Mi energía depende del interés que tenga, no de cuánto descanse
Puedes dormir diez horas y seguir sin energía para lo que no te interesa. No es cansancio. Es un cerebro que funciona con otro motor.
Puedo pasarme seis horas seguidas montando un proyecto nuevo sin comer, sin beber agua, sin levantarme de la silla. Y al día siguiente no puedo contestar un email de tres líneas.
No es cansancio. No es agotamiento. Dormí bien. Comí bien. Hice todo lo que se supone que tienes que hacer para "tener energía". Y aun así, cuando la tarea no me interesa, mi cuerpo entero se apaga como si alguien hubiera tirado del enchufe.
Y esto no hay siesta que lo arregle.
¿Por qué tienes energía para unas cosas y para otras no?
Porque tu energía no funciona como una batería. No es un depósito que se llena durmiendo y se gasta haciendo cosas. Si fuera así, dormirías ocho horas y podrías hacer cualquier tarea con la misma facilidad.
Pero no funciona así, ¿no?
Funciona más bien como una central eléctrica que solo se enciende cuando le interesa el proyecto. Cuando hay novedad, cuando hay reto, cuando hay algo que engancha. Ahí la energía es infinita. Puedes estar hasta las tres de la mañana sin pestañear.
Pero cuando la tarea es aburrida, repetitiva o no tiene recompensa inmediata, la central se apaga. Da igual que hayas dormido como un bebé. Da igual que hayas desayunado como un atleta olímpico. Tu cerebro mira esa tarea y dice "paso" con una firmeza que no hay café del mundo que pueda vencer.
Y lo más frustrante es que la gente de tu alrededor no lo entiende. Porque te ven con energía para tus cosas. Te ven lanzado cuando algo te gusta. Y asumen que si no tienes energía para lo otro, es porque no quieres. Porque eres vago. Porque te sientes vago pero sabes que no lo eres.
¿No será que estoy agotado de verdad?
A ver, puede ser. No descarto nada. Pero pregúntate esto: si ahora mismo te llamara un colega y te dijera "oye, se me ha ocurrido un proyecto increíble, ¿te apuntas?", ¿tendrías energía?
Si la respuesta es sí, no es cansancio. Es que tu energía depende del interés.
Y eso no es ser caprichoso. Eso es tener un sistema de dopamina que no se activa con cualquier cosa. Solo se activa cuando la tarea genera suficiente estimulación.
Esto tiene nombre. Se llama TDAH.
El cerebro con TDAH no regula la dopamina como el cerebro neurotípico. No es que tenga menos energía. Es que necesita más estimulación para generarla. Y las tareas aburridas, por definición, no generan esa estimulación.
El resultado: eres un tío con energía infinita para lo que te gusta y cero absoluto para lo que no. No por elección. Por neurología.
¿Qué haces cuando necesitas energía para algo que no te interesa?
Pues mira, no te voy a engañar. No siempre funciona. Pero lo que a mí me ha ayudado es dejar de intentar forzar la energía y empezar a hackear el interés.
Te explico.
Si tengo que hacer algo aburrido, busco la manera de hacerlo interesante. Suena a tontería, pero va en serio. Ponerme un reto absurdo ("¿puedo hacer esto en 15 minutos?"), cambiar el lugar donde lo hago, ponerle música que me active, hacerlo con alguien que me mire. Lo que sea que añada un componente de novedad o presión a algo que por sí solo no tiene ninguno.
Porque solo me motiva lo nuevo es una frase que he dicho quinientas veces. Y en vez de luchar contra eso, ahora intento usarlo a mi favor.
No siempre funciona, insisto. Hay días que no hay hack que valga y simplemente hago lo mínimo y ya. Pero los días que funciona, rindo más en una hora que en una semana entera de intentar forzarme.
La energía no es el problema. La activación sí.
Esto es lo que me costó años entender.
No me faltaba energía. Me faltaba activación. Mi cerebro tenía la energía ahí, guardada, lista para usarse. Pero el sistema que decide cuándo liberarla no respondía a los mismos estímulos que en la mayoría de personas.
Es como tener un coche con el depósito lleno pero el motor de arranque estropeado. La gasolina está ahí. Pero si el motor no gira, no te mueves. Y por mucha gasolina que eches, si no arreglas el arranque, no vas a ningún sitio.
Y no, no es fuerza de voluntad. Es que te cuesta más que a los demás hacer lo mismo porque tu sistema de arranque funciona con reglas diferentes.
Parece una tontería, pero entender esto me quitó una culpa que llevaba encima desde hace más de una década. Ya te digo.
Si te suena todo esto demasiado familiar, no estaría de más hablar con un profesional. Esto no es un diagnóstico, solo la experiencia de alguien que pasó por lo mismo.
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