Siempre desde el lunes: el ciclo que se repite cada semana

El lunes empiezo. El martes sigo. El miércoles ya me cuesta. El jueves me rindo. Y el viernes ya estoy planificando el siguiente lunes.

"El lunes empiezo." Si me dieran un euro cada vez que he dicho esa frase, tendría para comprarme un Tesla. Uno de los buenos.

El lunes es sagrado. El lunes es el reseteo universal. El lunes es donde todo empieza a ir bien, donde la nueva versión de mí mismo aparece, organizada, disciplinada, con la nevera llena de tuppers y la agenda planificada hasta diciembre.

El martes todavía aguanto. El miércoles las cosas se tuercen un poco. El jueves ya he negociado conmigo mismo al menos tres veces. Y el viernes estoy planificando lo que voy a hacer "el lunes que viene".

Nunca el sábado. Nunca el miércoles. Siempre el lunes. Como si el calendario tuviera propiedades mágicas.

¿Por qué siempre tiene que ser el lunes?

Porque el lunes es la excusa perfecta para no empezar hoy.

A ver, suena duro, pero déjame que te lo explique. Tu cerebro no quiere empezar ahora. Ahora es incómodo. Ahora implica esfuerzo real, inmediato, sin filtro. Pero "el lunes" es el futuro. Y en el futuro todo es fácil. En el futuro tú eres una persona diferente que puede con todo.

Es como esas personas que dicen "cuando me toque la lotería voy a...". La lotería nunca toca. Pero pensar en lo que harías cuando toque es más placentero que hacer algo ahora con lo que tienes.

El lunes es tu lotería personal. La promesa de un reinicio limpio que nunca acaba de llegar. Porque cuando llega el lunes, deja de ser el futuro y se convierte en el presente. Y en el presente, tu cerebro vuelve a hacer lo de siempre.

El lunes perfecto que nunca existe

¿Sabes qué pasa el lunes? Que no es perfecto. Nunca lo es. Suena el despertador y resulta que has dormido mal. O tienes un email urgente que te rompe la planificación. O simplemente no tienes la energía que habías imaginado el viernes por la noche cuando diseñaste tu rutina perfecta.

Y como el lunes no es perfecto, te dices "bueno, empiezo el próximo lunes". Porque para empezar tiene que ser perfecto. Las condiciones tienen que ser ideales. La motivación tiene que estar al máximo. Y claro, eso no pasa nunca.

Es el mismo patrón de no poder mantener una rutina más de dos semanas. La expectativa es tan alta que cualquier imperfección se convierte en excusa para posponerlo todo.

¿Y si dejaras de esperar al lunes?

Lo que me funcionó a mí fue empezar en miércoles. Un miércoles a las 4 de la tarde, sin planificación, sin ritual, sin "nueva vida". Solo hacer una cosa. Una. Sin condiciones.

Parece una tontería, pero romper la magia del lunes es romper el ciclo. Porque cuando empiezas un miércoles a las 4, tu cerebro no tiene expectativas épicas. No espera que seas perfecto. No hay presión de "semana nueva, vida nueva". Solo estás haciendo una cosa.

Y eso te quita el peso de encima. Porque el problema del lunes no es el día. Es la carga de expectativas que le pones. Es decirte "a partir del lunes soy otra persona" y luego descubrir que sigues siendo la misma persona con los mismos problemas y el mismo cerebro.

Si llevas meses, o años, posponiendo todo al lunes, prueba esto: haz una cosa hoy. Da igual qué día sea. Da igual la hora. Da igual si no es el momento ideal. Porque el momento ideal no existe. Y mientras lo esperas, no estás haciendo nada.

Y no, esto no es un problema de pereza. Si fuera pereza, no estarías planificando cada viernes lo que vas a hacer el lunes. Es algo más profundo. Y si reconoces este ciclo como algo que no puedes romper por mucho que quieras, quizá tu cerebro funciona de una forma que necesita más que fuerza de voluntad.

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Si este ciclo del lunes eterno te suena demasiado familiar, tengo un test de 43 preguntas que te puede dar mucha claridad sobre cómo funciona tu atención. Hacer el test TDAH.

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