Mi cerebro tiene demasiadas pestañas abiertas y ninguna carga
Tienes 47 cosas en la cabeza, intentas hacer una, y no avanzas en ninguna. No es multitarea. Es algo distinto. Y tiene explicación.
Ahora mismo tienes tres tareas que hacer. Cuatro, en realidad, porque acaba de aparecer una quinta que se coló sin avisar. Y mientras intentas empezar con la primera, tu cabeza lleva diez minutos dando vueltas a algo que dijiste en una conversación del martes pasado.
Nada avanza. Todo está abierto. Nada carga.
Si alguna vez has tenido el ordenador con 23 pestañas abiertas, la música por Spotify, un PDF que no termina de cargar y el Teams sonando al fondo, pues mira: bienvenido a cómo funciona mi cabeza un martes por la mañana. Sin el ruido del Teams, porque ese lo muteo. Pero todo lo demás, igual.
¿Por qué no puedes centrarte en una sola cosa si las tienes todas "en la cabeza"?
A ver, esta es la parte que nadie te explica.
Tener algo "en la cabeza" no es lo mismo que tenerlo organizado. Cuando tienes 40 pestañas del navegador abiertas, el ordenador no las procesa todas a la vez con la misma potencia. Las guarda. Las mantiene vivas. Consume memoria para no perderlas. Y mientras tanto, todo va más lento, las cosas tardan en cargar y en algún punto el sistema peta.
Tu cerebro hace exactamente lo mismo.
Tienes la tarea del trabajo. El mensaje que no has contestado. El recado que tenías pendiente. La conversación que se quedó a medias. La cosa esa que prometiste hacer y que cada vez que aparece en tu cabeza te genera un piquito de culpa. Y debajo de todo, el ruido de fondo de "estoy llegando tarde a todo".
No es que seas desorganizado. Es que tu cabeza está consumiendo una cantidad brutal de recursos solo para no perder lo que tiene guardado. Y no le queda nada para hacer lo que se supone que tienes que hacer ahora.
La sensación de estar ocupado sin avanzar
Esto es lo que más descoloca.
Porque no es que estés tirado. Estás ahí, con el portátil encendido, con buena intención, pensando en las cosas. Pero al final del día miras atrás y dices: "¿Qué he hecho hoy?" Y la respuesta honesta es algo parecido a "pues... cosas, creo". Sin saber exactamente qué.
Es agotador, por cierto. No porque hayas hecho mucho. Sino porque el simple hecho de mantener todo eso en el aire consume una energía que no ves y no controlas.
Yo lo llamaba "estar en modo espera". Como cuando el ordenador hace el típico círculo girando y no responde a nada. No está apagado. No está haciendo algo útil. Está en un estado intermedio donde parece que procesa pero en realidad solo está... esperando.
Y la gente de fuera ve el círculo y dice: "Tío, ¿qué estás haciendo?"
Y tú: "Estoy... pensando."
"Ah, pero pensando en qué?"
"En todo."
"Eso no es pensar en todo, eso es no pensar en nada."
Y le tienes que dar la razón, aunque por dentro sientas que no es exactamente así.
No es falta de voluntad. Es falta de RAM.
Vuelvo a lo de las pestañas.
Cuando el ordenador va lento no le dices "esfuérzate más". Le cierras pestañas. Le liberas memoria. Le dejas espacio para que procese lo que tiene delante. No le exiges que rinda igual con 2 GB disponibles que con 16 GB.
Tu cerebro tiene un límite de lo que puede sostener en la memoria de trabajo al mismo tiempo. Eso no es un defecto moral. Es fisiología. Y cuando superas ese límite, no es que seas vago o indisciplinado. Es que el sistema está saturado y no da para más.
El problema es que hacer una sola cosa a la vez es mucho más difícil cuando tienes la sensación de que si no mantienes todo activo, lo vas a perder. Y claro, si cierras una pestaña, ¿y si era importante? ¿Y si la necesitas? Así que la dejas abierta. Y añades otra. Y otra.
Y el círculo girando no para nunca.
¿Y si el problema no es cuántas cosas tienes, sino cómo tu cabeza las gestiona?
Aquí viene la parte que me costó tiempo ver.
Porque yo pensaba que el problema eran las cosas que tenía pendientes. Que si acababa la lista, el caos se iba. Pero la lista nunca se acaba. Y aunque se acabara, mi cabeza seguía igual. Seguía buscando algo en qué pensar, algo que añadir, algo que resolver.
El problema no era la cantidad de pestañas. Era que mi cerebro no tenía un buen sistema para cerrarlas.
A mucha gente con este patrón le cuesta todo más que a los demás no porque sean menos capaces, sino porque su cabeza gestiona la atención y la memoria de trabajo de una forma distinta. Más ruidosa. Más difícil de apagar.
Y lo que yo notaba: que me distraía con mis propios pensamientos. No con el móvil. No con el ruido de fuera. Con las cosas que ya tenía dentro de la cabeza. Eso es un nivel diferente de caos.
Puede que tu cerebro tenga demasiadas pestañas porque no sabe cerrarlas
Voy a decirte algo directamente.
Ese ruido constante de cosas a medias, esa dificultad para centrar la atención en una sola cosa, esa sensación de estar siempre en modo espera... no siempre es estrés o mala organización. A veces es la forma en la que un cerebro en concreto procesa la realidad.
Hay una condición que afecta a la regulación de la atención, la memoria de trabajo y la gestión del esfuerzo mental. Se llama TDAH. Y en adultos no se parece a lo que te imaginas: no es el niño que no para quieto en clase. Es el adulto que tiene 38 pestañas abiertas y no sabe cuál cerrar primero. El que empieza tres cosas, no termina ninguna, y al final del día está agotado sin saber muy bien de qué.
No soy médico. Esto no es un diagnóstico. Pero si llevas años funcionando así y nadie te ha dado una explicación que tenga sentido, quizá merece la pena explorar esa dirección. Y si sospechas que puede ser tu caso, consulta con un psicólogo o psiquiatra. No con un post de blog, con un profesional.
Lo que sí puedo decirte es que cuando entendí que la concentración fragmentada tenía nombre, algo cambió. No se arregló de golpe. Pero por primera vez las piezas encajaron.
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