Mi cerebro no puede con el silencio: necesito ruido para funcionar

Hay gente que necesita silencio absoluto para concentrarse. Y luego estoy yo. Mi cerebro sin ruido de fondo es un cerebro que se va a otro sitio.

Hay gente que necesita silencio absoluto para trabajar. Persiana bajada, auriculares quitados, puerta cerrada, móvil boca abajo.

Y yo les envidio. De verdad. Ojalá.

Porque mi cerebro en silencio no funciona. En silencio, mi cerebro se va. Empieza a explorar. A generar pensamientos aleatorios. A recordarme que tengo una deuda pendiente con un compañero del instituto de hace quince años que probablemente tampoco se acuerda de mí. Y entonces estoy ahí, sentado, con el documento abierto y la pantalla en blanco, y lo único que pasa dentro de mi cabeza es ruido interno que no tiene nada que ver con lo que tengo que hacer.

El silencio, para mí, no es concentración. El silencio es el espacio en el que mi mente aprovecha para irse de viaje.

¿Por qué hay cerebros que no pueden con el silencio?

A ver, esto tiene una explicación que nadie te da cuando eras crío y el profe te decía "cállate y trabaja".

El cerebro TDAH necesita un nivel mínimo de estimulación para activarse. O sea, no es que seas raro ni que tengas mal carácter. Es que tu sistema nervioso tiene un umbral de activación más alto que el de la mayoría. Cuando el entorno no le da suficiente input, el cerebro lo genera él solo. Y los pensamientos aleatorios que aparecen en el silencio son exactamente eso: tu cabeza intentando darse a sí misma el estímulo que necesita para no apagarse.

Imagínate que tu cerebro es como uno de esos coches viejos a los que había que dejarles calentando antes de que arrancaran bien. Si el entorno es silencioso y monótono, el motor se cala. Necesita un poco de calor externo para funcionar.

El ruido de fondo es ese calor.

No cualquier ruido. No tu familia gritando en el salón ni una conversación en el mismo idioma que tú estás leyendo. Pero una música sin letra. El ruido de una cafetería. Un podcast en otro idioma. Un ventilador. Lluvia. Esas cosas que crean lo que se llama "ruido blanco" o "ruido ambiente".

Eso le da a tu cerebro lo justo para no irse a buscar estímulos por su cuenta.

Lo que me pasa a mí cuando trabajo en silencio

Esto me lo ha pasado siempre, pero durante años pensé que era un defecto mío. Que si necesitaba ruido para concentrarme era porque no sabía estudiar bien, o porque era vago, o porque "no me tomaba las cosas en serio".

En la uni me decían que la biblioteca era el sitio ideal para estudiar. Silencio absoluto. Todo el mundo callado. Sillas incómodas para que no te durmieras.

Yo me volvía literalmente loco.

Me sentaba, abría el libro, y en treinta segundos estaba pensando en cualquier otra cosa. No lo elegía. Pasaba solo. Y entonces miraba a los demás, que parecían estar concentrados sin problema, y llegaba a la misma conclusión de siempre: algo me pasa a mí que no le pasa al resto.

La respuesta que encontré fue exactamente la contraria a lo que me habían dicho. Cafetería. Música instrumental. Auriculares con lluvia de fondo. Y de repente, funcionaba. No sé cómo describirlo exactamente, pero era como si el ruido de fondo le diera algo a mi cerebro para que se quedara quieto. Como darle un juguete a un niño inquieto para que no desmonte la habitación.

Parece una tontería. Pero de verdad que funciona.

Trabajar desde casa lo hace todo más difícil

El problema con trabajar desde casa es que el silencio puede ser brutal. Sobre todo si vives solo o si tienes una casa que no tiene mucha actividad.

Y ahí es donde muchos cerebros dispersos se pierden. Porque concentrarse trabajando desde casa ya tiene sus propios problemas: las distracciones del entorno, la nevera que te llama, el sofá visible desde donde trabajas. Encima, si el silencio no te activa sino que te desactiva, tienes doble problema.

Lo que yo hago es crear mi propio ruido. No dejo el silencio al azar. Antes de sentarme a trabajar, pongo algo. Lluvia en Spotify. Una playlist de jazz sin letra. El ruido de fondo de una cafetería con gente (hay apps para eso, búscate "coffeehouse ambience" y ya me cuentas). Y eso le dice a mi cerebro: modo trabajo activado.

Es un ritual. Y los rituales, para los cerebros que no tienen un arranque automático, son oro.

No es que seas raro. Es que necesitas input para producir output.

Aquí hay algo importante que quiero que te quede claro.

No puedo con el silencio porque mi cerebro necesita estimulación constante para no dispersarse. Eso no es un defecto. Es una característica de cómo funciono. El problema no es el cerebro. El problema es que el mundo asume que todo el mundo trabaja igual, en silencio, con la luz apagada y auriculares de cancelación de ruido.

Y luego hay gente como yo que en ese entorno se vuelve improductiva, se siente mal consigo misma, y llega a la conclusión de que no sirve para trabajar.

No. Lo que pasa es que necesitas condiciones distintas. Y eso es completamente válido.

Por eso me parece relevante entender por qué te cuesta todo más que a los demás. No para tener una excusa, sino para saber qué ajustar. Porque si sabes que el silencio te desactiva, puedes hacer algo al respecto. Si no lo sabes, te quedas pensando que eres vago para siempre.

¿Y la concentración en modo "silencio forzado"?

Una cosa que también pasa mucho, y que yo he vivido, es que cuando estás en un entorno donde el silencio es obligatorio (reuniones, exámenes, sitios formales), acabas haciendo otra cosa porque tu cerebro no puede mantenerse en lo que tiene que estar.

No es mala voluntad. Es que el silencio forzado, sin estimulación externa, activa el modo exploración del cerebro. Y el modo exploración es el opuesto del modo foco.

Lo que yo aprendí a hacer, cuando no puedo controlar el entorno, es crear el ruido en mi cabeza. Repetir la información que estoy procesando mentalmente. Crear algo parecido a una narración interna. No siempre funciona, pero ayuda más que intentar "concentrarme a la fuerza" en medio del silencio.

Si te pasa esto, puede que no sea solo hábito

Necesitar ruido de fondo para funcionar es uno de esos rasgos que aparecen en muchas personas con TDAH. No en todas. Pero sí en muchas.

El cerebro TDAH tiene un sistema de dopamina que funciona diferente. La estimulación externa, el movimiento, el ruido, la novedad, son cosas que ayudan a ese cerebro a regularse. No son caprichos. Son necesidades neurológicas.

Dicho esto, no soy médico y esto no es un diagnóstico. Si esto que cuento te suena familiar, la pista más útil que te puedo dar es que hables con un profesional. No porque estar así sea un problema terrible, sino porque entender cómo funciona tu cabeza cambia todo. A mí me cambió.

Si quieres empezar por algún sitio, hice un test de 43 preguntas para ver si tu cerebro funciona con las reglas del TDAH. Son 10 minutos, es gratis, y no te diagnostica nada, pero sí te da algo concreto con lo que ir a una consulta. Puedes hacerlo aquí.

También hay una conexión interesante entre esto y cómo la música afecta al cerebro TDAH en el trabajo, si quieres seguir tirando del hilo.

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