Mis propósitos de año nuevo no llegan a febrero
1 de enero: año nuevo, vida nueva. 15 de enero: bueno, tampoco hay que exagerar. 1 de febrero: ¿qué propósitos? Tu ciclo de siempre.
1 de enero, once de la mañana. Resaca moderada, café en mano, cuaderno abierto.
"Este año sí." Escribo mis propósitos con una letra que parece de persona adulta responsable. Hacer ejercicio tres veces por semana. Leer un libro al mes. Ahorrar el 20% de mi sueldo. Aprender polaco. Meditar todas las mañanas. Comer mejor. Levantarme a las siete.
Son las once de la mañana del 1 de enero. Me he levantado a las diez y media. Pero ese detalle lo ignoro porque estoy en modo "año nuevo, vida nueva" y nada puede frenarme.
7 de enero: voy bien. No perfecto, pero bien. He ido al gimnasio dos veces. He meditado tres mañanas. Estoy leyendo un libro. Me siento como una persona funcional.
15 de enero: he ido al gimnasio una vez esta semana. No he meditado desde el martes. El libro lleva cuatro días en la mesita. Pero "estoy ajustando el ritmo". No es que esté dejándolo. Es que estoy siendo "realista".
1 de febrero: el cuaderno de propósitos está debajo de una sudadera. No recuerdo cuáles eran. Bueno, sí los recuerdo. Pero prefiero no pensarlo.
¿Por qué los propósitos de año nuevo no funcionan nunca?
Porque los propósitos de año nuevo son el ejemplo perfecto de motivación basada en el momento.
Pues mira, el 1 de enero es una fecha cargada de simbolismo. Nuevo año, nuevo comienzo, borrón y cuenta nueva. Tu cerebro, que es un buscador de novedad, se engancha a eso. "Esto es diferente. Esto es especial. Esta vez sí."
Pero la realidad es que el 2 de enero es exactamente igual que el 31 de diciembre. Nada ha cambiado excepto un número en el calendario. Tu cerebro sigue siendo el mismo. Tus hábitos siguen siendo los mismos. Tu capacidad de mantener cosas a largo plazo sigue siendo la misma.
Y cuando la magia de "año nuevo" se evapora, que tarda unas dos semanas, lo único que queda es la realidad: tienes una lista de 7 propósitos que requieren esfuerzo diario y un cerebro que se cansa de todo a las tres semanas.
Es como apuntarte a algo con toda la ilusión y después no ir. Solo que multiplicado por 7 cosas a la vez.
El truco del "año nuevo" es que te permite no empezar ahora
Esto lo descubrí hace poco y me reventó la cabeza.
Cuando dices "el 1 de enero empiezo", lo que realmente estás diciendo es "hoy no tengo que hacer nada". Es el procrastinador perfecto. Te da una fecha futura en la que tu yo idealizado va a hacer todas las cosas que tu yo real no quiere hacer ahora.
Y encima te sientes bien por decirlo. "Voy a empezar en enero." Ese solo acto de planificar ya genera una pequeña descarga de dopamina. Como si planificarlo fuera hacerlo. Como si la intención contara.
Pero no cuenta. Y el 1 de enero, cuando te toca hacer de verdad lo que prometiste, descubres que tu yo idealizado no existe. Solo existe el mismo tío que el 31 de diciembre, pero con una lista de 7 cosas imposibles que cumplir.
Lo que he aprendido después de 15 años de propósitos fallidos
Que no funcionan. Punto. No para mí.
No funcionan porque son demasiados. No funcionan porque son demasiado ambiguos. No funcionan porque dependen de una motivación que dura dos semanas. No funcionan porque me exigen ser constante de una forma que mi cerebro no permite.
Lo que sí me funciona es elegir UNA cosa. Una. No siete. Una.
Y empezarla cualquier día. No el 1 de enero. No el lunes. Hoy. Porque cuanto más especial haces la fecha de inicio, más presión le pones al inicio, y más duro es el golpe cuando inevitablemente fallas.
Una cosa. Empezada hoy. Sin cuaderno bonito. Sin declaración solemne. Sin publicarlo en redes. Solo hacerla.
Eso es todo lo que me queda después de 15 años de propósitos que no sobrevivieron a enero. Y es más de lo que parece. Porque entender por qué todo te cuesta más que a los demás es lo que te permite dejar de culparte y empezar a adaptarte.
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Si tus propósitos mueren siempre en las mismas semanas y este ciclo se repite año tras año, puede que haya algo más detrás de la inconstancia. Tengo un test de 43 preguntas que te puede dar un punto de partida. Gratis y sin compromiso. Hacer el test TDAH.
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