Tengo 50 pestañas abiertas y ninguna tarea avanza
50 pestañas en el navegador. 12 tareas empezadas. Ninguna terminada. Tu pantalla es un reflejo perfecto de lo que pasa dentro de tu cabeza.
Ahora mismo tengo 53 pestañas abiertas. Las he contado. No porque me interese el dato, sino porque Chrome me ha dejado de mostrar los iconos y ahora solo veo rayitas minúsculas que no identifico.
Y aquí viene lo bueno: no sé qué hay en la mitad de ellas. Sé que hay un artículo que empecé a leer hace tres días. Un formulario que iba a rellenar. Un vídeo de YouTube que alguien me recomendó. Tres búsquedas de Google que hice buscando algo que ya no recuerdo qué era.
Y si miro mi escritorio, lo mismo. Cuatro documentos abiertos. Dos a medio escribir. Uno que abrí "para revisar rápido" hace una semana.
Todo abierto. Nada terminado.
¿Por qué abres tantas cosas si sabes que no vas a terminarlas?
Porque cada pestaña es una intención. Una versión de ti que pensó "esto es importante, lo voy a hacer." Y en ese momento lo era. Pero tu cerebro saltó a la siguiente cosa antes de que pudieras hacer nada con la anterior.
Es como ir al supermercado y meter cosas en el carro sin lista. Vas cogiendo lo que te llama la atención. Un poco de esto, un poco de aquello. Y cuando llegas a la caja tienes un carro lleno de cosas que no combinan entre sí y que no necesitabas.
Tus pestañas son tu carro de la compra mental. Lleno de buenas intenciones que nunca se ejecutaron.
Y el problema no es tener muchas pestañas. El problema es que cada pestaña abierta es una tarea pendiente que tu cerebro mantiene en segundo plano. Y cuando tienes 47 tareas pendientes, la parálisis es inevitable.
¿Es desorganización o es algo más?
A ver, parte es desorganización. No te voy a engañar. Pero hay algo más profundo. Porque una persona desorganizada cierra pestañas que ya no necesita. Tú no. Tú las dejas abiertas "por si acaso." Porque cerrar una pestaña se siente como perder algo. Como si esa información fuera a desaparecer para siempre si la cierras.
Y eso es absurdo. Internet no se va a ningún sitio. Puedes volver a buscar esa página en 3 segundos. Pero tu cerebro no lo ve así. Tu cerebro ve cada pestaña como un hilo que no puede soltar. Y acumula hilos hasta que el ovillo es tan grande que no puedes tirar de ninguno.
Esto conecta directamente con esa sensación de hacer todo menos lo que realmente tienes que hacer. Saltas de pestaña en pestaña sintiéndote ocupado, pero sin avanzar en nada que importe.
El coste invisible de tener todo abierto
Cada pestaña abierta consume recursos. No solo de tu ordenador, sino de tu cabeza. Es como tener 50 conversaciones abiertas en WhatsApp sin contestar. Aunque no las mires, están ahí. Pendientes. Generando un ruido de fondo que no puedes apagar.
Y ese ruido acumulado te deja en un estado raro. No estás descansando porque sabes que hay cosas pendientes. Pero tampoco estás trabajando porque no sabes por dónde empezar. Estás en un limbo donde no produces ni descansas.
Y entonces abres una pestaña nueva. Porque tu cerebro busca algo que sí le enganche. Algo nuevo. Algo que le genere ese chispazo de "esto sí me interesa." Y otra pestaña se suma a la colección.
¿Cómo sales de la espiral de pestañas infinitas?
Voy a contarte lo que hago yo, que es brutal en su simplicidad y me da un poco de vergüenza.
Cierro todo. Todo. De golpe. Sin mirar qué había. Sin guardar nada "por si acaso."
La primera vez que lo hice me dio ansiedad real. Pensé que estaba perdiendo información vital. Pero, ¿sabes qué? No volví a buscar ni una sola de esas pestañas. Ni una. Lo que parecía importantísimo dejarlo abierto resultó que no importaba en absoluto.
Y lo que sí importaba, lo que de verdad necesitaba hacer, lo sabía de memoria. Porque las tareas importantes no necesitan una pestaña abierta para recordarlas. Están ahí, en tu cabeza, gritándote.
Parece una tontería, pero cerrar pestañas es como vaciar una mesa llena de papeles. De repente ves la superficie. De repente hay espacio. Y cuando hay espacio, puedes poner algo encima y trabajar en ello sin que se pierda entre otras 49 cosas.
¿Y si mañana vuelvo a tener 50 pestañas?
Pues las cierras otra vez. No es un sistema perfecto. Es un reinicio. Y a veces necesitas reiniciar cada día. Pero es mejor reiniciar que seguir acumulando hasta que tu cerebro no puede ni empezar nada porque todo le parece demasiado.
No voy a decirte que esto sea normal ni anormal. Pero si tus 50 pestañas no son un día raro sino tu día a día, si tu forma habitual de trabajar es tener 15 cosas empezadas y ninguna terminada, eso podría tener una explicación que va más allá de la desorganización.
No diagnostico, no soy profesional de salud. Pero entender cómo funciona tu atención puede cambiarte la vida. Literal.
---
Si te has visto en este post y quieres saber por qué tu cerebro funciona así, tengo un test de 43 preguntas que te puede dar bastante claridad. Sin coste, sin diagnóstico, pero con información suficiente para saber si merece la pena investigar más. Hacer el test TDAH.
Sigue leyendo
GTD con TDAH: por qué Getting Things Done no funciona (y cómo adaptarlo)
GTD es genial en teoría. Pero con TDAH, capturar todo, procesar y revisar cada semana es ciencia ficción. Cómo adaptarlo para que funcione de verdad.
No termino ni los videojuegos que me encantan
Te gastas 60 euros en un juego que te flipa. Haces el 70% y lo dejas. No es el juego. Es que tu cerebro ya sacó lo que necesitaba.
Mi cerebro sabotea cualquier hábito nuevo en menos de una semana
Empiezas motivado. A los 3 días algo falla. A la semana ya lo dejaste. Tu cerebro tiene un patrón de sabotaje. Y tiene explicación.
No sé si estoy triste, enfadado o cansado: todo se mezcla
Sientes algo fuerte pero no sabes qué es. Tristeza, rabia, agotamiento: todo se mezcla en una bola que no sabes deshacer. No eres raro.