocalización. Y aun así, ir mirando la lista después de cada pasillo, no al final.
¿Es mucho? Sí. ¿Parece exagerado? Probablemente. Pero funciona mejor que ir con una lista que miro al principio y al final y confiar en que mi cerebro rellene el medio.
Porque la clave está en externalizar lo que tu memoria no puede retener. No como un parche. Como una estrategia permanente. Tu cerebro no va a mejorar en esto por arte de magia. Pero puedes construir un sistema alrededor que compense.
Parece una tontería, pero me olvido de todo sin saber por qué era mi identidad durante años. Ahora sigue pasándome, pero al menos tengo un sistema que reduce los daños. Y vuelvo del súper sin el 100% de las cosas. Pero con el 80%. Que ya es un progreso.
¿Y si la lista no es el problema?
Voy a ir al grano.
Si la lista no te funciona. Si los recordatorios no te funcionan. Si olvidas cosas aunque las tengas delante, escritas, con alarmas, con colores fosforito. El problema no es tu sistema de organización. Es cómo funciona tu cerebro.
El TDAH afecta a la memoria de trabajo. Esa es la que mantiene activa la información mientras la estás usando. Y cuando esa memoria es más pequeña de lo normal, da igual cuántas listas hagas si no las consultas de forma constante. Porque entre consulta y consulta, tu cerebro ya se ha ido a otro sitio.
Esto no sustituye un diagnóstico profesional. Pero si vas al supermercado con lista y vuelves sin la mitad de las cosas cada semana, y eso es solo un ejemplo de un patrón mucho más grande, quizá merece la pena explorar por qué te cuesta todo más que a los demás.
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